La vida delas personas adultas mayores no tienepor qué ser pasiva

 23 mayo, 2012

El mundo en general y en el caso que nos ocupa, Costa Rica se encuentra inmerso en un proceso de crecimiento acelerado de su población adulta mayor. Definitivamente, los cambios asociados a este proceso en el envejecimiento poblacional y los retos que conlleva son inéditos en la historia de cada uno de los países y sin duda deben ser vistos y enfrentados en un plazo relativamente corto, así como lo menciona el I Informe de la situación del adulto mayor en Costa Rica; específicamente donde se indica el propiciar un envejecimiento y una vejez con calidad ante todo.

La vida de las personas adultas mayores no tiene por qué ser pasiva o carente de participación en distintos ámbitos de la sociedad. Más aún, debe ser una preocupación de todos, donde el conjunto de cambios individuales, asociados al envejecimiento no impliquen una perdida de oportunidades y mucho menos de sus derechos. Por lo tanto, el país debe contar con un conjunto de instrumentos de protección e instituciones que la garanticen.

Si bien es cierto existen múltiples condiciones asociadas al envejecimiento, y estudios sobre este, no se cuenta con un consenso sobre la edad a la cual se es parte de este grupo, tanto así que la Organización de las Naciones Unidas considera que es a partir de los 60 años, mientras que en los países desarrollados, al igual que el nuestro, la diferencia se marca a los 65.

Desde el año 1992 (hace 20 años), se creó el posgrado en Geriatría con una gran visión de lo que en los años venideros ocurriría y posteriormente se da el advenimiento de un hecho que supondría vendría a brindar una nueva visión y enfoque en la atención del adulto mayor. Además, fue creada y aprobada en la Asamblea Legislativa la ley integral para la persona adulta mayor (ley 7935 del 25 de octubre de 1999), de lo que ya han transcurrido aproximadamente 13 años y en donde se establecen los derechos y beneficios para las personas adultas mayores de 65 años en Costa Rica. Sin embargo, es aquí donde se comienzan a evidenciar grandes diferencias en lo que respecta a estos beneficios y derechos en esta población.

Disparidades. En nuestro país, las diferencias desde el punto de vista de atención en salud se comienzan a marcar en situaciones muy particulares para cada una de las regiones. Y es que a pesar de los múltiples esfuerzos que se han tratado de realizar durante estos años por mejorar la atención de los adultos mayores, queda la sensación, basada en el diario vivir de que éstos no han surtido el efecto deseado en la atención de calidad para el adulto mayor.

Si bien es cierto datos presentes en el último censo poblacional evidencian que la población envejecida mayor de 60 años va en aumento, y se “supone” que la Ley prevé calidad de atención para este grupo etario, la situación es realmente muy diferente. Sobre todo tomado en cuenta que a diferencia de la prioridad en el servicio que reciben otros grupos poblacionales, si lo aplicamos al adulto mayor, en situaciones realmente básicas, se puede evidenciar que esa atención no ha sido la mejor.

Y es que no solo la formación de especialistas en este campo se vuelve importante pues no hay duda de que el recurso profesional es necesario, sino también los aspectos relacionados al desempeño de estos profesionales. Existen datos tan claros en cuanto a la desventaja en que se encuentra la atención a los adultos mayores, que no solo está relacionada con el acceso a los sistemas de salud como el nuestro, sino también con la capacidad de desenvolverse dentro de un sistema que no crea los mecanismos necesarios para que los profesionales relacionados con la atención en salud puedan brindarla.

Ejemplos claros se evidencian cada día en aspectos tan particulares como las ventajas de contar con profesionales de calidad en el área de Geriatría y en muchos casos no tener las herramientas suficientes de atención, e incluso espacios físicos y no físicos reales y dignos para la atención de los adultos mayores. Existen lugares en donde incluso la incursión de especialistas en el área, grupos con enormes ansias de realizar una labor de calidad como se aprende en nuestra formación, ha sido muy complicada; con dificultad para crear espacios, no contar con un lugar para brindar una atención digna, para elaborar e implementar programas; pues incluso dentro de la misma institución muchas veces no se cuenta con las herramientas que conviertan la atención de las personas adultas mayores en una atención diferenciada dadas las características de este grupo poblacional.

Si cada uno de nosotros hiciera conciencia de lo importantes que son los adultos mayores, es probable que las cosas cambien; en especial cuando los que tienen la capacidad de decisión le brinden los espacios y herramientas necesarios para una atención de calidad.

No basta con conocer o cuestionarse si se brinda atención o no, lo realmente importante es lograr que esa atención o servicio que se da sea el adecuado con el fin de mejorar la calidad de vida de nuestros ancianos, pero, sobre todo, con el objetivo de evitar discapacidad y aumentar funcionalidad. ¿Cuán importantes son nuestros adultos mayores? La respuesta está en sus manos.

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