Por: Álvaro Cedeño 4 febrero, 2015

Forma y fondo. Es muy importante el fondo, pero la forma cuenta.

Ortega decía que la claridad es la cortesía del filósofo. Se decía de Leonid Hurwicz, economista, que él publicaba sus escritos hasta que los entendiera su esposa, quien no era economista.

Recuerdo profesores de matemáticas quienes hablaban de la elegancia de una demostración. La elegancia no es solo para los salones de fiesta.

Las cosas, en cualquier disciplina, conviene hacerlas de la mejor manera. Hay suturas quirúrgicas que deberían ostentar la firma del cirujano.

Igual podríamos decir de algunas soluciones técnicas concebidas por ingenieros.

¿Por qué nos vamos a contentar con que una negociación sea eficaz solamente? ¿Por qué no aspirar a que sea elegante?

El cierre de una negociación, con todos los participantes exhaustos, con deseos de no tener que volver a verse nunca en trance semejante, indica que a la negociación le faltó calidad.

¿Por qué un despido tiene que dejar en el colaborador la sensación de que se le ha herido? ¿Por qué no explicarle que el peor favor que se le puede hacer a alguien es mantenerlo en un puesto para el cual carece de las condiciones? ¿Por qué no explorar el tema de la realización y de las oportunidades que vendrán?

Debería haber elegancia en los actos políticos. ¿No es posible disentir sin ofender? ¿No es posible sostener una posición sin crisparse? ¿No es posible estar bajo ataque sin perder la compostura?

La transparencia, el respeto al derecho ajeno, el esfuerzo por comprender la posición del otro, posiblemente sean dimensiones de esa elegancia.

La solución atolondrada de un problema, nos lleva a veces a asirnos de un clavo ardiendo.

La elegancia –y la eficacia– demandan que barajemos muchas opciones y que elijamos con calidad y no con la desesperación del náufrago.

Que el fondo tenga sustancia pero que la forma sea atractiva.

Que la tiranía de la forma no nos lleve a intentar vender apariencias.

Las obras, los resultados de las acciones, permanecen, aunque solo sea en el recuerdo. En ese sentido, son monumentos.