15 marzo, 2013

Buenos Aires. AFP. “Es un golpe muy fuerte, ¡qué emoción! y escuchar esa multitud gritando: ¡Viva el Papa!... ¡Pobre hombre!”, dijo ayer María Elena Bergoglio –la única de sus hermanos aún viva– imaginando a su hermano mayor, el flamante Pontífice, al salir a saludar el miércoles a la multitud reunida en la plaza San Pedro tras ser elegido.

Vestida de manera austera, con un suéter verde oscuro y su cabello canoso apenas peinado, la mujer accedió a hablar con decenas de periodistas que la esperaban frente a su casa en la localidad de Ituzaingó, un barrio de clase media de la periferia oeste de Buenos Aires.

“Cuando escuché la noticia, lloré. No pude decir ni una palabra. Solo tengo ganas de abrazarlo”, contó la mujer.

María Elena afirmó que su hermano “es muy hermético” pero que, en su primera aparición pública, “la expresión de su cara hablaba de plenitud”.

Consultada sobre qué tipo de papado imagina, manifestó no saber responder aunque destacó que “si sé cuál es su inclinación: trabajar por los pobres, por los más marginados”.

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