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Actualizado el 31 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Los dirigentes sindicales del servicio de Nutrición del Hospital San Juan de Dios se apuntaron anteayer un triunfo histórico, que debe quedar inscrito en los anales del sindicalismo nacional. Así lo consignamos, pues omitir este hecho mancharía el valor moral de quienes lo planificaron y llevaron a cabo con singular entereza.

Los dirigentes hospitalarios, molestos hasta lo más hondo de su alma por la renuencia de las autoridades en cambiar los equipos y por la negativa de restablecer el gran calentador de agua para el funcionamiento adecuado del lavaplatos industrial en uso, idearon una solución genial y de hondo sentido humanitario: no servir el almuerzo.

En vista de que el servicio de comida constituye un derecho humano y pasaba el tiempo, la Dirección Médica optó por lo justo y humano: una contratación urgente de 540 almuerzos con el restaurante Fogo Brasil, en Sabana este, en San José, cuyo costo fue 1.728.000 colones. El discreto menú consistió en pollo rostizado sin grasa, verduras al vapor y puré, arroz, frijoles y ensalada. Los primeros 90 platos llegaron al hospital pasadas las 2 p.m. y a las 4.30 p. m. concluyó la faena. El paro comenzó a las 7 a.m. El líder sindical dijo que la responsabilidad por no haberse servido a tiempo el almuerzo recaía sobre las autoridades del hospital “pues ya conocían la situación de Nutrición”. Un argumento indigno e indignante.

La directora médica reconoció las deficiencias denunciadas, pero culpó a los dirigentes sindicales por poner en riesgo la salud de centenares de personas y, sobre todo, agregamos, por no haber correspondencia alguna entre unas cuantas exigencias sindicales y la decisión de suspender el servicio de comida. Se instrumentalizó un derecho humano como medida de presión.

Pareciera, a primera vista, que se trata simplemente de una jugarreta sindical, pero no, estamos frente a una táctica desmesurada: usar un derecho vital de las personas para satisfacer intereses de otra índole. El uso, por lo tanto, de un derecho de esta magnitud con fines perversos desnaturaliza la esencia del sindicalismo y de las relaciones entre seres humanos, que forma parte de la escalada sindical en nuestro país, cada vez más descarada, contra la ley y la moral.

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¿Qué más da un acto de esta naturaleza ante otros abusos sindicales de elevado costo económico y si, además, como expresó el líder sindical de Undeca, ya las autoridades de la CCSS conocían esta situación? Esta es la cuestión primordial. No se trata de números o de dinero, sino de los valores esenciales de las personas o de la sociedad.

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