Por: Alberto Barrantes C. 21 julio, 2013

“Hombre esclavo de la calle, hombre antorcha, estadística de prensa, hombre acera, mal necesario existente, noctámbulo de la vida”. Con esos versos, Óscar Castro hace un retrato del indigente.

Con sus palabras, pinta una fotografía de ese hombre que está en la acera y que cada día enfrenta la ley de una ciudad en la que sobrevive el más fuerte.

Sus versos son su testimonio y aunque durmió en cartones, siempre mantuvo al lado una libreta en la que guardó anécdotas en unos cuarenta poemas.

Tras siete años de vida en las calles, participó en el VII Festival de Poesía, en el 2007, y frente a todos, en San José, leyó dos poemas, con su ropa sucia y una bolsa de reciclaje. En ese momento descubrió que no debía seguir en la indigencia y decidió darle un giro completo a sus días.

“La poesía no fue una cuestión de accidente; llegó gracias a una amiga que me pidió que le hiciera un poema y desde ahí me enamoré de las letras”, narra Castro, quien también domina el complejo idioma ruso.

Su camino por los versos empezó en 1980 . En sus líneas busca impregnar temas de espiritualidad, amor y la realidad de quienes miran con indiferencia a aquel que vaga de esquina en esquina.

“Espero que mis poemas sirvan de motivación para todos aquellos que hoy tendrán que dormir en las calles, porque sí es posible salir adelante, marcar diferencia y dejar atrás las cadenas que nos atan a esas adicciones”, agregó Castro.

Con su rima y con su verso, el poeta de la calle busca ofrecer la esperanza de una segunda oportunidad para quienes esta noche dormirán sobre el cartón.