1 septiembre

Bogotá

La exguerrilla FARC pidió perdón y propuso un gobierno de transición para 2018 al presentar en sociedad su partido político, al que definió como "revolucionario" y "de carácter amplio y diverso".

En la Plaza Bolívar, en el corazón político de Bogotá, a escasos metros de la sede presidencial, atacada con misiles artesanales por las FARC en 2002, miles de simpatizantes de la que fue la principal organización rebelde de América dieron la bienvenida al movimiento Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común.

Los miembros de las FARC sostienen rosas, el nuevo símbolo para las FARC (Fuerza Revolucionaria Común Alterna), que se transformaron en un partido político después de su desarme.
Los miembros de las FARC sostienen rosas, el nuevo símbolo para las FARC (Fuerza Revolucionaria Común Alterna), que se transformaron en un partido político después de su desarme.

"Dejamos las armas para hacer política por vías pacíficas y legales, queremos construir con todos y todas ustedes un país diferente", proclamó el jefe máximo de las FARC, Rodrigo Londoño, más conocido como "Timochenko".

Londoño, recibido en medio de cánticos de "Timo, Timo", reiteró la propuesta de un gobierno de transición lanzada en diciembre para apoyar a un candidato presidencial en las elecciones de 2018 que garantice el cumplimiento del pacto de paz alcanzado con el régimen de Juan Manuel Santos tras cuatro años de negociaciones en Cuba.

"Apoyaremos decididamente a todo aquel que esté dispuesto a blindarlo (al acuerdo), a impedir que lo afecten", señaló "Timochenko".

Antes de empezar su discurso, recibió en tarima un ramo de rosas rojas, el nuevo símbolo del movimiento político de la exguerrilla marxista, que hace dos semanas finalizó su desarme tras la firma en noviembre del pacto de paz.

El líder máximo de las ahora extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, nombre utilizado desde su surgimiento en 1964, reiteró su pedido de perdón por los miles de crímenes cometidos durante más de medio siglo de conflicto armado.

"No vacilamos para extender nuestras manos en señal de perdón y reconciliación, queremos una Colombia sin odios, venimos a profesar la paz y el amor fraternal de compatriotas", apuntó.

Horas antes, centenares de excombatientes y militantes comunistas clandestinos marcharon por el centro de Bogotá con rosas rojas y la bandera blanca de la nueva formación política, que disputará el poder en un país dominado históricamente por la derecha liberal y conservadora.

Londoño invitó a conformar "un movimiento de movimientos" en torno a las causas que proclamaron los rebeldes en 53 años de lucha armada: justicia social, reforma agraria y educación y salud gratuitas y universales.

Además, hizo énfasis en la lucha anticorrupción y antipatriarcal, y en la inclusión de sectores marginados, como negros e indígenas, aunque sin proclamar el comunismo que defendió la organización como guerrilla.

Según dijo más temprano en rueda de prensa el excomandante Pablo Catatumbo, el movimiento tendrá un "carácter amplio".

Los lineamientos y el nombre de la nueva organización fueron definidos entre domingo y jueves por más de 1.200 delegados de la exguerrilla reunidos en un congreso en Bogotá.

Venidos desde apartadas zonas de Colombia, los representantes del nuevo partido aprobaron los estatutos y sus precandidatos para la contienda electoral.

Catatumbo explicó a la AFP que los aspirantes serán seleccionados próximamente por la dirección nacional, de 111 integrantes y elegida en el congreso, e inscritos en noviembre ante las autoridades electorales.

El pacto de paz garantiza 10 curules en el Congreso para las FARC, cinco en cada cámara, aunque deberán participar en la contienda electoral. En caso de que no alcancen los escaños por votación popular, se les otorgarán los necesarios hasta cumplir la cuota acordada.

Entre los precandidatos hay excomandantes guerrilleros como Catatumbo, Carlos Antonio Lozada, Iván Márquez y Victoria Sandino.

"Hemos ingresado a la vida política legal porque queremos ser gobierno o hacer parte de él", dijo por su parte Iván Márquez, jefe negociador de los rebeldes en los diálogos de paz.

Al tiempo que lucharán por votos, las FARC deberán responder ante jueces especiales de paz por sus delitos de guerra. El acuerdo de paz prevé que podrán recibir penas alternativas a la prisión si confiesan sus crímenes, reparan a las víctimas y se comprometen a nunca más ejercer la violencia.

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