La insurrección nació en marzo de 2011 con manifestaciones pacíficas, duramente reprimidas, que desembocaron en una guerra total a partir del bombardeo de Homs en febrero de 2012

 11 marzo, 2014

Beirut

En una Siria exhausta y corroída por la crisis humanitaria, las fuerzas del presidente Bashar al Asad intentan reconquistar el terreno perdido frente a una rebelión dividida, cuando se acerca el inicio del cuarto año de conflicto.

Mientras el país se desintegra, ninguna solución parece alumbrarse, máxime cuando los dos promotores de las conversaciones de paz de Ginebra, Rusia y Estados Unidos, mantienen un conflicto diplomático sobre la situación en Ucrania.

"Sin una intervención occidental, la guerra durará varios años más. Mientras (el presidente estadounidense, Barack) Obama esté en la Casa Blanca, esta intervención es poco probable", dijo el especialista de Siria y profesor de la Universidad de Edimburgo, Thomas Pierret, para quien "la situación podría cambiar a partir de 2016".

El conflicto ha causado más de 140.000 muertos y casi la mitad de la población marchó de sus hogares y se refugió en países vecinos en condiciones terribles. Ninguna de las partes enfrentadas parece por el momento alzarse con la victoria.

La insurrección nació en marzo de 2011 con manifestaciones pacíficas, duramente reprimidas, que desembocaron en una guerra total a partir del bombardeo de Homs en febrero de 2012.

El presidente sirio Bashar al-Asad durante la entrevista que concedió a la cadena italiana RAI24. | EFE
El presidente sirio Bashar al-Asad durante la entrevista que concedió a la cadena italiana RAI24. | EFE

Desde la primavera de 2013 y tras una serie de derrotas, el régimen pasó al contraataque con el apoyo decisivo de combatientes reclutados entre las filas del movimiento chiita libanés Hezbolá, así como con chiitas iraquíes enrolados por los Guardianes de la Revolución, las tropas de élite iraníes.

Las fuerzas progubernamentales se vieron fortalecidas por la anulación de los ataques occidentales en respuesta al ataque químico el 21 de agosto de 2013 en las afueras de Damasco, que la oposición siria y los países occidentales atribuyen a Asad.

Un acuerdo entre Moscú y Washington anuló estos ataques occidentales a cambio de que el régimen destruyera sus armas químicas, bajo supervisión de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAC). Por el momento, Siria evacuó o destruyó la tercera parte de su arsenal químico.

La estrategia del presidente sirio es controlar la "Siria útil", es decir, la costa, las grandes ciudades y las carreteras más importantes. La oposición controla más territorio pero el régimen tiene bajo su control las regiones más pobladas.

Las tropas de Asad avanzaron en tres direcciones: en el sur de Damasco, donde impusieron armisticios a varias localidades rebeldes asediadas; en la región montañosa de Qalamun, al norte de Damasco, donde rodean la ciudad de Yabrud cercana a la frontera con Líbano; y, al norte de la ciudad de Alepo, donde intenta acorralar a los rebeldes.

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