Ministro de Justicia español, Rafael Catalá, calificó los comicios como un 'acto de propaganda'

 9 noviembre, 2014
Un mujer deposita su papeleta en el colegio de la Sagrada Familia en Barcelona, durante la jornada participativa, sin carácter vinculante, convocada este domingo para que los catalanes se pronuncien sobre la independencia de Cataluña.
Un mujer deposita su papeleta en el colegio de la Sagrada Familia en Barcelona, durante la jornada participativa, sin carácter vinculante, convocada este domingo para que los catalanes se pronuncien sobre la independencia de Cataluña.

Barcelona

Casi dos millones de catalanes votaron este domingo sobre su independencia en una consulta sin ningún valor legal, pero histórica para el nacionalismo, y en claro desafío del gobierno regional a la prohibición impuesta por Madrid.

Personas de todas las edades hicieron largas colas frente a los colegios que, entre aplausos de los asistentes, abrieron y funcionaron con normalidad pese a la suspensión decretada por el Tribunal Constitucional a petición del ejecutivo español de Mariano Rajoy.

Convocados por el gobierno del nacionalista Artur Mas, 5,4 millones de catalanes estaban llamados a responder a una doble pregunta: "¿Quiere que Cataluña sea un Estado? En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?".

A dos horas de cerrar los colegios, 1,98 millones de personas habían depositado sus papeletas, informó el gobierno regional, que podría salir reforzado políticamente en su pulso con Madrid.

"Es una cantidad insólita (...) teniendo en cuenta que es una consulta no legal", apuntó el filósofo y analista político Josep Ramoneda, observando que esto "debilita a Rajoy".

Para Fernando Vallespín, politólogo de la Universidad autónoma de Madrid, es una "victoria relativa" que demuestra "una mayoría social por el derecho a decidir" sobre la secesión aunque "no tan clara respecto a la independencia".

En Madrid por su parte, el ministro de Justicia, Rafael Catalá, calificó de un "acto de propaganda", "estéril e inútil" la simbólica votación.

"El Gobierno considera que estamos ante una jornada de propaganda política organizada por fuerzas partidarias de la independencia y carente de cualquier tipo de validez democrática", dijo Catalá en un comunicado donde asegura que "se ha instado a los ciudadanos a participar en un simulacro inútil y estéril".

Votantes. "La gente se ha creído que puede decidir su futuro y ha acudido en masa", afirmaba Xavier Bardolet, de 44 años, abrumado por la gran movilización en la pequeña localidad de Sant Pere de Torelló, 90 km al norte de Barcelona.

Con banda de música y pancartas que afirmaban "El 9N votamos sí o sí, ni un paso atrás", un ambiente de fiesta se respiraba en este pueblo, el primero que en 2012 aprobó una moción declarándose simbólicamente independiente de España. Dos centenares le siguieron después.

Como lo explicaba el propio Mas, para muchos catalanes este es sólo otro paso en su lucha por lograr una verdadera consulta con valor legal.

"Nos merecemos el derecho a votar en un referéndum definitivo y esto es algo que debería entenderse en Madrid", lanzó el presidente catalán tras depositar su papeleta en Barcelona.

El voto estaba abierto a los mayores de 16 años, incluidos muchos extranjeros residentes en Cataluña. Uno de ellos, Mariano Luchetti, argentino de 43 años casado con una catalana, votó por la independencia.

"Los catalanes no merecen este tratamiento por parte del gobierno central", afirmaba.

Pese a la suspensión por la justicia, Mas mantuvo esta votación simbólica, sin censo oficial ni comisión electoral, amparándose en la libertad de expresión y con la ayuda de casi 41.000 voluntarios. "El responsable soy yo y mi gobierno", señaló a raíz de las denuncias presentadas ante la justicia y las investigaciones iniciadas por la fiscalía.

"Intentan meternos miedo pero yo estoy tranquila. No estamos haciendo nada malo, votar debería ser algo normal", decía Mercè, una profesora de 64 años voluntaria en un centro de Barcelona que, pese a todo, no quería dar su apellido.

En el extranjero. De Sídney a Nueva York, pasando por México DF o Sao Paulo, cientos de catalanes residentes en el extranjero también se movilizaron para la ocasión.

"Una oportunidad como ésta no debemos desaprovecharla", decía uno de ellos, Jordi Cuesta, en París donde vive desde hace 23 años y para quien "el Estado español tiene que sentarse a dialogar".

La jornada, bautizada "9-N", es histórica para el nacionalismo de esta región, orgullosa de su idioma y su cultura, que representa casi un 20% del PIB español.

Para Carme Forcadell, la líder de la campaña ciudadana por la independencia, esta votación "significa un triunfo de la democracia y las libertades", pese a verse descafeinada.

"Estamos desafiando al Estado español", agregaba tras votar en Sabadell, a unos 30 km de Barcelona.

Denunciando "una farsa", la mayoría de contrarios a la independencia prefirió no movilizarse.

"Yo he nacido en Barcelona, tengo 53 años, siempre he vivido aquí y nunca he visto este debate en la calle", aseguraba este domingo Carlos Campuzano, dueño de un bar en Barcelona. "Es totalmente artifical para intentar desviar la atención" de los problemas de corrupción, dijo.

La jornada transcurrió con pocos incidentes: cinco jóvenes fueron detenidos en Girona, en el norte de la región, por destrozar urnas en un colegio y en Barcelona, un grupo de manifestantes quemó una "estelada", la bandera independentista ornada de una estrella blanca sobre fondo azul.