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abierta en la Antigua Aduana del 22 al 31 de agosto

Feria del Libro con mucha gente pero pocas sorpresas

Actualizado el 25 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Hay variedad de obras y de precios, aunque es necesario buscar y preguntar

El país invitado, Estados Unidos, decepcionó por no ofrecer libros

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Isaac Arias, de 6 años, disfruta de su nuevo libro en 3D. El es quizá uno de los visitantes más jóvenes de la Feria Internacional del Libro que se celebra en la Antigua Aduana | GESLINE ANRANGO.

A la Feria Internacional del Libro (FIL) 2014 no le hicieron falta visitantes, por lo menos durante su primer fin de semana. Sí carece de pocas sorpresas, aunque se nota el esfuerzo de algunas editoriales y librerías en innovar en ofertas, contenido y variedad.

La buena asistencia, ¿es por la entrada gratuita?, ¿porque hay libros para todas las almas?, ¿o por un repentino interés de los ticos en la literatura?

Podrían ser todas las anteriores. Lo cierto es que durante el sábado y el domingo, la Antigua Aduana fue tomada por un ejército de hormigas en busca azúcar, que se amontonaban en los pasillos y locales de librerías y editoriales.

Tampoco le faltó variedad. Si se parte del hecho de que la literatura no tiene un público, sino múltiples públicos, la FIL 2014 tiene un bocado para cada paladar, pero hay que tomarse el tiempo para buscarlo.

Si su patín es la autoayuda y la superación personal, el puesto de Alquimia le ofrece libros para “transformar, cuerpo, mente y espíritu”, mientras que para los adictos al arte, la arquitectura y la fotografía tienen un estand de la editorial Taschen a su disposición.

A quienes los libros los conectan con Dios, pueden imitar a dos señoras que revolcaron, de arriba a abajo, una canasta en la Librería San Pablo, para buscar la biografía del santo de su devoción, por solo ¢500.

Las letras con sello tico, ya sea literatura pura o investigaciones académicas en disciplinas específicas, tienen alta demanda. Las filas en la Librería de la Universidad de Costa Rica son prueba de ello. La literatura infantil trae más de lo mismo, excepto por algunas propuestas innovadoras como la editorial La Jirafa y Yo, con obras de alta calidad gráfica y un contenido didáctico bien dirigido.

Los puestos “todo a ¢1.000” son pocos, pero ahí puede hallar libros que prometen resolverle la vida: Salud, dinero y amor, ¿la llave de la felicidad ?, ¿Cómo destruir una empresa en 12 meses o antes?No vaya desnudo a su próxima presentación, y títulos similares.

La experiencia del recorrido es tan predecible como en años anteriores y el diseño de los estands es soso y propenso a la acumulación de chunches. Aquí la excepción es el de la Librería Lehmann : un gran cubo transparente, que da un guiño de sus novedades en vitrinas al estilo de los grandes ventanales de una tienda. Además del puesto principal con títulos y precios muy variados, la Lehmann complació este año a quienes buscan obras en disciplinas de humanidades y ciencias naturales con un puesto exclusivo de Ediciones Akal. Esta editorial refuerza la oferta que hacen en esas áreas temáticas el Fondo de Cultura Económica y Conaculta .

Comprar en las librerías grandes , como la Internacional y la Lehmann, era misión no recomendada para agorafóbicos. En ambos locales era difícil apreciar los libros debido a la cantidad de personas que entraban, veían, preguntaban y, lo más importante, compraban.

“Siempre vengo aquí porque el espacio es acogedor, hay buenos descuentos y hay libros para todo el mundo”, opinó Jenny Ruiz, al salir de la Internacional.

Sin embargo, otra clienta se fue molesta porque no la dejaron guardar sus libros recién comprados en una bolsa de tela que cargaba.

Por otro lado, el homenaje al recién fallecido hombre de letras, Alberto Cañas, se limitó a un salón con su nombre destinado a presentaciones de libros y a unos cojines con frases suyas impresas, que se utilizaron en el mobiliario de la Casa del Cuño.

En el espacio denominado la Casa del Cuño se exhiben las propuestas de las editoriales independientes. | GESLINE ANRANGO.
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En el espacio denominado la Casa del Cuño se exhiben las propuestas de las editoriales independientes. | GESLINE ANRANGO.

El Tío Sam: la gran decepción. Jeffrey Vega se levantó temprano el domingo para ir a la feria y evitar los tumultos de la tarde. La idea de conseguir una edición especial de alguna obra de Ernest Hemingway –ojalá la colección completa– le emocionó desde que se anunció que Estados Unidos era el país invitado. “Iba por Hemingway, pero si me topaba a (William) Faulkner, a (Walt)Whitman, a (Philip) Roth igual me los llevaba”, dijo el joven.

Aparte de un puesto de refrescos Snapple y una señora muy amable que le dio información sobre oportunidades de estudio en Estados Unidos, Vega no encontró lo que buscaba.

“ Por lo que pude revisar en la página web de la feria, me parece que tampoco trajeron a ningún escritor de peso. La lista era de puros señores retirados que viven aquí y escriben”, expresó una muchacha, que solo se identificó como Adriana.

Los únicos libros disponibles en el puesto del país invitado llenaban un pequeño estante y eran donaciones hechas por los mismos visitantes, con el fin de que otro usuario pudiera llevarse uno.

El espacio que sacó pecho en la Feria del Libro fue la Casa del Cuño, que se convirtió en el recinto de las editoriales independientes. A diferencia de la nave central de la Antigua Aduana, este espacio sí despliega una propuesta innovadora, en cuanto a forma y contenido.

La Feria del Libro 204 continúa hasta el 31 de agosto y recuerde que su sede es la Antigua Aduana.

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