Deportes

Desde la tribuna

Edgar Marín, un deportista cabal

Actualizado el 17 de enero de 2015 a las 12:00 am

Deportes

Edgar Marín, un deportista cabal

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Venía un balón de altura. El artífice se anticipó y superó con un globito al argentino Agustín Cejas. La pelota aterrizó en la red. Con nobleza, Cejas, el legendario guardameta del Santos de Brasil, se volvió de inmediato para aplaudir la faena y el golazo de Edgar Marín Levy, extremo derecho del Saprissa.

La jugada aconteció en la noche inolvidable del 2 de febrero de 1972 en el Estadio Nacional, mientras los miles de aficionados que presenciábamos aquel duelo extraordinario entre Santos y Saprissa celebrábamos apretujados en el tendido de sol de una noche plena y, a la postre, histórica.

El encuentro finalizó 1 a 1, luego de que habíamos disfrutado con la magia de Edson Arantes do Nascimento, Pelé. Pero también nos entusiasmamos con el partidazo que jugaron los nuestros; con Heriberto Rojas, Fernando Príncipe Hernández, Asdrúbal Yuba Paniagua, Carlos Solano, en fin. Sobre todo con la calidad innata de Marín y de Yuba. Por cierto, en vista de que el habilidoso mediocampista morado se dio gusto driblando a los sorprendidos astros brasileños, se dijo que, a raíz de su gran actuación, los dirigentes santistas le propusieron a Paniagua llevarlo para el resto de la gira por Latinoamérica, lo que, finalmente, no se concretó.

A otros colegas y expertos como Rodrigo Calvo, Cristian Sandoval, Gerardo Coto y José Antonio Pastor les sobran conocimientos, estadística y autoridad para reseñar detalladamente la carrera de Edgar Guita Marín en el Saprissa, en el exterior (Estados Unidos y Holanda) y en la Selección Nacional, entre los años 1962 y 1979, período en el que Marín se mantuvo como futbolista activo de primer orden.

En este espacio me interesa destacar al ser humano. Me topo a don Edgar de vez en cuando en las inmediaciones del Instituto Nacional de Seguros. Tímido, como soy, apenas me animo a saludarlo y estrechar su mano, sin atreverme a entablar una larga conversación con él, como quisiera. O lo miro pasar a distancia, sin expresarle a viva voz cuánto admiré su manera de jugar al fútbol, su comportamiento ejemplar en las canchas y ahora en su vida cotidiana.

El certamen de Verano en la Primera División comienza mañana. Llevará el nombre de Edgar Marín Levy. Y yo celebro con admiración y respeto.

  • Comparta este artículo
Deportes

Edgar Marín, un deportista cabal

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota