18 abril, 2016
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Portoviejo, Ecuador

Inicialmente iba a ser un día alegre y festivo para toda la familia Estupiñán-Quinde, que se iba a reunir el sábado para celebrar la entrada de Sayira a la universidad. Sin embargo el modesto Chevy Blazer en el que viajaban tuvo la mala suerte de detenerse a las 6:58 pm ante un semáforo en rojo en Portoviejo cuando el suelo empezó a temblar y un hotel se derrumbó sobre el vehículo, con toda la familia en el interior.

Un día después, la tía de Sayira, Johana Estupiñán, emprendió el viaje de regreso más largo y duro de su vida en un coche fúnebre con los cuatro cuerpos de su familia en su interior.

Mientras el nombre de Ecuador recorre el mundo por los 272 muertos y más de 2.000 heridos que ha dejado hasta el momento el terremoto más destructivo que sufre en las últimas décadas, la historia de las víctimas se escribe bajo los escombros.

"Ella era mi sobrina favorita. Me había ganado una hija gracias a los seis años de felicidad que iba a tener al alojarla conmigo mientras duraba la universidad" se lamentó destrozada Johana, ante los ataúdes.

Después de mucho esfuerzo económico, su sobrina Sayira empezaría por fin a estudiar medicina el próximo lunes en la Universidad de Portoviejo gracias a una beca. Había llegado el día anterior desde la ciudad de Esmeraldas con toda su familia para completar la matriculación, hasta que el poderoso terremoto se cruzó en su camino. "Nunca pensé que la vida se nos fuera en un minuto" añadió.

Durante horas, su tía Johana sufrió a las puertas de la morgue junto a familiares y amigos desesperados que no dejaban de buscar entre llantos a sus seres queridos. Hasta la funeraria, agrietada por el sismo, no dejaban de llegar ataúdes vacíos que salían cargados de cuerpos en dirección al cementerio. Johana reconoció a su familia nada más ver la ropa ensangrentada de su hermana Lucy Estupiñán, de 37 años, de su cuñado Jorge Quinde de 41 y de sus sobrinos Sayira, de 17, y el pequeño Matías, de sólo ocho meses de edad.

Pocas horas después era ella quien, la noche del domingo, emprendía viaje a la ciudad natal de la familia acompañando tres féretros de caoba y otro más pintado de blanco, como la traición católica reserva para los niños. "Nuestra familia se vino abajo, no sabemos cómo vivir ahora" explicaba desolada.

Bajo las piedras del hotel El gato, que se vino abajo sobre la familia Estupiñán, salieron también los cuerpos de dos turistas cuyos cadáveres aún no han sido identificados, pudo comprobar la agencia de noticias AP.

En las localidades de Manta, Pedernales o Portoviejo, las más afectadas por el terremoto, todas en la costa del Pacífico, el ambiente era desolador. En Portoviejo, una ciudad de unos 300.000 habitantes, la gente recorría las ruinas en busca cualquier pista que les permitiera mantener la esperanza, como llantos, voces o sonidos de respiración entre las piedras.

En Portoviejo se derrumbaron un total 27 edificios, incluido un mercado, según confirmó a AP el alcalde, Agustín Casanova, que hizo un desesperado llamado de auxilio pidiendo la llegada de más rescatistas. Varios testigos contaron a AP cómo durante muchas horas habían oído los gritos de la gente bajo los escombros sin que se pudiera hacer nada.

El edil confirmó que en la ciudad se produjeron al menos un centenar de las 272 muertes contabilizadas hasta el momento. Unas 400 familias pasaron la noche del domingo en el antiguo aeropuerto, donde recibieron colchones, comida y agua. El lugar se ha convertido en un enorme campamento al aire libre donde las familias conviven con decenas de niños y sus mascotas.

También en Pedernales y Manta muchas familias pasaron la segunda noche a la intemperie frente a sus casas derrumbadas por temor a los saqueos. En otros casos los soldados recorrieron algunos barrios para sacar a la población de las viviendas dañadas por temor a que una nueva réplica terminara por derribar las construcciones más endebles con ellos dentro. Hasta la tarde del domingo se habían producido 262 réplicas de menor intensidad del terremoto

El presidente, Rafael Correa, quien llegó directamente a Portoviejo desde El Vaticano, donde estaba en visita oficial, recorrió la zona afectada.

"Nuestro dolor es muy grande, la tragedia es muy grande, pero vamos a encontrar la manera de seguir adelante", dijo el mandatario al borde de las lágrimas. "El país está siendo operado en estado de excepción", señaló el presidente, insistiendo en que la prioridad para los servicios de rescate es la gente que continua atrapada bajo el cemento. "Hay señales de vida en muchos de los escombros", dijo antes de despedirse.

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