7 febrero
El presidente de Haití, Jovenel Moise, y su esposa Martine durante la ceremonia de toma de posesión en el Parlamento en Puerto Príncipe, Haití.
El presidente de Haití, Jovenel Moise, y su esposa Martine durante la ceremonia de toma de posesión en el Parlamento en Puerto Príncipe, Haití.

Puerto Príncipe

Después de la crisis política que paralizó Haití durante un año y medio por unos controvertidos resultados electorales, Jovenel Moïse se convirtió este martes en el nuevo presidente del país más pobre de América Latina, en una ceremonia celebrada en Puerto Príncipe.

Moïse, un exportador de bananas de 48 años, inicia su carrera política en el cargo más importante del Estado, después de que el mandatario saliente, Michel Martelly, lo eligiera a comienzos del 2015 como su sucesor y candidato del Partido Haitiano Tet Kale (PHTK).

"Este día es un gran día para nuestro país", declaró Youri Latortue, presidente de la Asamblea Nacional, pocos minutos antes de que Moïse prestara juramento. "El pueblo haitiano ha hablado: eligió confiarle las riendas del poder a un hombre joven, un hombre dinámico, un hombre que parece tener ideas para sacar al país de la miseria y la inestabilidad política que desde hace mucho tiempo frena su crecimiento y su desarrollo", agregó.

La personalidad del nuevo gobernante, casi un total desconocido para el pueblo, contrasta con el carácter extravagante de su predecesor, muy dado a usar lenguaje soez en público.

Su elección pretende poner fin a la larga crisis política que empezó en octubre de 2015, cuando el empresario ganó en primera vuelta las presidenciales pero los resultados fueron anulados debido a fraudes masivos.

En febrero del 2016, cuando Martelly concluyó su mandato de cinco años y dejó un vacío político por falta de un sucesor, el Parlamento eligió como presidente interino a Jocelerme Privert, entonces jefe del Senado.

Las elecciones fueron reprogramadas para octubre pasado, pero los estragos que dejó el huracán Matthew solo cuatro días antes de la votación la volvieron a postergar al 20 de noviembre.

Finalmente, a inicios de enero pasado, la interminable crisis electoral haitiana pareció llegar a su fin cuando Moïse fue confirmado ganador con el 55,60% de los votos.

Un final saludado por Washington. "El pueblo haitiano merece tener dirigentes democráticamente electos", escribió el vocero del departamento de Estado, Mark Toner, en un comunicado, en el que sostiene que "Estados Unidos reafirma (su) compromiso con el pueblo y el gobierno de Haití".

Canadá también confirmó "su relación de amistad y su solidaridad con Haití", a través de su ministerio de Desarrollo Internacional y de la Francofonía.

Más de 2.000 personas fueron invitadas a la toma de posesión, dividida en dos actos: la jura del cargo en el Parlamento y una ceremonia religiosa. Moïse pronunciará posteriormente su primer discurso como el 58 jefe del Estado haitiano.

"El pueblo haitiano ha hablado: eligió confiarle las riendas del poder a un hombre joven, un hombre dinámico, un hombre que parece tener ideas para sacar al país de la miseria y la inestabilidad política que desde hace mucho tiempo frena su crecimiento y su desarrollo". Youri Latortue, presidente de la Asamblea Nacional.

Las ceremonias tuvieron lugar en una plataforma principal que recuerda el palacio presidencial, una edificación centenaria que quedó destruida en el terremoto del 2010, en el que murieron más de 200.000 personas.

Los organizadores quisieron hacer gala de austeridad en todo momento, ya que Haití sufre una grave crisis económica con una deuda de más de $2.000 millones y un crecimiento limitado, que se calcula que no superará el 1% este año.

Según el equipo de transición de Moïse, los costos de la investidura ascienden a $1 millón, un presupuesto bajo comparado con el de sus predecesores René Preval y Martelly, quienes gastaron más de $4 y $2 millones respectivamente.

Tensión política

El mandatario electo dijo que invitó a sus 53 rivales de la campaña presidencial como señal para suavizar las tensiones políticas.

Pero la temperatura política se mantiene alta, después de que varios miembros de la oposición denunciaran un fraude en la elección de Moïse en la primera vuelta presidencial.

El empresario bananero también es sospechoso de lavado de dinero, según un informe administrativo que reapareció después de que parlamentarios exigieran el fin de la investigación previo a su toma de posesión.

El caso se abrió en el 2013 como un proceso de rutina de la Unidad central de información financiera (UCREF), cuyo jefe Sonel Jean-François envió un reporte secreto sobre la investigación a la Fiscalía, según reveló el 18 de enero.

Sin embargo, el juez a cargo del caso no tomó iniciativa alguna hasta que cuatro senadores opositores demandaron información sobre los hallazgos de la investigación.

El juez envió sus conclusiones al procurador del Estado, quien hasta ahora no ha hecho declaraciones públicas.

El suspenso socava la frágil popularidad de Moïse en Haití, donde el malestar de la población se vincula a la escasa campaña durante las elecciones y a la desconfianza hacia la capacidad de los gobernantes para mejorar las condiciones de vida en el país.

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