Daniela Quirós Lépiz llegó a ese caluroso país africano en abril anterior. Ahí se enfermó de malaria y ha sufrido intoxicaciones con alimentos

Por: Jairo Villegas S. 27 noviembre
Daniela Quirós Lépiz es periodista. En la imagen la acompañan colegas de Mali y Togo, en una conferencia en Johannesburgo, Sudáfrica.
Daniela Quirós Lépiz es periodista. En la imagen la acompañan colegas de Mali y Togo, en una conferencia en Johannesburgo, Sudáfrica.

En la avenida Kwame Nkrumah, una de las pocas pavimentadas en Uagadugú, capital de Burkina Faso, han ocurrido dos atentados en el último año y medio, prácticamente uno al frente del otro, que dejaron 50 muertos.

Esa calle principal es blanco apetecible para cualquier grupo terrorista porque está rodeada de múltiples comercios y sedes de organismos internacionales.

En esa vía y en los alrededores hay unos cuantos restaurantes frecuentados por los extranjeros que residen en esa empobrecida ciudad, en la que cerca del 30% de la población vive con menos de $1 (¢570) al día, según la confederación internacional Oxfam.

“Aquí los extranjeros son franceses y tienen su grupo de apoyo, pero como tica estoy sola, en África no hay una sola embajada, no hay red de apoyo. Recibo mensajes de la Embajada de España, pero sé que estoy sola, que nadie me va a contactar si mañana sufro un accidente. Esa soledad es una de las cosas más difíciles”.

El calor se vuelve insoportable, con temperaturas de hasta 40 grados y una sensación térmica mayor, que provocan dolores de cabeza y esa horrible sensación de tener el cuerpo pegajoso por el sudor, incontrolable con solo caminar unos cuantos metros.

La costarricense Daniela Quirós con su mejor amiga, Kadija, quien es de Burkina Faso.
La costarricense Daniela Quirós con su mejor amiga, Kadija, quien es de Burkina Faso.

Los cortes de la electricidad ocurren con alguna frecuencia, incluso cinco veces al día, con una temible consecuencia: dejan de funcionar los ventiladores o el aire acondicionado, por lo que el ambiente llega al punto de sofocación, incluyendo en las noches, que se vuelven eternas e imposibles para caer en un sueño profundo.

En Uagadugú, bajo esas condiciones, vive desde abril la periodista costarricense Daniela Quirós Lépiz, quien trabaja en la organización no gubernamental Center Norbert Zongo for Investigative Reporting in West Africa.

Zongo fue un periodista de Burkina Faso asesinado en diciembre de 1998 mientras investigaba un homicidio ocurrido en el Palacio Presidencial, al parecer por parte de un hermano del dictador Blaise Compaoré, quien gobernó el país de 1987 a 2014. La muerte del comunicador provocó manifestaciones, que fueron el principio de la caída de la dictadura.

“Un día mío acá es levantarme, caminar por las calles de polvo unos cinco minutos y llegar a la oficina; después de eso, no hay nada más que hacer”.

Al caminar por la calle, driblando motos, pues abundan mientras que las aceras son prácticamente una utopía, Daniela luce un anillo de matrimonio, pero no está casada.

En Uagadugú abundan las motocicletas y no es necesario tener licencia para conducirlas; además, sirven de transporte de carga. Fotografía: Daniela Quirós
En Uagadugú abundan las motocicletas y no es necesario tener licencia para conducirlas; además, sirven de transporte de carga. Fotografía: Daniela Quirós

“Burkina Faso no es inseguro al salir a caminar, pero sí hacen un acercamiento (los hombres) y lo que hago es que uso un anillo como si estuviera casada y con eso ya, nadie viene, nadie me pregunta, no porque me respeten a mí, sino porque respetan al marido que no existe”, confesó Quirós.

Esta recomendación se la dio una amiga, luego de recibir propuestas indecorosas en dos ocasiones.

Ella ha estado en otras naciones africanas, como Sudáfrica, Senegal, Malí, Togo y Ghana, pero considera Burkina Faso la más difícil para vivir.

“No se necesita licencia para andar en moto, así que se imaginará cómo es la calle. Es muy complicado vivir aquí porque no hay nada que hacer (como actividades deportivas; incluso los gimnasios son escasos). Solo hay unos cuantos restaurantes a los que se puede ir, pues los demás son los maquis (similares a soditas)”, expresó.

En estos últimos es muy riesgoso comer debido a las pocas normas de higiene con que preparan la comida. De hecho, relata Quirós, al caminar por algunas calles secundarias es posible percibir un fuerte olor a carne y pescado, productos que no están en refrigeración, sino a la intemperie.

Este es uno de los mercados de Uagadugú, capital de Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós
Este es uno de los mercados de Uagadugú, capital de Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós

La base de la comida de Burkina Faso es arroz con plátano maduro y carne.

