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Enigmas chechenos

Actualizado el 25 de abril de 2013 a las 12:00 am

¿Habrá manos secretas en la presente causa célebre en Boston?

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En respuesta a un llamado de auxilio, Scotland Yard acudió a la lujosa residencia del matemático y oligarca ruso Boris Berezovsky en un aislado suburbio londinense el 25 de marzo último.

Los agentes policiales conocían el historial de conflictos de este personaje con el presidente ruso Vladimir Putin. Derribada la puerta del dormitorio, encontraron en el suelo del baño el cuerpo sin vida de Berezovsky. Los forenses dictaminaron que había fallecido el día anterior como consecuencia de un suicidio o un asesinato. Al revisar el dormitorio, en su vestuario encontraron trajes del occiso con insignias de Chechenia en las solapas.

¿Chechenia? Esta convulsa región ha sido, por décadas, un dolor de cabeza para el Kremlin. En especial, Putin decidió aplastar la insurgencia mediante cruentas campañas militares que le ganaron severas críticas dentro y fuera de Rusia.

Un amigo cercano del occiso, el presidente de Chechenia en exilio Ahmed Zakayev, declaró a la prensa que el fallecido no se habría quitado la vida. Enfatizó que era más probable que Putin y su gente habrían sacado del camino al célebre adversario. Hizo relación de la cercana amistad que años atrás unía a Putin con Boris quien eventualmente apoyó la carrera política del primero.

En época del presidente ruso Boris Yeltsin, Berezovsky devino en uno de los llamados oligarcas mediante meganegocios surgidos de la privatización postsoviética. Era amigo y consejero cercano de Yeltsin, y desde esa posición había trabado amistad con un joven exagente de la KGB soviética, Vladimir Putin, quien aspiraba escalar en su carrera política, como en efecto ocurrió.

En todo caso, la relación de Berezovsky con Putin se agrió, sobre todo por diferencias de criterio en torno a la guerra en Chechenia. El ahora mandatario ruso no era fácil de avenir y temprano, en la década de los 2000, ordenó a su mayoría parlamentaria aprobar leyes que le abrían las puertas a la eliminación física de sus adversarios.

Las diferencias con Putin llegaron a un punto en el que Berezovsky consideró conveniente exiliarse. De antemano, sus abogados lograron obtener para su cliente la condición de refugiado político, que facilitó su traslado a Londres. Con el tiempo, su inmensa fortuna sufrió mella por litigios con socios comerciales y últimamente por el divorcio con su esposa. Miles de millones de dólares volaron por los tribunales europeos que lo obligaron a desprenderse de toda suerte de activos, desde lujosas viviendas a obras de arte. En su vida privada sufrió amargamente y su perfil público se opacó.

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Volviendo a Zakayev, este colega de exilio y amigo, precavió a Berezovsky sobre las acciones homicidas de los servicios secretos rusos, incluido un atentado contra el mismo Zakayev en Londres, descubierto por el MI5 inglés el año pasado. Añadamos la serie de homicidios de periodistas críticos de Putin, como fue el caso célebre de Anna Politkovskaya, asesinada a tiros en el umbral de su residencia en Moscú, en octubre del 2006.

La controversia suscitada por estas acciones generó un escándalo mayúsculo que, por desgracia, no inhibió una implacable batida contra la prensa. Lamentablemente, nunca se logró probar la autoría de estos crímenes. Igual ocurrió con un exagente de la KGB radicado en Londres, Alexánder Litvinenko, envenenado con polonio-210 radiactivo mezclado con el té, en un conocido restaurante.

¿Habrá manos secretas en la presente causa célebre en Boston? Los coautores principales de este capítulo son dos jóvenes hermanos inmersos en el lamentable huracán de Chechenia y oriundos de esa turbulenta región. No olvidemos que hasta fechas recientes, tanto separatistas como dirigentes opositores de Chechenia han sido eliminados en acciones similares a las que motivan este comentario.

Otra duda que debemos agregar. Los amigos cercanos de Berezovsky insisten en que, no obstante las dificultades que venía encarando, esta decaída figura no era proclive al suicidio. La limpieza esmerada del cadáver y del recinto donde lo encontraron presentaban una pulcritud extraña y poco frecuente en el ámbito del crimen. Al fin de cuentas, era el tipo de operación signada por Putin.

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