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Barrios bohemios de Brasil refugiaron a los turistas en las sedes del Mundial

Actualizado el 11 de julio de 2014 a las 09:32 pm

Además de los festivales, los bares y restaurantes pasaron a ser puntos de encuentro en todas las 12 sedes mundialistas

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Miles de fanáticos asistieron al FIFA Fan Fest en Rio de Janeiro, el pasado 8 de julio, día en que jugaban la semifinal Brasil y Alemania. (AFP)

Sao Paulo

La diversión y la bohemia se tomaron los corazones de los hinchas de las 32 selecciones que participaron del Mundial de Brasil 2014, que finaliza el domingo en Río de Janeiro, en un país colorido por miles de turistas que se reunieron en una intensa fiesta de idiomas, costumbres y acentos.

Vila Madalena, un tradicional y bohemio barrio de Sao Paulo, se volvió el corazón del mundo en todos los días del Mundial, dijo Antonio Silva, quien viajó desde el interior paulista para la capital regional con sus hijas para disfrutar el ambiente de Copa en el mayor centro financiero de América Latina.

Además de Vila Madalena, bares y restaurantes pasaron a ser puntos de encuentro en todas las 12 sedes mundialistas.

En Río de Janeiro, los arcos y las escalas de Lapa, puntos turísticos que todos los días atraen extranjeros, tuvieron un mayor número de visitantes en el Mundial.

Lapa, además del estadio Maracaná y la FanFest de las playas de Copacabana, se transformó en el punto más bohemio de la capital carioca.

Por Copacabana pasaron siempre miles de turistas para celebrar la victoria o sentir la derrota de sus equipos.

"No conseguí ir a ver los partidos, pero llegar a Río de Janeiro y sentir el clima de mundo reunido para beber, reír y conocer nuevas personas que pueden tornarse grandes amigos", dijo la brasileña Débora Vasconcelos, que vive en Washington y vino a "participar de la Copa en Río".

Una brasileña baila durante el FanFest en Copacabana, Río de Janeiro, este viernes.
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Una brasileña baila durante el FanFest en Copacabana, Río de Janeiro, este viernes. (AP)

Para ella, otras playas, como Ipanema o Leblón, fueron tomados por el samba y por el "carnaval fuera de época".

En la otra punta del mapa brasileño, Salvador, la capital de Bahía, se concentraron principalmente alemanes, ghaneses y suizos, que también acompañaban a las selecciones que decidieron hospedarse en otros municipios de la región.

Pelourinho, además de centro histórico, vivió su fiesta de día y de noche con los tradicionales tambores de Olodum, contó Elisa Goes, que vive en esa ciudad.

También en Salvador, la mezcla de ritmos y sabores se tomó el barrio Río Vermelho, considerado el corazón de la vida nocturna y epicentro de la música y la gastronomía regional, con el típico acarajé.

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Otra capital preferida por los extranjeros fue Recife, en el nororiental Pernambuco, donde muchos mexicanos llegaron en cruceros y vivieron el ritmo del frevo, con sus danzas callejeras, las comparsas carnavalescas y los bares de diferentes estilos del centro histórico de la ciudad.

"El lugar más rumbero durante el Mundial fue el Carvalheira, con espectáculos antes y después de los partidos, además de la FanFest", relató Thiago Salvador, que fue a todos los partidos en Recife.

Las pantallas gigantes y los espectáculos musicales se tomaron el centro histórico de Porto Alegre y Manaos, que presentó fuera de época su tradicional fiesta típica de Parintins, mientras que Brasilia y Cuiabá, sin mucha tradición bohemia, se anotaron un punto alto para la diversión de los turistas.

En Belo Horizonte, que hospedó a la selección de Argentina, los barrios de Lagoinha, Santa Tereza y, principalmente, Savassi, con su gran cantidad de bares y restaurantes, los turistas extranjeros superaron muchas veces en número a los brasileños.

Además de bares y restaurantes que acogieron a los turistas, los vendedores ambulantes lamentan la partida de los extranjeros, que con la despedida de cada selección que salía eliminada abandonaban las sedes.

"Vamos a sentir la falta de los argentinos", dijo Robson Souza, dueño de una camioneta adaptada para vender sandwiches en el estadio Arena Corinthians de Sao Paulo y que con la presencia de los hinchas de Argentina, tuvo que incluir en el menú el tradicional choripán (pan con chorizo).

Pero no todos los vendedores tuvieron la misma suerte. En los alrededores del estadio de Sao Paulo y en la tradicional calle 25 de Março, el mayor centro de comercio abierto en Suramérica, los artículos alusivos a la selección brasileña dejaron de ser comprados después de la derrota ante Alemania en la semifinal.

"Será guardar las banderas, camisetas, gorras y cornetas para 2018", lamentó la vendedora Jesuina dos Santos.

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