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El artista costarricense trabaja en una futura exposición de dibujos

Las líneas maestras de Eugenio Murillo

Actualizado el 18 de enero de 2015 a las 12:00 am

Uno de los grandes dibujantes de Costa Rica

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Las líneas maestras de Eugenio Murillo

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El artista Eugenio Murillo aparece en su casa, frente a dos de sus cuadros.

Víctor Hurtado Oviedo

vhurtado@nacion.com

Eugenio Murillo va por el buen camino, y hace bien ya que por el buen camino se llega antes pues allí casi no hay nadie. En los fines de semana, el artista sale de caminata por los campos, que nunca se han habituado a la ciudad. En los otros días, en las otras noches, Murillo camina por ciudades peligrosas que él construye sobre el plano inocente de un papel.

–Sumamente peligrosas –resalta Eugenio mientras señala una de sus Reinas de la noche: Luto de asfalto, un dibujo policromo que expuso en el 2011 y en el que una mujer –o un travestista– yace lanzando sangre junto a los tacones curiosos de sus colegas.

Reinas de la noche fue una serie de graphóleos exhibidos en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, y una de las obras, ¡Hola, soledad! –una mujer junto a un poste– revela otra pasión de Murillo: la música; en ella, el bolero.

Expresión urbana. Eugenio Murillo Fuentes (1958) es un creador incansable e inalcanzable en el dibujo, y un maestro universitario que orientó a generaciones de estudiantes de la Universidad de Costa Rica a subir el plano inclinado de la mesa de dibujo. “Yo llamo dibujo a todo lo que hago”, dice Eugenio ante una ventana de un segundo piso, cuyo vidrio torna la calle en una cristalería de colores.

Murillo alista trabajos destinados Soledad urbana, una exposición que abrirá en octubre en el Museo Juan Santamaría. Eugenio retrata la ruidosa soledad de las ciudades, ventanas que “vomitan” (palabra del artista) medios cuerpos, pistas decoradas con momias cual sardinas prisioneras del asfalto, grúas-horcas de las que cuelgan los frutos del suicidio...

Murillo está más expresionista que nunca, y él nos confiesa que el expresionismo alemán –del país que él tanto ama– lo ha dominado con sus gritos silenciosos de los años veinte. Hombre-método, Murillo confiesa que, en los presentes dibujos, emplea la línea recta y la regla por primera vez en su trayectoria de artista.

–Usar la regla es casi una apostasía en el dibujo. En el dibujo ya todo está inventado, pero yo hago mis propios revoltijos –ironiza Eugenio y alude a obras anteriores, en las que su mano iba como sobre ruedas: moviendo solo la muñeca, haciendo círculos con lápices, mareándose con giros minuciosos, que resultaban dando fondos de colores.

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Obra en proceso todavía sin título, parte de la serie "Soledad urbana", que se exhibirá en octubre del 2015.
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Obra en proceso todavía sin título, parte de la serie "Soledad urbana", que se exhibirá en octubre del 2015.

Sin embargo, en dibujos anteriores, el artista trazó curvas asiendo los lápices y girando todo el brazo sobre el papel, como un molino de viento que sopla el blanco para sembrarnos los colores. “El color no debe distraernos del dibujo”, confiesa el artista.

Secretos del taller. ¿Qué es el arte, artista? “Es un medio de comunicación que usan ciertos individuos dotados de sensibilidad y habilidades particulares, por lo general innatas. Con ellas expresan sentimientos, ideas y reflexiones ante la sociedad, desde perspectivas y formas no tradicionales”, responde Murillo. ¿Hay algo más importante que el arte para usted?: “La naturaleza”.

Eugenio Murillo primero escribe las ideas que pueden originar dibujos; luego, en casa, hace bocetos en papel de reciclaje; más tarde los pasa a un papel translúcido que pone sobre una cartulina Fabriano, más gruesa, y calca el dibujo original. Sobre el Fabriano trabaja con crayones industriales.

A continuación, Murillo traza líneas con puntas de metal que se hunden en la cartulina, y son surcos que no invaden los colores y dan un aspecto de “negativo” a ciertas partes de la obra.

Luego, Eugenio va tomando lápices de artista, que esparcen colores. Más tarde, pone capas de grafito; luego, más colores... Todo resulta un esfuerzo largo, de monje iluminista.

