25 mayo, 2013
 Rafael Correa, economista que llegó al poder en el 2007, saludó ayer a la prensa durante la ceremonia en la Asamblea Nacional de Quito. | AFP.
Rafael Correa, economista que llegó al poder en el 2007, saludó ayer a la prensa durante la ceremonia en la Asamblea Nacional de Quito. | AFP.

Quito. AFP. El presidente de Ecuador, Rafael Correa, prometió continuar los programas sociales en los que basa su alta popularidad y cargó contra la prensa, al asumir el poder ayer para un segundo mandato de cuatro años, tras el cual dijo que se retirará de la actividad política.

En su discurso de toma de posesión en la Asamblea Nacional, Correa señaló que la inversión pública se mantendrá este año en un 15% del PIB para proseguir los planes sociales y la construcción de infraestructura. Dicha inversión se financia principalmente con impuestos y el ingreso petrolero.

Por ello, el mandatario izquierdista defendió la apertura de una licitación petrolera para explorar 16 bloques en la Amazonía –al señalar que las reservas se “agotan aceleradamente”– y el desarrollo de la minería a gran escala.

A la investidura del presidente, un economista de 50 años, asistieron los gobernantes de Bolivia, Colombia, Chile, Costa Rica, Haití, República Dominicana y Georgia, y varios vicepresidentes, como los de Argentina y Cuba.

Correa, quien el 17 de febrero ganó en primera vuelta y arrolló a la oposición, asumió con un récord de aceptación de hasta 86%, y reiterando que este será su último mandato. “En este, mi último periodo, aunque tan solo uno más de nuestra revolución, mucha más contundencia, eficacia”, pidió Correa en medio de la algarabía de simpatizantes que gritaron “no” a su negativa de buscar un tercer mandato.

Correa gobernará por primera vez con una mayoría absoluta en el Parlamento, tras obtener el oficialismo 100 de las 137 curules.

Eso le permitirá sacar adelante una serie de reformas mineras, agrarias, penales, de seguridad social y una ley de comunicación rechazada por los grandes medios, con los que sostiene un duro enfrentamiento, acusándolos de intentar desestabilizar su gobierno.

El presidente cargó contra esas corporaciones, y sostuvo que “la prensa latinoamericana, con las honrosas excepciones de siempre, es mala, muy mala”.

También denunció ser víctima de un permanente “linchamiento mediático” como, según él también sufre la mandataria de Argentina, Cristina Fernández, y lo experimentaron los fallecidos gobernantes de ese país, Néstor Kirchner, y de Venezuela, Hugo Chávez.

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