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Actualizado el 06 de mayo de 2012 a las 12:00 am

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Fue esplendorosa la mañana del 10 de marzo de 1952. Bajo el patriótico y flameante amparo de las banderas de Cuba y de Costa Rica -la escuela llevaba el nombre de “República de Costa Rica”- el Director nos informó, en un lenguaje burocrático que parecía un préstamo de los noticieros soviéticos de entonces, que aquella madrugada el general Fulgencio Batista, jefe del ejército, había derrocado al Presidente constitucional Carlos Prío y, por lo tanto, había ahora un nuevo gobierno “igualmente democrático”. Esto último, desde luego, dicho en tono de ironía y en mi ingenuidad tica pensé que pronto oiríamos algo sobre los levantamientos populares de protesta que se producirían en todos los rincones de la Isla. Pero me quedé esperando y cuando, en el año nuevo de 1957, regresé por fin a Costa Rica, la dictadura seguía tan campante como el tío de William Walker que aparece en las botellas.

En mi puerilidad cívica no me había percatado de que el régimen “constitucional y democrático” de Carlos Prío y su Partido Revolucionario Cubano (PRC) era tan desfachatadamente corrupto, inoperante y desesperanzador que para la mayoría de los cubanos no valía la pena sacrificar un pelo por salvarlo, aun cuando no les hiciera mucha gracia tener al ejército y a su chafarote mayor como árbitros de la situación. Por el momento, todo el mundo se quedó en la casa como si nada hubiera ocurrido y pasaría casi año y medio antes de que el asalto al Cuartel Moncada diera señal de que algún día las cosas comenzarían a moverse. Para entonces, ya Prío y su desprestigiado PRC se habían quedado sin futuro y estaban fuera de la memoria de los cubanos.

Desde allá volaron mis recuerdos cuando leí que don Luis Alberto Monge había dicho algo así como que por dicha en Costa Rica no hay ejército porque en la situación actual de nuestro país ya alguien lo habría utilizado, me imagino que para poner orden como en su oportunidad había proclamado el funesto general Batista. Pensé que le sobraba razón a don Luis Alberto, y cuanto más vueltas le doy a lo dicho por nuestro ex-Presidente más me convenzo de que el régimen que tenemos ahora en el país de la segunda bandera del relato comienza a parecerse a un jimagua -aquí decimos gemelo- del que en Cuba presidía Carlos Prío. De hecho, desde un tiempo para acá suele suceder que, caminando por San José, me siento de pronto como transportado a La Habana de 1956. Y hoy no me queda más que decirme: “oye, chico, don Luis Alberto es un mago, qué dicha que no tenemos ejército, de haberlo tenido el 10 de marzo de 2012 podría habría sido algo más que un aniversario”.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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