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Mara renuncia a violencia en una ciudad

El Salvador: pandilleros piden trabajo e inserción

Actualizado el 25 de enero de 2013 a las 12:00 am

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El Salvador: pandilleros piden trabajo e inserción

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                         Un miembro de la Mara Salvatrucha, acompañado por su hijo, participa en el acto en el cual declararon el fin de la violencia en Santa Tecla. | AFP
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Un miembro de la Mara Salvatrucha, acompañado por su hijo, participa en el acto en el cual declararon el fin de la violencia en Santa Tecla. | AFP

Santa Tecla, El Salvador. AFP. Pandilleros de la Mara Salvatrucha (MS-13) de El Salvador pidieron ayer una oportunidad para integrarse a la sociedad y al trabajo sin discriminación, durante un acto en el cual se comprometieron parar la violencia en la ciudad de Santa Tecla , 12 km al oeste de San Salvador.

Parado en unas gradas cercanas a un escenario en el corazón de la colonia San José El Pino, Daniel Ramos, veterano miembro de la MS-13, hizo un “mea culpa” e hizo un pedido ante ciudadanos de esta población de 120.000 habitantes.

Ramos, de 33 años, fue el encargado de firmar a nombre de su pandilla el acta de no violencia.

“Nosotros estamos poniendo toda nuestra voluntad y esfuerzo porque la situación cambie en Santa Tecla , pero queremos que la gente, toda la sociedad, nos dé la oportunidad de ser mejores personas, que podamos trabajar sin ser marginados”, dijo Ramos a la AFP.

Vestido con una camisa de color gris, el cabello recogido en una cola de caballo, el pandillero –quien hablaba muy pausado, pensando cada palabra–, reconoció: “Hemos cometido errores, pero los vamos a enmendar”.

La pandilla Salvatrucha de Santa Tecla renunció ayer en forma expresa a toda forma de violencia en el marco de una tregua que mantiene con sus rivales de la Mara 18 y otras bandas minoritarias.

Junto a los pandilleros, firmaron el acta de no violencia, en calidad de testigos, líderes de iglesias evangélicas, el alcalde de Santa Tecla, Óscar Ortíz, y el vicario castrense, Fabio Colindres, uno de los auspiciadores de la tregua.

Durante el acto, medio centenar de niños, vestidos con el uniforme azul y blanco de sus escuelas, agitaban pequeñas banderas saludando la decisión.

Los habitantes de la colonia también se acercaron a observar la actividad, mientras los pandilleros caminaban tranquilamente entre decenas de agentes de la policía, en una escena inusual.

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