Un día de rafting , cataratas y emociones extremas

Thelma Darkings encaró al Pacuare

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Después de cuatro horas de remar, combatir y empaparse en una inquieta balsa con Thelma Darkings –presentadora de tv–, la pregunta sigue siendo la misma: ¿qué será más revoltoso el río Pacuare o la risueña actriz?

Nosotros le dijimos Aventúrese y ella aceptó. La presentadora del programa Entre Nos , de Canal 9, asumió el reto de navegar y enfrentar, con su pizpireta, traviesa y vivaz forma de ser, el río Pacuare y sus rápidos, los más inquietos, exuberantes y turbulentos de Costa Rica.

Sin titubear, Darkings se embarcó en la aventura y le dijo sí a las aguas bravas del Pacuare. Le entró sin miedo y se dejó seducir por esa magia que el río reserva solo para quienes se atreven a desafiarlo.

A las 5:45 a. m., estaba Darkings en San José dispuesta a todo. Allí, tomó la buseta rumbo al aquel río, del cual solo había escuchado apasionantes historias de aventuras.

Todas las empresas de aventura que trabajan en el Pacuare trasladan a los turistas desde la capital hasta el lugar.

Sin temor a burlas y como anunciándolo en altavoces, Darkings advirtió lo que ya toda la expedición sospechaba: “En el río, yo grito, grito y gritaré por todo”. Así dijo la coqueta negra, mientras imaginaba la balsa, el agua fría y la acción de los trepidantes rápidos – clase III y IV–.

De ‘tour’. Dos horas en carro. Eso es lo que más o menos se tarda del centro de San José a la zona de Siquirres, donde se ubican la mayoría de centros operacionales que hacen rafting por el Pacuare.

Un abundante pinto, huevo, pan, frutas y un buen jugo de naranja es la gasolina que ofrece la empresa Ríos Tropicales para iniciar el día y enfrentar con el estómago contento el desafío.

Tras un pequeño periplo en buseta, se encuentra un viejo chapulín, que, con la fuerza de la tradición campesina, jalará una carreta repleta de emocionados turistas. Este es el primer contacto entre quienes se apuntaron a este desafío.

Todo lo anterior es parte vital de la aventura; el rafting es un deporte extremo de equipo y, como tal, es imposible no estrechar vínculos con los demás miembros de la expedición. Es más, es muy necesario.

El chapulín se detiene y, con su imponencia, el Pacuare saluda a sus visitantes. Se hace escuchar con el rugido de sus aguas.

Con la armadura. Mientras los expedicionistas se ‘visten de seguridad’, paso infaltable en el protocolo, Thelma no para de bromear, se pone el casco al revés y, entre decenas, no encuentra un chaleco de su talla.

Con el remo en la mano y el atuendo puesto; la adrenalina empieza a burbujear. Sin embargo, Thelma, quien parece inhalar la energía de la naturaleza, se muestra mas bien relajada, tranquila.

“Esto me encanta. Amo a Costa Rica, sus bellezas; yo soy de las que no envidio los goces de Europa. Estoy emocionada y feliz de estar aquí. no tengo nada de miedo”, expresa la presentadora.

A remar parejo. ¡Llegó la hora! Según los guías, el Pacuare comenzó el año “muy técnico”; es decir, por el nivel moderado del agua, habrá que ejecutar muchas maniobras para sortear los rápidos de la mejor manera posible.

¡Sí, sí! El río estaría tan revoltoso que dentro de las posibilidades estaba un involuntario chapuzón –principal temor de los turistas–.

“Siempre hay riesgos, pero, si siguen los consejos, los comandos del guía y todos trabajan en equipo, no tiene porque pasar nada”, dijo Walter Monge, guía del grupo.

El sol no brilló ese día, aún siendo verano, pero tal como estaba previsto el río le dio a Darkings a un poco de su propia medicina: estuvo enérgico y muy inquieto.

El Pacuare lo demostró desde los primeros rápidos, que provocaron que Darkings y demás acompañantes soltaran el remo, perdieran la posición en que estaban sentados y pasaran algunos apuros.

En uno de los rápidos, Darkings voló y cayó dentro de la balsa; por suerte, no se consumió en el agua.

Si usted desafía al Pacuare, definitivamente no olvidará la acción en Terciopelo, Doble Piso, Pinball arriba, Pinball abajo y Huacas, los rápidos clase IV. También se emocionará con los categoría III, que, de vez en cuando, se complican para aquellos que cruzan las corrientes.

Lejos de amedrentar, los sustos que pega el río son los que le ponen sazón y encanto al viaje. En cada rápido, se goza, se ríe, se bromea y se acrecienta la unión de grupo en situaciones de aparente riesgo. Indicaciones del guía van e indicaciones vienen, todos escuchan y trabajan para avanzar sin tregua.

Deleite. Aunque el rafting es un deporte que no tendría sentido sin los rápidos, el Pacuare es también un deleite gracias al tesoro natural que se muestra al recorrerlo.

En medio de tanta adrenalina y movimiento, el cuerpo encuentra descanso tramo a tramo. Rápido a rápido, el verde del bosque, en donde todavía habitan grupos de indígenas cabécar extasía con su belleza.

Desde su balsa, el viajero observa variedad de aves; su retina se refresca entre decenas de frías cataratas y queda embelesado con el llamado Cañón de Dos Montañas. En ese punto, el río se hace angosto, se duerme y es flanqueado en su mancedumbre por dos riscos de piedra.

“Esto es hermoso. Vengan, vengan. Todo esto hace que cada vez me enamore más de mi país amado”, expresa Darkings susurrante, aceptando la tregua que de pronto propone el Pacuare.

Luego del Cañón de Dos Montañas, los rápidos siguen y la aventura continúa emocionando. El Pacuare no para de estremecer a todos aunque cada vez con menos intensidad.

Cuando el tour agota los 21, 6 kilómetros de intenso recorrido, Thelma y los expedicionarios han creado un curioso vínculo. Entre nuevos amigos y relajadas pláticas, la inigualable travesía cierra con un buen almuerzo y, en especial, con un suculento menú de anécdotas.

Así, el Pacuare y Thelma –los dos revoltosos del Caribe– terminan una dulce y equilibrada contienda. ¡Aventúrese y rételo usted también! Los rápidos lo esperan.

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