Mandatario, con 17 años en el poder, logró estabilizar políticamente al país, aunque se le critica retroceso en derechos humanos.

 6 diciembre

Moscú. Vladimir Putin, que lleva 17 años al frente de Rusia y anunció este miércoles su candidatura para un cuarto mandato en marzo de 2018, encarna la ambición de una gran Rusia con un poder renovado.

Una mujer observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición
Una mujer observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición "Superputin" en el museo UMAM en Moscú el 6 de diciembre de 2017.

“Rusia seguirá avanzando, y en ese movimiento hacia adelante, nadie la detendrá jamás”, declaró este miércoles al anunciar su candidatura para las elecciones presidenciales.

Este exoficial del KGB, que en el año 2000 tomó las riendas de un país de poder inestable y economía vacilante, goza del apoyo de muchos de sus conciudadanos por haber sido el hombre que aportó seguridad y una nueva prosperidad a Rusia, gracias a unos cuantiosos ingresos petroleros.

Por su parte, sus detractores recuerdan que el presidente logró sus objetivos a cambio de un claro retroceso de los derechos humanos y de las libertades individuales.

En el escenario internacional, Putin, que calificó la desaparición de la Unión Soviética de “mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, intentó restaurar la influencia de Rusia en el mundo, debilitada tras la caída de la URSS y los años caóticos de la presidencia de Boris Yeltsin.

En 2013, el mandatario definía su método de gobierno como una lucha paciente y obstinada, al acecho de las debilidades de sus adversarios.

Un hombre observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición
Un hombre observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición "Superputin" en el museo UMAM en Moscú el 6 de diciembre de 2017.

Una estrategia aplicada con éxito en Siria, donde Rusia inició en 2015 una intervención militar que cambió el curso de la guerra y permitió a Bashar al Asad mantenerse en el poder, para disgusto de los occidentales.

Un año antes, Rusia se había anexionado la península ucraniana de Crimea tras ocupar esa región con sus tropas y a raíz de un referendo considerado como ilegal por la comunidad internacional.

Esa operación aumentó su prestigio en su país, pero desató la peor crisis desde el final de la Guerra Fría entre los rusos y los occidentales, que acusan además a Moscú de ayudar militarmente a los rebeldes separatistas del este de Ucrania, un supuesto apoyo desmentido por el Kremlin.

El presidente ruso nació el 7 de octubre de 1952 en una familia obrera que ocupaba una habitación en un piso comunitario en Leningrado (San Petersburgo).

Su juventud en las calles de Leningrado le enseñó una cosa: “si el combate es inevitable, hay que ser el primero en golpear”, recordaba en 2015.

En una foto de setiembre de 2010, cuando era primer ministro, Vladimir Putin porta un rifle de caza durante su viaje en Ubsunur Hollow en la región de Siberia Tyva, en la frontera con Mongolia, Rusia.
En una foto de setiembre de 2010, cuando era primer ministro, Vladimir Putin porta un rifle de caza durante su viaje en Ubsunur Hollow en la región de Siberia Tyva, en la frontera con Mongolia, Rusia.

Tras cursar Derecho, entró en el KGB y se convirtió en uno de sus agentes en el extranjero. Entre 1985 y 1990, se le destinó a Dresde, en Alemania del Este, en un puesto de escasa relevancia.

Tras la disolución de la URSS, el agente de los servicios de inteligencia se convirtió en el consejero de relaciones exteriores del nuevo alcalde liberal de San Petersburgo, un puesto desde el que emprendió un ascenso fulgurante.

En 1996, entró a trabajar en el Kremlin y, dos años después, se le nombró al frente del FSB, sucesor del KGB.

En 1999, el presidente Yeltsin, que buscaba a un sucesor capaz de garantizar su seguridad tras su retiro, lo nombró primer ministro.

Algunos colaboradores de Yeltsin pensaban entonces que podrían manipular facilmente a Putin, pero este decidió refundar la autoridad del Estado en torno a su figura.

Tras una ola de atentados, Putin inició el 1 de octubre de 1999 la segunda guerra de Chechenia, un conflicto sangriento marcado por la violencia del ejército ruso y el bombardeo indiscriminado de Grozni.

Una manifestante sostiene un cartel que dice
Una manifestante sostiene un cartel que dice "Putin vete, ¡no seguimos tu camino!" en San Petersburgo, Rusia, el miércoles 6 de diciembre de 2017.

Esa guerra fue la base de su popularidad en Rusia y de su imagen de hombre firme que no teme tomar decisiones difíciles.

Cuando Yeltsin dimitió a finales de 1999 y designó a su primer ministro como sucesor, Putin ya se había impuesto como el nuevo hombre fuerte del país.

Tras ganar fácilmente las elecciones de 2000, aceleró su conquista del poder apoyándose en las estructuras del Estado (servicios secretos, policía, ejército) y en sus colaboradores de San Petersburgo.

El nuevo dirigente apartó rápidamente del juego político a los magnates rusos, los empresarios que se habían enriquecido con las oscuras privatizaciones de los años 1990, y encarceló a quienes se opusieron a él, como el presidente del grupo petrolero Yukos, Mijaíl Jodorkovski, liberado en 2013 tras 10 años de prisión.

El Kremlin también aumentó su control sobre los canales de televisión, cuya libertad de tono, heredada de los años 1990 molestaba a Putin.

En 2008, como la Constitución impide ejercer dos mandatos consecutivos, Putin entregó el Kremlin a su primer ministro, Dmitri Medvedev, durante cuatro años y se colocó al frente del gobierno.

A finales de 2011, el anuncio de candidatura a la presidencia para un nuevo mandato -ampliado a seis años- suscita una inédita ola de manifestaciones.

Un hombre observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición
Un hombre observa una pintura del presidente ruso Vladimir Putin en la exposición "Superputin" en el museo UMAM en Moscú el 6 de diciembre de 2017.

La movilización se apagaron tras su cómoda reelección en 2012, y Putin hizo adoptar leyes consideradas como liberticidas por la oposición e impuso una mayor represión a cualquier forma de protesta.

El mandatario, muy discreto respecto a su vida privada, es padre de dos hijas y se divorció en 2013. Le gusta proyectar una imagen de hombre con gustos sencillos, que lleva “una vida común” y disfruta de “las novelas históricas y la música clásica”.

A pesar de ello, su actitud linda a menudo con el culto a la personalidad y son frecuentes las fotografías en las que se le ve practicando yudo, montando a caballo con el torso desnudo o apagando un incendio al mando de un avión.


Etiquetado como: