2 junio, 2014

Imagen sin titulo - GN
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Poco se habla de las condiciones previas para construir acuerdos.

Por ejemplo, no se podría intentar llegar a acuerdos con alguien que miente. O con alguien que utiliza una lógica distinta a la que utilizamos para andar por la calle. Tampoco se podría negociar con alguien perverso. O con alguien cuyo objetivo superior sea nuestra aniquilación.

¿En qué se diferencian la mejenga y el partido regido por el juego limpio; el encuentro de boxeo y la reyerta de cantina; la convivencia en la horda salvaje o en la comunidad civilizada? En unas cuantas reglas mutuamente aceptadas.

Una sociedad que se va complicando en las dimensiones económica, social, política como la nuestra, necesita que adquiramos la destreza para llegar a acuerdos.

Hay técnicas específicas. Pero previamente, tendremos que construir una plataforma sobre la cual construir los procesos de búsqueda de acuerdos.

Un elemento de esa plataforma es que se tenga voluntad de resolver el conflicto. Si alguien valora más el conflicto que la solución ¿Cómo conducirlo hacia ésta?

Otro elemento es algo como la buena fe. Vamos a ser progresivamente transparentes.

En ningún momento conduciremos al otro hacia una emboscada. Ambas partes deberán entender que pueden y deben contribuir a que la otra encuentre ganancias en el proceso.

Siempre debe pensarse que esta no será la última vez que estas partes se sientan a negociar. Eso proscribirá la tentación de “tirarse al otro” o “agarrarlo de chancho”, dos cosas que en Costa Rica son temores ancestrales que obstaculizan las negociaciones.

Otra, es tener un compromiso con la racionalidad al emitir y al recibir.

Los elementos de esta plataforma no se deben invocar cuando ya estamos en el desfiladero del pulso o de la riña. Estos elementos deberían ser pactados de antemano.

Y vale la pena invertir en esa pedagogía comunitaria porque sin duda el futuro nos dará mucha oportunidad de optar por el acuerdo o por ubicarnos en aceras opuestas en detrimento de nuestra convivencia.