Por: Ángela Ávalos 15 febrero, 2015

Mientras sus hijos Isaac y Esther juegan frente a ella, Nancy Venegas Lara sonríe, aunque la esté matando el dolor y el agotamiento extremos causados por su hígado enfermo.

La sonrisa es la máscara para proteger del sufrimiento a sus pequeños, de 5 y 7 años. Se la pone para poder salir a comprar los útiles escolares, ir a trabajar o armar el paseo de un día a la playa para que sus hijos se distraigan antes de iniciar clases.

Desde hace dos años, Nancy espera un hígado. El suyo está cirrótico luego de una complicación de salud.

“Nunca me imaginé que me iba a pasar a mí, pero me saqué la rifa. Estoy pasando por un valle de tinieblas. Yo le pido a Dios que me dé salud para estar con mis hijos”, comentó.

Nancy pide a la Caja que apoye el programa de trasplantes, sobre todo, el del Calderón, hospital del cual es paciente.

“Son tres vidas las que están conmigo y las que se afectarían si falto”, dijo en alusión a sus hijos y a su mamá.