“La comida, después de la malaria, me da mucho asco en general; como porque tengo hambre, aunque generalmente no siento apetito. Además, eso de comer arroz con carne, siempre y solamente eso, pues cansa un poco”.

Daniela prefiere ordenar para llevar a su casa, muchas veces pizza ante las pocas opciones de calidad y el temor de sufrir de nuevo una intoxicación con alimentos, como le ha ocurrido.

También se siente más segura si come donde vive, porque en la calle se respira un ambiente de tensión debido a las amenazas constantes de atentados, por lo que lo ideal es no permanecer mucho tiempo en sitios públicos.

Esta es una de las comidas típicas de Burkina Faso. Se trata de pollo en salsa y arroz. Fotografía: Daniela Quirós
Esta es una de las comidas típicas de Burkina Faso. Se trata de pollo en salsa y arroz. Fotografía: Daniela Quirós

“Se llega a un bar y siempre están armados (vigilantes). La comida no es tan fácil encontrarla en el supermercado, pues las frutas, desde que las tomas, están viejas. Nunca he comido ensalada en un restaurante porque es peligroso. Si uno compra lechuga, la recomendación es lavarla muy bien, pero con cloro”.

Otra opción para adquirir algunos alimentos para preparar es ir al mercado principal de esta ciudad; otro gran desafío para Daniela: “Para ellos soy blanca pese a ser trigueña y eso, en este país, significa que tengo dinero, debido a la historia reciente, por eso cuando me bajo del auto en el mercado no se puede caminar, vienen todos y me empujan ofreciendo cosas”.

Imagen de Uagadugú, la empobrecida capital de Burkina Faso. Fotografía Daniela Quirós
Imagen de Uagadugú, la empobrecida capital de Burkina Faso. Fotografía Daniela Quirós

Sobre el riesgo a enfermedades, Daniela no quiere volver a pasar por lo mismo, pues sufrió malaria y dice que estuvo muy mal. Dicho padecimiento provoca fiebre, dolor de cabeza, náuseas y dolor muscular; las consecuencias pueden ser fatales en casos extremos. Acudió a un hospital privado por atención, cuyo costo es relativamente bajo para un extranjero (unos ¢25.000), pero no para un habitante que suele tener ingresos paupérrimos (¢50.000 al mes).

En Uagadugú no hay transporte público, cada persona se moviliza como puede. El salario mínimo es tan bajo que convierte a esta nación en una de las más empobrecidas del planeta.

La costarricense resalta la amabilidad de las personas. Lamenta, eso sí, la incertidumbre con que se vive, que se tiñe de pánico cada vez que alguien advierte que hay una amenaza de ataque, la mayoría de las veces falsas.

“Lo que genera más tensión son los posibles ataques terroristas, cada vez que recibes un mensaje de que habrá uno el fin de semana, a veces son mensajes reales de embajadas y otras no son verdad”.

“No hablaba francés y ellos no hablan inglés y tuve que aprender; tengo un francés muy quebrado, conjugo mal, pero me comunico, me entienden y les entiendo”.

A Costa Rica la identifican por el fútbol, sobre todo por lo hecho en el Mundial Brasil 2014, aunque la mayoría no tiene idea del lugar donde se ubica.

Los extranjeros que llegan, cuenta Daniela, lo hacen por negocios o porque trabajan en alguna ONG, como ella. “Vienen de Líbano, Mali, Senegal… pero no hay nada que hacer”.

Imagen de Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós.
Imagen de Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós.

Las costumbres son muy diversas, así como los lenguajes. Daniela no hablaba nada de francés, por lo que tuvo que aprender a como pudo para comunicarse.

El contrato de Daniela con la ONG expira en abril; en ese momento deberá decidir si continua, siempre que tenga la oportunidad. Su trabajo es coordinar una red de periodistas de África Occidental para tratar temas de corrupción y violación de derechos humanos, entre otros, a miles de kilómetros de su hogar.

Burkina Faso.
Burkina Faso.
Datos de Burkina Faso
Capital: Uagadugú
Idioma: Francés
Población: 18,6 millones (3,7 veces más que en Costa Rica)
Moneda: Franco de África Occidental (1 equivale a ¢1,02)
Extensión territorial: 274.200 km cuadrados (5,3 veces más grande que Costa Rica)
Distribución de países en que hay costarricenses que se reportaron ante Cancillería.
Distribución de países en que hay costarricenses que se reportaron ante Cancillería.

Los datos anteriores corresponden a los costarricenses que reportaron a la Cancillería vivir en otra nación. No necesariamente todos los que migraron están incluidos, porque el proceso es voluntario y en algunas naciones no existen consulados de Costa Rica. Los datos de Puerto Rico eran antes del paso de los huracanes Irma y María, por lo que ahora la cifra puede ser menor.

Mezquita en Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós
Mezquita en Burkina Faso. Fotografía: Daniela Quirós

Esta es parte de la serie de historias sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.

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