Por: Camila Salazar, Mercedes Agüero 8 abril

En sus mejores tiempos el tren atravesaba el país de costa a costa. Recorría desde las fincas bananeras en el Caribe hasta el puerto de Puntarenas, en el Pacífico.

Aunque en la actualidad la mayor parte de esa línea férrea no opera, la huella del ferrocarril sigue visible en decenas de pueblos que nacieron y se desarrollaron al calor de los rieles.

La Nación recorrió localidades donde el tren aún palpita gracias al servicio de transporte de carga, como ocurre en el Atlántico, y otras donde se le recuerda con nostalgia sin perder la esperanza de que algún día regrese.

Repase en esta selección gráfica algunos de los lugares y estructuras que permiten conservar la memoria del ferrocarril.