La Embajada de Alemania y Preámbulo presentan un ciclo de cine dedicado a Berlín, ciudad emblemática para la historia del siglo XX

Por: Ernesto Calvo 4 noviembre
Bruno Ganz en el papel de un ángel en 'El cielo sobre Berlín', de Wim Wenders. Foto: Cortesía de Preámbulo.
Bruno Ganz en el papel de un ángel en 'El cielo sobre Berlín', de Wim Wenders. Foto: Cortesía de Preámbulo.

Había una vez una ciudad que sobrevivió a dos “guerras mundiales” y una Guerra Fría, a la República liberal de Weimar y al Tercer Reich nazi, que logró reunificarse luego de una tensa confrontación ideológica, que levantó alambradas y, luego, una pared de hormigón para dividirla y que hoy renace, globalizada, entre auges inmobiliarios y gentrificaciones, ostentación tecnológica y desigualdades sociales, migraciones y conflictos interculturales.

En esa ciudad se inspiró el director Win Wenders para realizar su reconocida El cielo sobre Berlín (1987). A partir de un guion de Wenders y del dramaturgo y novelista Peter Handke (que ya había colaborado con ese director en otros filmes: El miedo del portero al penalti y Falso movimiento), este filme propone a dos ángeles –Cassiel y Damiel– que vagan por la ciudad tratando de mitigar los conflictos y dilemas, miserias y tristezas de sus habitantes.

La dramaturgia de Wenders-Hanske adquiere rasgos surreales de teatralidad al metaforizar lo mundano con versos que retoman desde Rainer María Rilke a los haikus orientales. A veces, este recurso pueden rozar lo pedante o cursi, pero su utilización se acepta debido a la potencia de sus interrogantes y el humanismo de su visión.

A esto se suma una banda sonora donde participa Nick Cave and the Bad Seeds, con la pieza Wings of Desire, justo en el momento en que el ángel Damiel se vuelve mortal debido al amor que le confiesa a la terrenal Marion.

Al recorrer arquitecturas neoclásicas y barrocas –desde la Biblioteca Nacional y la Puerta de Brandeburgo hasta la catedral de la ciudad o la plaza Postdamer–, la fotografía de El cielo sobre Berlín alterna el uso del blanco y negro –con tonos sepia– para seguir a esos ángeles modernos en su deambular citadino o de colores más naturalistas cuando se acercan a la terrenal realidad.

El gran fotógrafo Henri Alekan –antes había trabajado con Jean Cocteau (La bella y la bestia, 1946), Wiliam Wyler (Vacaciones en Roma, 1953) o Raoul Ruiz (El techo de la ballena, 1982)– hace un énfasis no solo en esos contrastes cromáticos, sino, además, en arriesgados travellings, tomas cenitales y planos-secuencias alargados, los cuales le dan a El cielo sobre Berlín esa visualidad poética por la que ha sido tan reconocida.

Afiche de 'Good Bye, Lenin!' (2003), de Wolfgang Becker.
Afiche de 'Good Bye, Lenin!' (2003), de Wolfgang Becker.
Adiós Lenin y al Muro

Lejos de esa visión metafórica de El cielo sobre Berlín, el filme Good Bye, Lenin!, del realizador Wolfgang Becker, se acerca a esa ciudad dividida justo antes de que el 9 de noviembre de 1989, por la presión popular y la crisis del régimen, fueran abiertas las fronteras y se comenzara a desmontar ese llamado “muro de la vergüenza”.

Adiós Lenin nos acerca al descreído joven Daniel y a su madre Christiane, ferviente comunista y defensora del régimen; justo antes de la apertura del muro, ella sufre un infarto y cae en coma al ver cómo arrestaban a su hijo en medio de las protestas.

Ante el temor de que su madre vuelva a sufrir otro infarto y muera, al darse cuenta de que su amado país ha desaparecido de la noche a la mañana, Daniel genera una especie de microficción en la habitación donde Christiane está convaleciente. Haciendo malabares para conseguir alimentos del antiguo –y magro– mercado socialista o filmando noticieros falsos en los que, incluso, se informa que los ciudadanos de la Alemania Occidental han comenzado a huir al “paraíso socialista” del este, Daniel piensa que engañará eternamente a su madre.