De aquí y de allá. Las paredes de la casa retienen dos cuadros provenientes de la exhibiciónLa puerta (Galería Nacional, 2009), cuyo nombre evoca el Muro de Berlín. “Hoy, la puerta de Brandeburgo nos sigue recordando esa pared que dividió por años a un mismo pueblo, enajenándolo. Ya el Muro no está, pero su huella sigue y seguirá allí, y la puerta siempre nos la recordará”, dice el artista.

Eugenio Murillo confiesa una especial cercanía a Alemania. En 1994, él logró una maestría académica en la Escuela Superior de Diseño de Offenbach-Meno como becario del Servicio Alemán de Intercambio Académico. En el 2002, en Berlín, Murillo participó de la exposición internacional United Buddy Bears-Círculo de la Tolerancia.

En el 2008, en el Museo Calderón Guardia, Murillo brindó otra exposición: Las líneas de la vida, en la que una sucesión de dibujos de manos nos llevaba por la infancia, la adolescencia, la adultez y la ancianidad.Eugenio fue un quiromántico que interpretó las líneas que dibujaron los años.

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“Presenté esa muestra cuando cumplí cincuenta años. Todas las obras eran autobiográficas: algunas, fotografías a diversas edades; otras, dibujos plenos de símbolos: caminantes, aviones, calles...”, explica Murillo, quien también ha destacado como fotógrafo. En 1998 obtuvo el segundo premio en un certamen de fotografía organizado por la revista alemana Letter .

Arte a la vista. Murillo ha participado de 24 exhibiciones colectivas y ha brindado 23 individuales. En el 2007 recibió el Premio Nacional de Cultura Aquileo Echeverría por su muestra Ideales de seducción.

Otra faz de este poliédrico creador ha sido la enseñanza: de 1988 a 2011 fue catedrático de diseño, diseño gráfico, dibujo e investigación en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Costa Rica; se jubiló en el 2011. Durante este lapso dirigió 35 proyectos finales de graduación.

–¿Animaría o desanimaría a un joven que quisiera ser artista plástico?

–Antes que animarlo o desanimarlo, procuraría que descubra si su interés es propio y verdadero. De ser el caso, la motivación se dará por sí sola.

Sobre las acogedoras paredes de la casa del artista penden obras de Francisco Amighetti, José Luis López Escarré, Héctor Burke, Alberto Murillo Herrera, Salomón Chaves y Ólger Arias , y una acuarela de un ave creada por Emanuel Rodríguez: “Fue alumno mío: me encanta su pintura”, anota Eugenio.

Dudas y certezas. ¿Cómo sería una sociedad sin artes?: “No sería”, contesta Murillo y luego rememora a otros creadores:

–Recuerdo un curso de dibujo de López Escarré, por la libertad que nos daba. Aprecio mucho el trabajo de Juan Manuel Sánchez: fino y armonioso, tanto en obra independiente como en ilustración de libros. Me encanta Teodorico Quirós: es nuestro iluminista, nuestro Joaquín Sorolla...

¿Qué es el dibujo?: “El dibujo es la base, el inicio, pero en Costa Rica no se lo ha hecho mucho. Se lo cree un paso hacia una obra final: pintura, escultura, arquitectura... Se lo ve como una disciplina menor, pero yo hago dibujo porque intento reivindicarlo”.

En el 2001, Murillo logró una graduación de honor en la Maestría Profesional en Literatura de la UCR con el proyecto teórico Anancy, el rescate de una tradición . ¿Por qué deberían los artistas interesarse en otros campos de la cultura?

–Cuanto más amplia sea la comprensión que se tenga del mundo y del ser humano, tanto mayor será la capacidad del artista para expresar, para reflexionar, cuestionar y comunicar.

¿Cómo supo que su destino sería el arte?: “Todavía no estoy seguro de saberlo: vivo en permanente cuestionamiento”, contesta Eugenio Murillo. Sobre él tiene esta duda que nadie tiene ya sobre él: Eugenio Murillo, gran artista.

....

Una mano diestra

“La relevancia del trabajo de Eugenio Murillo radica en la valoración de la gráfica, expresada a través de los diversos elementos de su obra artística: la estilización misma que recurre a planos, geometrías y transparencias de gran limpieza; los materiales propios de un dibujo técnico, pero aplicados por una mano diestra, suelta y juguetona; el pliego de papel, como recién salido del molino, con sus bordes irregulares, visibles para deleite del observador; y, por supuesto, el uso de esa deliciosa austeridad que contrasta con sus temáticas eróticas, tabú de nuestra sociedad”.

Eugenia Picado Maykall, fotógrafa y profesora de diseño gráfico en la Universidad de Costa Rica.

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