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El islam en la tierra del gallo pinto

Actualizado el 01 de febrero de 2015 a las 12:01 am

Una de las tres grandes religiones monoteístas del mundo cuenta con una pequeña comunidad en Costa Rica. Esta es una aproximación a sus experiencias en el país

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El islam en la tierra del gallo pinto

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La comunidad musulmana de Costa Rica (Adrián Soto H)

Hace unos años, Hosam Said se tomó la pregunta de una vecina de su futura esposa con sentido del humor. Lo hizo de esa manera porque sintió que no existía maldad, solo desconocimiento con respecto al islam, su religión.

“(La vecina) cuando supo que soy árabe musulmán me preguntó: ‘¿Usted es de los buenos o de los malos?’.

“Me acuerdo de esa ocasión, que puedo llamar divertida, porque viene de la ignorancia”, comentó Said, egipcio de nacimiento y costarricense por naturalización.

Esa es la única oportunidad que él puede llamar “rechazo” por ser musulmán.

Dice que le explicó a la mujer lo que es el islam, lo que es ser musulmán y que ella entendió. Cero conflicto.

Sin embargo, aquella pregunta sí encierra uno de los prejuicios más recurrentes –no solo en el país– contra el islam: que es una religión que promueve la violencia.

“El islam es una religión de paz. Así como me molestan los prejuicios contra el islam, también me molesta que usen el islam para la violencia”, afirmó Roberto Calderón, quien tiene 23 años de estudiarlo y desde hace uno proclamó que es musulmán.

Calderón es uno los 100 costarricenses que, según el médico jubilado Abdulfatah Sasa, se convirtieron al islam.

Calcula que, en total, la comunidad musulmana en Costa Rica llega a unas 1.500 personas. El cálculo es “al vuelo” porque asegura que la comunidad no es tan unida, ya que cada quien vive su vida y, de acuerdo con sus circunstancias, “vienen”.

Ese “vienen” que menciona el doctor Sasa –como le dicen todos quienes lo tratan– es asistir a la mezquita localizada en Calle Blancos para el rezo del viernes.

“Pasa como con los católicos: no todos van a misa. El rezo del viernes es obligatorio para todo musulmán. La mayoría no viene”, explicó.

La Mezquita de Omar abrió sus puertas en el 2002. Ahí mismo funciona el Centro Cultural Musulmán.

Este abre los sábados por la tarde para estudios de la cultura árabe y del Corán , el libro sagrado del islam.

En Tiquicia

De origen palestino, Sasa cuenta con poco más de 40 años de vivir acá, tiene cédula tica, está casado con una costarricense y sus nietos son nacidos en el país.

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Como la voz que clama en el desierto, este obstetra asumió la misión de correr el velo de la ignorancia acerca del islam y de la desinformación que, dice, existe en los medios de comunicación.

Enfatiza en la palabra “ignorancia” para dejar en claro un punto de vista: “Nunca he visto rechazo. Trabajé en Liberia, Golfito, Cartago, en el San Juan de Dios como por 25 años. Yo saqué muchos niños costarricenses como gineco- obstetra que soy.

“A mí me han parado en la calle para decirme cosas así: ‘Esta es la muchacha que usted sacó del vientre mío’. Nunca un rechazo; ignorancia, sí”, aseveró.

Con todos sus años de vivir en el país y ambos naturalizados, Sasa y Said coinciden en que el costarricense es una persona hospitalaria.

“¿Sabe por qué? Por no tener guerras ni ejército no tienen odios en el corazón. Eso es una de las cosas que me hizo hacerme costarricense. Egipto y Costa Rica son mis países”, afirma Hosan Said, de manera rotunda. Él tiene 14 años de vivir acá.

Una explicación similar ofrece el sheik Omar, guía espiritual de la mezquita tica. Él es egipcio de nacimiento y también tiene cédula de identidad de Cosa Rica.

“Hermano, gracias a Dios, Egipto y Costa Rica se parecen. Hasta en los rasgos físicos. Además, está en la sangre y la de los costarricenses es sangre de paz. Este país, hermano, tiene libertad”, comentó el sheik Omar, quien tiene cuatro hijos.

Dos son ticos y dos son panameños, ya que ejerció su ministerio en el vecino país del sur.

“Mis niños van a la escuela acá y nunca han tenido un problema”, añadió.

