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Tricolor le dio una alegría a un estadio a reventar

Costa Rica al fin pudo festejar en la hexagonal

Actualizado el 27 de marzo de 2013 a las 12:00 am

La Sele derrotó a Jamaica por 2-0 y se sacó toda la frustración de lo vivido el viernes en Estados Unidos

Michael Umaña abrió la ruta de la victoria en el primer tiempo; Diego Calvo sentenció el partido al cierre

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Aaaah, ¡qué bien se siente ganar!, ¡qué bien se siente dejar atrás toda la frustración acumulada desde el viernes, cuando quien sabe cuántos miles de ticos se cansaron de gritarle cosas a un televisor!

Sin importar cómo se triunfe, lograrlo permite sentir un alivio en todo el cuerpo, un respiro en la cabeza, una calma en el espíritu.

Está bien, esto es solo futbol, no es ningún tratado de paz mundial, pero no hay duda de que el 2-0 en la pizarra hará que muchos costarricenses se levanten hoy con una sonrisa en el rostro.

Ayer ante Jamaica, la Sele no tuvo ratos muy largos de buen futbol, y aunque todos quisieran verla jugar como el Brasil del 70, ayer lo que más importaba (y tal vez lo único) era sumar los tres puntos; salir del sótano de la tabla de la hexagonal; encender la chispa a ese sueño colectivo de regresar a un Mundial.

Lo que sí tuvo durante todo el compromiso fue hambre, deseo de revancha, amor por la camiseta.

Se vio justo antes del pitazo inicial, cuando todos los seleccionados le pidieron más voz a la afición. Se vio luego del primer gol, cuando la celebración unió a todos en el beso al escudo del anotador Michael Umaña. Se vio en los minutos finales, cuando no hubo ningún costarricense que no se barriera y diera una pelota por perdida.

Así se motiva a cualquiera. Así se desvanecen las dudas. Así se logran conseguir los objetivos.

Faltan cosas. Pero ojo, pónganle atención a que la mayoría de los halagos de las líneas previas van dirigidos a lo emocional.

En lo que es meramente táctico y técnico, es decir, en el toque, en mantener los bloques, en la transición, aún falta muchísimo camino.

Costa Rica tuvo para hacer más daño, más goles. Eso se hubiese traducido en menos sufrimiento.

Los caribeños regalaron demasiado espacio y permitieron a la Tricolor tocar con bastante tranquilidad en el mediocampo, algo extraño en una eliminatoria en la que hay tanto de por medio.

Sin embargo, no se aprovechó para entrar con más efectividad ni con el pie a pie, ni en contragolpe.

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Además, durante ese tome y dame sin mucha presión rival, aún así se regalaron muchísimos servicios, los cuales generaron tres peligrosos contragolpes que, de no ser por tapadones de lujo de Keilor Navas, la valla tica hubiese terminado con varios agujeros.

Lo bueno fue que si la Tricolor perdió la pelota muchas veces, Jamaica lo hizo el doble o el triple, con la diferencia de que los ticos sí la recuperaron por méritos propios.

De hecho, pelear el balón cerca del área visitante fue el reactor que propició que cayeran los goles.

El de Umaña llegó por medio de una falta cerca del área, impulsada por la lucha de Joel Campell.

El de Calvo vino después de un dobleteo en salida de Michael Barrantes y Ariel Rodríguez.

Pero todo a su tiempo. Ya habrá espacio para pulir esas cosas. Ahora, es mejor pensar en celebrar que la Sele está de vuelta en la pelea.

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