Deportes

Desde la tribuna

De repente todos son uno

Actualizado el 16 de abril de 2015 a las 12:00 am

Deportes

De repente todos son uno

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Juan no conoce a Carlos, no sabe cómo se llama, dónde vive, cuántos años tiene.

Carlos lo ignora todo acerca de Rubén, estado civil, profesión, nombres de los padres.

Rubén no tiene la menor idea respecto a Carmen, qué le gusta o disgusta, cuáles son sus sueños y cuál es su pasatiempo favorito.

Carmen nunca antes había visto a Sergio, por lo tanto no tiene la menor sospecha sobre su carácter, sentido del humor o los hechos que más lo enojan.

Sergio, a su vez, no es pariente, amigo ni compañero de trabajo de Ana, de allí que no tiene porqué saber que su segundo nombre es Luisa; su primer apellido, Monge, y el segundo, Carmona.

A Ana Luisa le resulta familiar la cara de Antonio, pero en realidad es la primera vez que lo ve —lo confunde con un antiguo novio de una prima—; se sorprendería si él le contara que trabaja en la morgue de un hospital, se ha casado cuatro veces y tiene 11 hijos.

Antonio ni siquiera ha reparado en Diego; reiría a carcajadas si se diera cuenta que viven en la misma cuadra, frecuentan el mismo bar y, además, ambos están enamorados de Roxana, la hija del carnicero.

Diego mira de reojo a su vecina, Rebeca, quien se encuentra con sus hermanas Carolina y Valeria; desea romper el hielo, conversar con ella, preguntarle cuál es el equipo de sus amores, si asiste al estadio con frecuencia y —interrogante cajonera— por qué razón las tres son tan lindas.

Rebeca se encuentra a la par de Pablo; le haría gracia saber que ese niño estudia violín, se la pasa molestando a su hermano y su mascota es un canguro de tela.

Pablo está a la par de Matías, su hermano; conoce a su novia, el colegio donde estudia y la admiración que siente por Vladimir Putin, presidente de la Federación Rusa. Estas hermanas y estos hermanos son los únicos que se conocen en la gradería de sombra.

Matías no sabe nada de nada de quien ocupa el espacio a su lado, Mauricio; desconoce qué opina del presidente de la República, del exmandatario que anda con antojo de volver a Zapote y de los presuntos ofrecimientos de embajadas.

Mauricio ignora que Norberto, su vecino, es ateo, apoya la fecundación in vitro y le gustan las corridas de toros.

Tantos desconocidos en la gradería. Tantos desconocidos en el estadio. Pero cuando cae un gol todos se abrazan, brincan, gritan. De repente todos son uno.

  • Comparta este artículo
Deportes

De repente todos son uno

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota