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Crítica de Cine: En trance

Actualizado el 05 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Perder la memoria Psicología y suspenso

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Crítica de Cine: En trance

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                         La banda de criminales es la médula del filme.  Discine para LN.Ladrones.
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La banda de criminales es la médula del filme. Discine para LN.Ladrones.

El conocido director inglés Danny Boyle regresa con una película interesante, sin que sea la mejor de las suyas, donde demuestra su capacidad de realizador para sobreponerse a un guion poco convincente, con incoherencias fáciles de percibir y no tan vehemente, pero que, en manos de Boyle, logra ser un filme de logrado suspenso psicológico.

Con el título de En trance (2013), esta cinta se exhibe en pocos cines del país y nos ha llegado de manera bastante callada. Relata la historia de Simon (bien encarnado por James McAvoy), asistente de una casa de subastas, quien se asocia con una banda criminal para robar una pintura de Goya que vale millones de libras esterlinas. Es un robo extraño.

Luego de recibir un golpe en la cabeza durante el atraco, al despertarse, resulta que Simon no recuerda dónde escondió la pintura, por lo que el jefe de la banda recurre a la hipnoterapia para encontrar el dato en la psique de Simon. A medida que esto sucede, un verdadero baile de demonios salta desde la hipnosis, que se ve permeada de deseos ocultos, venganzas, lujuria erótica y “artículos” semejantes.

Está dicho: las fallas de esta película andan por el guion, pero Boyle echa mano a su don de buen realizador para darnos una puesta en imágenes realmente impactante y, desde ahí, otorgarle un ritmo tenso a la trama. Con manifiesto buen trabajo de los actores, se monta una especie de charada o jeroglífico donde lo real se mezcla constantemente con lo onírico o surreal.

Como espectadores, la certeza de los acontecimientos se nos escapa a cada momento, mientras Boyle se muestra prolífico con imágenes que hasta pueden confundir, pero sin perder el hilo de la trama. Hay secuencias realmente neurálgicas e, incluso, algunas pretenden ser la expresión más actual del desnudo femenino que Goya trajo al arte con su maja desnuda.

La música es vibrante, según se esté o no en los recovecos mentales de Simon, en secuencias de acción, en la intimidad del erotismo o en el suspenso propiamente dicho. La fotografía también sabe responder con audacia a la mayor temeridad visual de Boyle, como se la conocemos desde su exitoso y buen filme titulado Trainspotting (1994). Alguien dijo que esta película es una especie de trabalenguas visual. Es cierto, y es lo más disfrutable dentro de los tonos del suspenso cruel que se manifiesta en el relato (no hay duda que Boyle es buen narrador).

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La cinta tiene algunos momentos sanguinolentos, al estilo del cine gore , pero ayudan poco a mantener el real estado de ánimo de En trance . Lo peor es que esas secuencias no se justifican, ni siquiera en términos de la violencia interna propia de los sucesos o acontecimientos. Aún así, con las deficiencias anotadas, con algunos asuntos dejados al aire, En trance es filme que merece ser visto y sirve para demostrar cómo un director puede obtener algo mejor de lo que el guion le ofrece (el libreto es de Joe Ahearne y John Hodge). Es refrito (remake) de un programa de la televisión inglesa. Ahora, en pantalla grande, queda a la huella de sus ojos.

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William Venegas

Crítico de cine y teatro

Filólogo y educador. También estudió Teatro, Estética, Historia del Arte, Filosofía del Arte y Semiótica para hacer lo que quería: crítico de cine y teatro. Fue profesor de Literatura y Apreciación Cinematográfica en la UNA. Escribe para La Nación desde 1991.

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