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Crítica de cine: Manos de piedra es Roberto Durán

Actualizado el 13 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

Una biografía interesante se quedó en puro nadadito de perro en todos sus aspectos

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Crítica de cine: Manos de piedra es Roberto Durán

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He aquí una película incapaz de narrarse bien a sí misma por culpa de sus propias debilidades y, sobre todo, por la superficialidad con que asume el relato sobre la vida del conocido boxeador panameño Roberto Manos de Piedra Durán, ícono del cuadrilátero en ese país.

Se titula Manos de Piedra (2016). Desde el principio, con sus tonos políticos en contra de Estados Unidos; luego, con el salto abrupto al diseño del personaje principal, a sus triunfos, su retiro y su regreso al boxeo; con todo, uno siente que se está ante un filme que abarca mucho, pero que aprieta poco.

Eso hace que estemos ante una película biográfica ( biopic ) emocionalmente hueca, cinematográficamente plana e ideológicamente insustancial: peor en el momento de la muerte del general Torrijos, gobernante panameño.

Es igualmente tímida cuando quiere sugerir la espiral de corrupción y de mezquindades que le da cuerpo al boxeo, poseído por la mafia.

Paso a paso, el filme pierde cualquier densidad vitamínica y queda como pompa de jabón. La culpa es de su guionista y director Jonathan Jakubowicz (venezolano).

Incluso, a sus escenas eróticas les sobra rigidez y les falta malicia: no tienen picardía, pese a las presencias físicas galanas de sus histriones, a saber: Édgar Ramírez (venezolano; como Roberto Durán) y Ana de Armas (cubana; como Felicidad Iglesias, la esposa del púgil).

Aparte de eso, las actuaciones de ambos dan grima: sus personajes parecen monigotes, o sea, no tienen aliento dramático. Por eso, la película presenta sus secuencias sin firmeza: es una historia mal narrada.

Boxeo y cine. Robert de Niro y Édgar Ramírez dan cuerpo a la vida de manos de Piedra Durán | ROMALY PARA LN
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Boxeo y cine. Robert de Niro y Édgar Ramírez dan cuerpo a la vida de manos de Piedra Durán | ROMALY PARA LN

Por culpa de las malas actuaciones mencionadas, Manos de piedra ni siquiera alcanza la sensación de obra importante. Sin embargo, sí hay algo que no se puede pasar por alto: el buen trabajo de Robert de Niro, lejos de sus ancestrales muecas y de sus tontos excesos faciales, bien acompañado esta vez por la actriz Ellen Barkin.

De verdad, es categórica la buena actuación del señor De Niro como el entrenador Ray Arcel (personaje importante). Por ahí aparece Rubén Blades, quien ni fu ni fa.

Lo superficial es lo que acaba con este filme y lo pone lejos de otros buenos trabajos en donde se han unido –con éxito– el boxeo con el cine. Aquí, ni siquiera la contradictoria relación entre Roberto Durán y Sugar Ray Leonard encuentra asidero alguno: más bien confunde.

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Hay situaciones que se resuelven con piloto automático, sin ninguna solidez ni entereza de parte del guion.

Las retrospecciones cansan, las peleas en el cuadrilátero se acercan a los tonos de un videoclip y, al final, uno queda como ante una de esas peleas de box donde ninguno de lo pugilistas quiso lanzar el primer golpe.

Manos de piedra , como filme, es paquete erosionado, cuyos movimientos de cámara no comunican sensaciones ni dan información exacta: película resuelta sin mayor interés y, por eso, nos resulta distanciada y difícil de recomendar.

Título original: Hands of Stone EE.UU, 2016.

Género: Biográfico

Dirección: Jonathan Jakubowicz

Elenco: Édgar Ramírez, Robert de Niro, Ana de Armas, Rubén Blades

Duración: 105 minutos

Calificación: DOS ESTRELLAS de cinco posibles.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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