Los afectados serán centros educativos de zonas rurales y unidocentes

Por: Alberto Barrantes C. 19 mayo, 2015
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Las escuelas rurales pagarán, este año, los recortes en el presupuesto del Ministerio de Educación Pública (MEP).

Como parte de las medidas de austeridad del Gobierno, el MEP rebajó ¢2.000 millones dirigidos a dotar de computadoras a 670 escuelas alejadas del Valle Central y centros unidocentes.

Estos recursos tecnológicos llegan a los centros educativos por medio de la Fundación Omar Dengo (FOD).

Inicialmente, el ministerio tenía previsto destinar a la FOD ¢16.000 millones, los cuales quedaron en ¢14.000 millones.

Esa reducción presupuestaria afectará la compra de equipo tecnológico para primero y segundo ciclos de zonas rurales, que constituyen la mayoría de escuelas pendientes.

“Entiendo que ante el déficit fiscal, hay que ajustarse el cinturón, pero esto afectará inevitablemente la meta de cobertura de un 100% que estaba prevista para el 2017. No lo vamos a lograr”, manifestó Leda Muñoz, directora de la Fundación.

La ministra de Educación, Sonia Marta Mora, reconoció que las dos áreas más afectadas por el recorte presupuestario serán el equipamiento tecnológico en primaria y la infraestructura.

El programa. A la fecha, la FOD llega a 2.122 centros educativos, que representan el 76% de la meta del Programa Nacional de Informática Educativa (Pronie).

Las escuelas que están pendientes de cobertura tecnológica son pequeñas, se ubican fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM) y en su mayoría carecen de infraestructura y servicios básicos como electricidad.

Tal es el caso del centro educativo La Balsa, en Puerto Jiménez de Puntarenas, adonde asisten 10 niños que deben caminar más de dos horas o ir a caballo para llegar a un aula en la cual no hay luz, ni agua potable, ni servicios sanitarios; allí, la tecnología es todavía un lujo inalcanzable.

“La escuela se reabrió este año; estaba en completo abandono y sigue con muchas carencias. No hay camino para llegar a la escuela, los niños atraviesan un potrero y al llegar no hay servicios básicos. La tecnología es todavía impensable”, dijo Rebeca Martínez, maestra de la escuela.

Brecha tecnológica. Las marcadas diferencias en la educación que reciben los niños de barrios urbanos y la que se imparte en zona rural perpetúa la exclusión.

“Queremos que sea el menor impacto posible. La meta de cobertura nacional es una urgencia moral, pero los recortes en estas áreas nos limitan la partida de equipamiento tecnológico y, por ende, se afectan las áreas más pequeñas, más alejadas donde ni tan siquiera llega la electricidad. Seguimos con desigualdad”, lamentó la directora de la FOD.

La carencia de tecnología en las aulas limita la capacidad del maestro de explicar los contenidos más allá de lo que dice una fotocopia o un libro de texto, así como la capacidad de los niños de crear contenidos propios a través de elementos multimedia como el audio y el video.

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