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Crítica de cine: Simplonería

Actualizado el 13 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

¿Es feminista? ¿Cómo diablos'?

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                         Sarah Jessica Parker de nuevo aparece en una comedia rosa con el actor Greg Kinnear, filme donde la cámara se regodea casi a una sola imagen, la de la citada actriz.  ROMALY PARA LA NACIÓNSentimental.
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Sarah Jessica Parker de nuevo aparece en una comedia rosa con el actor Greg Kinnear, filme donde la cámara se regodea casi a una sola imagen, la de la citada actriz. ROMALY PARA LA NACIÓNSentimental.

Me imagino que en Estados Unidos han hecho los estudios suficientes de mercadeo para hacer una película al estilo de ¿Cómo diablos le hace? (2011), filme dirigido por Douglas McGrath, a quien –pareciera– los productores le dieron una sola orden: haga esa cinta a imagen y semejanza de la actriz Sarah Jessica Parker.

Nunca he considerado que dicha actriz sea buena con su oficio y lo seguiré pensando hasta que me demuestre lo contrario. Peor ahora, acuartelada ella con este tipo de comedias medio feministas, que transitan entre la tele y el cine, sin diferencia nada más que en el tamaño de la pantalla.

En ¿Cómo diablos le hace? tenemos, como especie de argumento, la historia de una mujer que debe lidiar entre sus responsabilidades hogareñas o familiares y su trabajo, al que ella no renuncia por razón de su crecimiento personal como mujer en un medio codificado con términos masculinos.

En apariencia, es un tema bastante cercano a las ideas que le dan sustento al movimiento feminista (sea del tipo que sea, porque ideológicamente no hay un solo feminismo). Sin embargo, no vayan ustedes a creer que se trata de esas mujeres trabajadores que vemos dentro de lo real cotidiano, llenas de problemas vitales por resolver.

En este caso del filme tenemos la historia de una mujer muy bien acomodada social y económicamente, que igual no le falta un buen auto como el mejor marido (¡maridazo!), más un hijo y una hija nada problemáticos. En todo caso, si no ocupa el auto, transita en avión como puedo yo viajar en el bus de Sabana-Cementerio.

En su trabajo, tiene el jefe más lindo del mundo con su trato (Pierce Brosnan es el actor, quien parece un 007 galán, pero con metilfenidato o ritalina suficiente en el cuerpo). ¡Es tan comprensivo! El trabajo de ambos es hacer negocios y negocios para tener dinero y más dinero: es el objetivo de sus vidas.

Quiero contarles que el esposo de ella tiene, por ahí, sus enojos de celos, pequeños, pero los tiene. Esto es lo más intenso que sucede en esta comedia rosa. ¿Dije rosa? Creo que debiera decir sosa, más bien. Como marido aparece el buen actor Greg Kinnear, quien completa el triángulo de esta trama aburguesada.

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Eso no es lo malo del filme. Lo que no le va es su intrascendencia narrativa, donde el argumento se construye como especie de documental y vemos entrevistas que son rupturas fatales del mundo narrado, entrevistas a sujetos para ampliar el metraje propio de una película y no ser un capítulo de tele.

Sarah Jessica Parker se repite a sí misma: actúa solo con la mirada, mientras la cámara sigue y sigue con ella hasta el cansancio. Es ella y un montón de clichés, película donde todo está artificialmente entendido y sobran diálogos, música, personajes, encuadres, planos, secuencias y toda la película, sí, toda la película está de más: no pasa de ser un chunche.

El final feliz es harto empalagoso, qué digo, toda la cinta es empalagosa, mal diseñada, peor filmada, sin creatividad narrativa ni visual: sonrojante simplonería.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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