Un detalle: si al doctor Sasa se le sale con frecuencia un diay , el sheik Omar sabe dar perfectamente una dirección –en este caso, la de su mezquita– a “a la tica”, es decir, con los inconfundibles puntos de referencia.

El rezo colectivo del viernes se realiza en la mezquita en Calle Blancos, la única que existe en el país.  Melissa Fernández
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El rezo colectivo del viernes se realiza en la mezquita en Calle Blancos, la única que existe en el país. Melissa Fernández

Conversión

¿Por qué un costarricense de nacimiento, criado en país cuya religión oficial es la católica, apostólica y romana, decide abrazar el islam?

El doctor Sasa dice que esa es una pregunta que él no puede contestar, porque él nació musulmán y morirá musulmán.

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Dice que esa interrogante solo la puede responder alguien de este país; aunque sí advierte un crecimiento en el interés de los costarricenses en conocer esta religión.

Es el caso de Thais Solano Bolaños, enfermera de profesión y desde hace un año musulmana por convicción.

Cuenta que llegó los sábados por curiosidad, con muchas preguntas.

Recuerda que al profundizar en los estudios islámicos descubrió muchas respuestas que la dejaron satisfecha en sus inquietudes espirituales..., y ahí está.

Convertirse al islam no fue algo que le ocurrió así porque así. Debió estudiar.

“Fue todo un proceso, no se trata de algo emotivo, que uno dice: ‘¡Qué lindo hacerse musulmán’.

“Cuando le dije al doctor Sasa y al sheik Omar que deseaba ser musulmana, ellos me recomendaron estudiar más, porque una de las obligaciones del musulmán es adquirir conocimiento”, afirma Solano.

Ella asegura que nunca ha sentido un rechazo de parte de nadie, ya sea de alguien cercano o ajeno a su entorno.

Por ejemplo, sus pacientes le preguntan porque usa un velo y ella les explica.

“Mi aspecto denota que soy musulmana. En mi familia tampoco tuve problemas”, apunta.

Solano agrega que ella encontró la religión verdadera y que su creencia no es algo que solo practique los sábados y domingos.

“Es un estilo de vida desde el amanecer, cuando me levanto para mi primera oración. Encontré la religión verdadera, para mí”.

Andrea Salazar es otra tica que decidió abrazar el islam. Aunque al principio se sentía incómoda porque la volvían a ver raro.

Ya no siente esa sensación, porque está, asegura, profundamente convencida de su opción religiosa; sin embargo, nunca falta un “domingo siete”.

“No me han dicho nada feo, pero uno siente ciertas miradas como diciendo: ‘Ahí va la terrorista’. En el bus de mi casa, a veces, me ven y se sientan en otro lado.

“Lo que me duele es que me juzgan a mí y a mi gente, a mis hermanos. Los que han hecho actos terroristas no son verdaderos musulmanes: el verdadero musulmán se rige y camina por lo que manda el Corán ”, añade.

Andrea Salazar llegó al islam por una inquietud intelectual: era líder de una importante iglesia evangélica del país y sintió que una parte de su deber era entenderlo para poder comentarlo en su congregación.

Sin embargo, como ella misma dice, nunca pudo adivinar el giro que iba a dar ese acercamiento.

A diferencia de otros conversos, su decisión de adoptar el islam fue severamente reprochada por sus compañeros de iglesia.

“Me dijeron que si estaba loca. Los que se llamaban amigos me dieron la espalda, me decían que si estaba loca, que iba para un lugar en el que me iban a maltratar y ver para el piso”.

Su familia, de mayoría católica, respeta su decisión, que ya tiene un año y medio de haber sido tomada.

A Roberto Calderón le pasa que lo confunden con un judío, por la barba y por el pequeño sombrerito blanco (kufi ). Entonces, él les cuenta que es musulmán.

“No sentí un rechazo..., aunque alguna vez que anduve el kufi hubo gente que anduvo hablando”, recordó.

“También en el bus he escuchado algunos comentarios estereotipados”, se lamenta.., pero se mantiene en paz cuando los escucha.

Calderón comparte la idea de que en el país existe desconocimiento acerca de su religión; por lo tanto, aquellas son las oportunidades que aprovecha para explicar el islam.

Para esto le ayuda ser profesor: enseña Español en el Liceo de Alajuelita.