Sin embargo, en algún momento Christiane le confiesa a su hijo y hermana que ella trató de huir con su padre hacia Alemania Occidental, pero, al no poder irse con ellos, decidió sobrevivir como casi todos lo hacían en esos regímenes totalitarios: simulando y mintiendo.

Con un humor entre sarcástico y nostálgico, Adiós Lenin se inscribe en esa tendencia llamada “ostalgia”, que intenta rescatar una visión crítica, pero a la vez algo edulcorada de los modos de vida y elementos simbólicos –desde objetos y ropas hasta alimentos o tecnologías– de esos países y personas que vivieron detrás del llamado “telón de acero”.

Aunque más allá de esas nostalgias, lo que parece reivindicar Good Bye, Lenin! es una reflexión actual sobre lo que se ha perdido y ganado dentro de esos radicales cambios en los modos de vida después de la reunificación alemana, y cómo en Berlín oriental eso ha afectado a sus habitantes.

'Conejos a la berlinesa' (2009), de Bartosz Konopka. Imagen: Cortesía de Preámbulo.
'Conejos a la berlinesa' (2009), de Bartosz Konopka. Imagen: Cortesía de Preámbulo.
El muro y los conejos

Lo interesante del ciclo dedicado por Preámbulo a Berlín y las problemáticas que rodean al Muro es que no solo se proyectarán los dos filmes reseñados, sino también otras visiones más allá de la ficción: desde el documental Conejos a la berlinesa hasta la animación Esterhazy (ambos del 2009).

Conejos a la berlinesa, del polaco Bartosz Konopka, usa la mezcla de imágenes de archivo de esa época y otras más recientes para acercarnos a la curiosa y numerosa población de conejos que vivió en el espacio entre las dos Alemanias, donde se alzó el Muro, precisamente por el aislamiento –de otros animales y de los propios humanos– que allí gozaban esos conejos.

Esa particular circunstancia le sirve al realizador del documental para hacer un sugestivo símil entre la vida aislada y tranquila, pero vulnerable y asustadiza de esos conejos y las limitaciones de los ciudadanos de Alemania Oriental, incluyendo la posibilidad de cambiar esas condiciones de aislamiento y falta de libertades.

Por otra parte, en Esterhazy, de la realizadora polaca Izabela Plucinska, otra vez los conejos y el Muro son centrales, mediante una animación stop motion con personajes y escenarios de plasticina. Narra en tono de comedia la peregrinación del conejo vienés Esterhazy, que va en busca de ese lugar aislado entre las dos Berlín de la época, donde al parecer los conejos viven felices.

Basado en la novela gráfica de Irene Dische y el reconocido escritor y periodista Hans Magnus Enzensberger, esta animación cuestiona la búsqueda de una “tierra prometida” con la metáfora de esos animales asustadizos que prefieren la tranquilidad del encierro y las madrigueras seguras a la posibilidad de escapar de su confinamiento colectivo y vivir con riesgos.

Así, como dijo alguna vez el canciller socialdemócrata Willy Brandt, al referirse en ese mismo Berlín posmuro a la pervivencia en los humanos dentro sus propios muros internos: “Las barreras mentales, por lo general, perviven por más tiempo que las de hormigón”.

Escena de 'Good Bye, Lenin!', película alemana del 2003. Imagen: Cortesía de Preámbulo.
Escena de 'Good Bye, Lenin!', película alemana del 2003. Imagen: Cortesía de Preámbulo.
No se pierdan estos filmes
  • Miércoles 8: El cielo sobre Berlín
  • Miércoles 22: Adiós Lenin
  • Miércoles 29: Conejos a la berlinesa y Esterhazy

Todas las funciones de estas películas serán a las 7 p. m. en el Centro de Cine, ubicado detrás del edificio principal del Instituto Nacional de Seguros (INS) en San José. La entrada es gratuita.



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