Por: Álvaro Cedeño 25 abril, 2016

¿Qué es lo que nos interesa de la buena comunicación, esa de la que se encargan los cursos de comunicación oral y escrita?

Creo que en esos cursos, de lo que se trata es de que los mensajes estén formulados en correcto español. Eso no ocurre con todos los mensajes que circulan en la empresa, o en la academia. Por lo tanto, los esfuerzos en esa dirección son necesarios, pero no son suficientes, porque no necesariamente esa correcta formulación de mensajes constituye comunicación eficaz.

Lo que falla en la comunicación de pareja, o entre padres e hijos, o entre jefes y colaboradores, y entre líderes y seguidores, no es la corrección del mensaje. Hay otros elementos que necesitan ajuste. ¿Cuánto entusiasmo se puede esperar despertar en el otro si los valores de quien habla son diferentes a los valores de quien escucha?

Sin un alineamiento previo de los valores, los mensajes no llegan a su destino. ¿Cuánto entusiasmo podrá despertar el jefe que siente lealtad por su empresa en los colaboradores que están ahí mientras encuentran algo mejor en otra parte?

Lo que se dice de la visión compartida, se asienta en los valores y es un requisito de la posibilidad de que el líder entusiasme. Hasta que los colaboradores no estén convencidos de que su esfuerzo puntual, específico, cotidiano, contribuye a la realización del sueño que la empresa persigue, su trabajo será un marcar el paso y no una disposición a excederse en el esfuerzo.

Lo mismo ocurre en una nación. ¿Vivimos con cariño bajo este azul del cielo, labrando con anhelo dichoso porvenir, o estamos cada quien halando para su propio saco?

La lógica de los argumentos sobre las formas de resolver los problemas solo opera en el nivel cognitivo, pero la decisión necesita también de la voluntad, la cual se mueve por razones afectivas, emocionales.

Quienes tienen que sumarse a un rumbo o a una decisión, se preguntan qué hay en esto para mí. Y esa es una parte del mensaje que, a menudo, dejamos por fuera, la cual es indispensable para que la aceptación o un acuerdo, se conviertan en una causa.