“Lo que sucede es que, a veces, a los musulmanes no nos interesa andar diciendo que uno es musulmán. El islam no es lo que muestran los medios de comunicación: por unos extremistas no se puede juzgar una religión.

“Hay que saber el trasfondo, si iban a la mezquita, si eran practicantes. El islam es una religión de paz”.

De los ticos de nacimiento entrevistados, Roberto es quien tiene más tiempo de estudiar el islam: 23 años.

El pasado sábado 24, durante la sesión de estudio del Corán , Calderón fue el encargado de leer varios de los versículos seleccionados.

“La concepción de Dios como absoluto, al único que le debo rendir cuentas, me llena de paz”, dice al explicar el porqué adoptó el islam hace dos años.

Añade Calderón: “Si el islam no te llena de paz y amor no está funcionando”.

Voluntad

Hosan Said pone el punto sobre la i en un tema delicado: aceptar el islam.

Esta conversión no puede ser obligatoria porque, entonces, no sería una relación libre con Dios.

Casado con una costarricense católica, Hosan Said encuentra en el matrimonio el ejemplo adecuado para este punto.

“El musulmán se puede mezclar con cualquier religión que adora a Dios, el único, el verdadero; pero debe haber un acuerdo claro para que el asunto funcione. La obligación de uno es explicar el islam y las diferencias.

“Uno no puede obligar a su novia o a adoptar el islam para casarse, porque el islam es algo espiritual y si se obliga, ya se perdió la esencia. Los hijos sí deben ser musulmanes”, agregó.

El doctor Sasa apuntó que ellos no son misioneros, que no andan en la tarea de convertir a nadie al islam. “No entra en nuestra cabeza. (Con el Centro) lo único era enseñar el islam a los no musulmanes”, sentenció.

Sí dice que cada vez que se desatan ataques contra el islam –sobre todo en medios de comunicación– ve que llegan más personas interesadas en conocer esa religión.

“Muchos han venido a ver qué es el islam, sacamos el video de La Meca y explicamos cómo es el rezo”, contó.

Precisamente, fue un ataque contra el islam en una revista el que despertó el interés de Ismael Varela.

Él solo quería aprender inglés de una manera barata y por eso frecuentaba una sede bautista.

Un día de tantos, leyó esas severas descalificaciones..., y se interesó en conocer qué tanto de verdad o mentira había en aquella lectura que cayó en sus manos. Hace dos años se convirtió al islam y dejó el catolicismo.

“Para mi familia yo soy un apóstata. Yo me llevo bien con ellos, pero me dicen que mejor no hablemos de religión”, sostuvo.

Una de las razones que encontró para convertirse al islam reside en el concepto de la unidad de Dios.

“En el islam encontré que Dios es solo uno, no una trinidad. Jesús no es Dios en el islam, es un profeta”, añadió Varela.

La figura del nazareno es amada en el islam. Igual pasa con la de su madre, María. Por ejemplo, cada vez que se escriben sus nombres –como sucede con el profeta Mahoma–, se les desea a los dos que la paz y las bendiciones los acompañen.

Varela coincide con Sasa y Said cuando afirma que la conversión no es algo impuesto, que debe ser algo que nazca del corazón y del estudio (un requisito en el que todos los entrevistados concordaron).

“Yo diría que uno debe acercarse a la cultura árabe, que se conozca, como cultura general, que fue lo que me pasó a mí, que quería ampliar lo que sabía. Acá no se trata de cambiar a nadie”.

Por cierto, Varela domina bien el inglés y dice que “ahí va” con el árabe.

Andrea Salas, por su parte, reconfirma la obligación que tienen los musulmanes de adquirir conocimiento, porque no se trata de ir y decir que ya se es musulmán.

“Muchas muchachas me dicen: ‘¡Quiero ser musulmana porque quiero casarme con un árabe!’, porque creen que todos tienen dinero, pero eso no es cierto: no todos mis hermanos son adinerados; lo que pasa es que no los abandonamos”, apuntó.

Así surgió la mezquita, cuando el doctor Sasa solicitó la ayuda de los comerciantes musulmanes de Colón para construirla.

“Nunca tuvimos un ambiente hostil. Los vecinos nos abrieron sus puertas y el que quiera venir también tiene las puertas abiertas. Todos son bienvenidos”.

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