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Tres décadas en el cine

Arnold Schwarzenegger siempre vuelve

Actualizado el 05 de julio de 2015 a las 12:00 am

El exgobernador de California vivió muchas vidas a los 67 años. Un ‘hasta la vista, baby’ no entra aún en sus planes de corto plazo. Regresa al cine como el robot que lo fijó en la imaginación de la cultura pop.

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Terminator (1984) (You tube)

Arnold Schwarzenegger ingresó al mundo del cine por una sola razón: ese cuerpo tarzanesco.

Lo que los jefes de los estudios querían del actor, nacido en Austria, era que mostrara en la pantalla el fisico que le hizo ganar cinco veces el concurso Míster Olympia. Punto.

Por ese motivo, en Conan, el bárbaro (1982) su mejor línea era mostrar los pectorales delineados (y eso que la cinta comenzaba con una cita de Nietzhe. Un lujo).

Luego, Arnold Schwarzenegger, de nuevo con el cuerpo como argumento principal, no tuvo problemas en salir desnudo en Terminator (1984); aunque de sus intimidades solo se vieron las nalgas al viento.

Como en Conan , sus diálogos en el guion eran escasos: apenas 133 palabras con su marcado acento; sin embargo...

Los caminos del cine son insondables: la película de James Cameron tenía una historia bien contada, a pesar de que el musculoso actor apenas hablaba; sin embargo, cuando lo hizo, dejó dos frases célebres, fácilmente recordadas (y citadas): “ I’ll be back ” y “Hasta la vista, baby”.

Desde entonces, él es Terminator, un robot implacable que vino del futuro a matar a la madre de quien sería el líder de los humanos rebelados contra la opresión de las máquinas.

Él es Terminator. Lo es de una forma tal, que cuando llegó a la gobernación de California, se convirtió en el gobernator.

Fue el papel del T-800 el que le dio su lugar a Arnold Schwarzenegger en la historia de la industria del sétimo arte y un nicho merecido en la cultura pop .

Le dio vida dos veces más al Terminator –en ambas, del lado bueno– , es la implacable máquina de la película original con la que es identificado: basta la expresión de pánico de Sarah Connor (Linda Hamilton), en la cinta de 1991, para comprobarlo.

Resistencia. Aquel modelo del filme de 1984 era casi, casi indestructible.

No había forma de vencerlo –y eso que se deshacía “de a poquitos”– y solo se detuvo cuando una máquina lo aplastó (ironías de la vida en el cine).

El actor Arnold Schwarzenegger, al menos, tiene un poco más de capacidad de sobrevivencia que aquella implacable máquina de destrucción.

Un escándalo de infidelidad –con un paternidad oculta por años– le sacó los “chuicas sucios” al sol, destruyó su matrimonio de 25 años con Mari Schriver –del clan Kennedy, la realeza de los Estados Unidos– y fue “carne de cañón” de la prensa rosa de tinta roja y presa de los cotilleos 2.0 en las redes sociales.

En otras palabras, también fue hecho papilla como su T-800.

Cuatro años después, ya sacó la cabeza de la vorágine (ahora admite que su divorcio fue su mayor error) y regresa, una vez más, como Terminator.

“Soy viejo, no obsoleto” es otra de esas frases cortitas, pero buenas, de Arnold Schwarzenegger (pronunciada en una de las sagas del célebre cyborg ), que le da pie para hablar de su regreso.

“Me mantengo en forma, pero es evidente que he envejecido y que Terminator también”, reconoció sin tapujos en una de las tantas ruedas de prensa a propósito de la nueva entrega de la saga futurista.

Arnold Schwarzenegger tenía que regresar al papel que parece hecho para él desde el principio de los tiempos.

No importa el consejo del rockero Miguel Ríos: siempre es mejor regresar a los lugares en los que uno fue feliz.

De aquí y allá. Empresario restaurantero –en la vida real–, espía del futuro y de comedia; guardaespaldas de niños de kinder; gemelo de Danny de Vito; un padre devoto en busca de un regalo; un alguacil... Ha hecho tanto, que hasta tuvo el tupé de ponerle una bala en la cabeza a Sharon Stone.

Arnold Schwarzenegger fue capaz de embarazarse y de reírse de las películas de acción de los años 80 de las que él fue parte.

Se sobrepuso al villano más desabrido jamás visto en la pantalla (Dr. Freeze, en Batman y Robin ); pero, sobre todo, supo sobreponerse a su marcado acento austríaco y a un apellido larguísimo, difícil de escribir dos veces seguidas de la misma forma.

“No cambiaría nada de mi vida. He cometido errores, profesionales y privados, pero cada uno de ellos forma parte de mi propia máquina del tiempo”, afirmó a inicios de este mes.

Arnold Schwarzenegger y Terminator volvieron... Es como si nunca se hubiesen ido.

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