Viernes 13 de marzo de 2026

Las cuatro dimensiones del saqueo de oro en Conchudita que el país no puede ignorar

Las investigaciones recientes de La Nación sobre la minería ilegal en el cerro Conchudita obligan a analizar el problema con una perspectiva más amplia que la meramente ambiental. La devastación del bosque, la apertura de túneles y el uso clandestino de cianuro en plena montaña son hechos alarmantes por sí mismos. Pero el fenómeno revela algo aún más preocupante: los riesgos que surgen cuando el Estado pierde capacidad de control efectivo sobre partes de su propio territorio.

En el siglo XVII, Thomas Hobbes advirtió de que la función primordial del Estado era evitar que los territorios cayeran en una situación de ausencia de autoridad, donde cada actor persigue sus intereses sin reglas comunes y donde la depredación termina imponiéndose sobre el orden. Cuatro siglos después, sus ideas siguen siendo útiles para comprender fenómenos contemporáneos como la minería ilegal.

Las zonas fronterizas suelen ser especialmente vulnerables a estas dinámicas. Su geografía, la movilidad histórica de las poblaciones y la complejidad de la vigilancia institucional hacen que la presencia del Estado sea más frágil. Cuando esa presencia se vuelve intermitente o insuficiente, otros actores encuentran rápidamente incentivos para ocupar ese espacio.

El caso de Conchudita parece responder a ese patrón. La actividad documentada no corresponde a iniciativas aisladas de coligalleros. El reportaje describe una operación sostenida que combina extracción, transporte de material aurífero, uso de químicos y traslado del mineral hacia el otro lado de la frontera para su procesamiento. Es, en los hechos, una cadena económica organizada capaz de operar donde el control estatal es intermitente.

La experiencia internacional muestra que este fenómeno no es excepcional. En vastas regiones de la Amazonía, la debilidad del control estatal permitió, durante décadas, la expansión de explotaciones auríferas ilegales que hoy generan deforestación masiva, contaminación de ríos y una economía criminal extractiva difícil de desmantelar. Algo similar ocurrió en Colombia, donde la minería ilegal terminó convirtiéndose en una fuente relevante de financiamiento para redes criminales en territorios donde el Estado no lograba establecer presencia sostenida.

Costa Rica no enfrenta la escala de esos países, pero las dinámicas que favorecen el surgimiento de economías ilegales de extracción son comparables. El oro posee características que lo vuelven particularmente atractivo para estas actividades: es fácil de transportar, difícil de rastrear y mantiene un alto valor en el mercado internacional. Cuando ese recurso aparece en territorios con vigilancia institucional limitada, surge de inmediato el incentivo para su explotación ilegal sistemática.

El fenómeno que se observa en Conchudita tiene al menos cuatro dimensiones que el país no puede ignorar: ambiental, por la devastación del bosque y el uso de químicos; criminal, por las redes que financian y organizan la extracción; transfronteriza, por el traslado del mineral hacia el otro lado de la frontera, e institucional, porque revela las dificultades del Estado para ejercer control efectivo sobre su propio territorio.

Las respuestas públicas frente a estos fenómenos han sido insuficientes. La destrucción de campamentos, el decomiso de herramientas o la detención de algunos trabajadores son acciones necesarias, pero, cuando se realizan de forma ocasional, rara vez modifican las condiciones que permiten la actividad. Cuando el valor del recurso sigue siendo alto y la vigilancia estatal no es continua, la explotación ilegal tiende a reaparecer.

Crucitas ya evidenció cómo la minería ilegal puede persistir durante años incluso frente a intervenciones periódicas de las autoridades. Esa experiencia debería servir de advertencia para evitar que el fenómeno se consolide ahora en Conchudita o se desplace hacia otros puntos de la frontera norte.

El desafío no consiste únicamente en cerrar un campamento o detener a un grupo de coligalleros. Consiste en asegurar que el territorio nacional no contenga zonas donde la autoridad pública se vuelva esporádica. Allí donde el Estado aparece solo ocasionalmente, las economías ilegales tienden a consolidarse con rapidez.

La advertencia de Hobbes sigue siendo pertinente: cuando la autoridad pública se debilita, otros actores ocupan el espacio. En el mundo contemporáneo, esas ocupaciones suelen adoptar la forma de economías ilegales capaces de transformar territorios enteros.

Si el fenómeno es multidimensional, la respuesta del Estado no puede ser fragmentaria. Solo una acción sostenida que aborde todas las dimensiones involucradas evitará que Conchudita se convierta en el próximo capítulo de un problema que el país ya conoce demasiado bien.

El drama de los niños atrapados en la guerra

Los desplazados se alojan en refugios, escuelas, carros, o duermen en la calle. El impacto que esto tiene en los niños es devastador. Sus escuelas están cerradas, por lo que no solo no tienen acceso a la educación, sino tampoco a sus amigos

¿Es necesario expresar tanto odio?

¿Por qué no podemos tener un encuentro ciudadano pacífico? ¿Es necesario irrumpir con gritos, insultos y carteles con mensajes de odio en un encuentro ciudadano, democrático y transparente? ¿Quién está detrás de estas manifestaciones y por qué?

Orinales a cielo abierto, ¡qué pestilencia!

Cuidar los parques es también cuidar la dignidad urbana. La ciudadanía merece espacios públicos limpios, seguros y habitables

Una ofensiva contra el modelo de universidad del último siglo

En Costa Rica, errores particulares de las autoridades universitarias están siendo utilizados por el gobierno y otros sectores para cuestionar el modelo mismo de universidad pública

Oro sucio en Crucitas y Conchudita

Cada vez estoy más convencido de que la solución pasa por concesiones privadas asentadas en la legalidad, armoniosas con el ambiente, eficientes en su operación y blindadas contra la corrupción

Infocoop: Cuando el capitán no sabe hacia dónde va, el barco está condenado al naufragio

Al no establecer filtros técnicos rigurosos ni protocolos de resguardo para los fondos que se le confían, la cúpula de la institución ha dejado la puerta abierta a la discrecionalidad, transformando una entidad de fomento en un feudo de ineficiencia

Aprovechemos la oportunidad y dolaricemos

Nada ocurre si no se inicia la discusión. Estoy convencido de que esta podría ser la mejor ruta para encaminar al país hacia un progreso socioeconómico sostenido

La ‘erosión estructural’ de la libertad de expresión sobre la que alerta la SIP

El panorama es preocupante, pues la libertad de expresión es el núcleo de la democracia

Lea las Últimas noticias