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La historia del buen verbo y figura humilde que acabó mal

Actualizado el 01 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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La historia del buen verbo y  figura humilde que acabó mal - 1
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La historia del buen verbo y figura humilde que acabó mal - 1

El que conversó alguna vez con el empresario Minor Vargas sabe de su envolvente discurso.

No usa muchas palabras de domingo, quizás para no exagerar y no intenta profesar superioridad, quizás para no aborrecer.

Sí tiene un tono conciliador, sin duda para convencer, y sí desglosa una calma especial entre frases, sin duda para amarrar.

Todo eso, combinado con una estampa de estatura baja, de algunas imperfecciones en la piel y unos eternos anteojos como accesorio, tal y como la gran media de costarricenses, disfrazaban con éxito muchos secretos.

Así, este zapoteño próximo a cumplir 61 años, entró al futbol.

Es más, así debe haber entrado al mundo de los negocios. Gracias a un buen verbo y a una figura humilde que ocultaban una fortuna, la cual ayer quedó manchada por un fallo judicial en EE. UU.

Su primer paso por el mundo deportivo fue bastante trabajado e infructuoso, pero sin graves cuestionamientos.

Este fue entre las décadas de los ochenta, noventa y los 2000.

Vargas pasó por varias comisiones del Saprissa hasta colarse en la junta directiva y posteriormente tomar la silla presidencial del Monstruo en el 2001. No le fue bien fue destituido en el 2003, cuando Vergara asumió el control accionario de la S.

Regreso. No obstante, el segundo acercamiento fue más atrevido, pero lleno de dudas. Vargas asumió el control de Brujas y no paró de inyectar recursos al futbol. Hasta que lo detuvieron. Literalmente.

El empresario llegó a controlar dos equipos de Primera División y cinco de Segunda, a poner decenas de canchas sintéticas, a coquetear con la Unafut y la Fedefútbol.

Su involucramiento tenía actitud de magnate y su ambición era casi como una adicción.

Siempre excusado en el rasgado estandarte –por tanto uso público– de querer mejorar el futbol tico .

Sin embargo, el castillo levantado empezó a caer.

Tanto movimiento empezó a generar sospechas y así empezaron a llegar los allanamientos, las cuentas congeladas, la gente infeliz.

El dirigente, otrora amable y sin temor a hablar con la prensa (seguramente convencido de su habilidad en el atril), ya se leía menos en los diarios, se oía menos en la radio, se veía menos en televisión.

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Incluso, poco a poco empezó a retirarse del ambiente futbolístico.

Su nombre bajó de perfil en las secciones deportivas.

Hasta el 18 de enero del 2011 cuando fue arrestado en EE. UU.

Hasta hace unas semanas que empezó su juicio.

Hasta hoy en estas cuatro páginas que explican su condena.

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