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Análisis: Ataque a Siria, arriesgada advertencia de Trump

Actualizado el 07 de abril de 2017 a las 09:29 am

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Análisis: Ataque a Siria, arriesgada advertencia de Trump

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Residentes sirios de Khan Sheikhun llevan pancartas y fotos durante una protesta, este 7 de abril, condenando el ataque con armas químicas en su ciudad, que mató al menos a 86 personas, entre ellas 30 niños. (AFP)

Palm Beach, Florida

Los misiles que cayeron en la madrugada sobre una base aérea de Siria llevaban un mensaje bien claro para el presidente Bashar al Asad: el uso de armas químicas generará una intervención militar estadounidense.

El resultado de esa advertencia es más difuso: Asad está firmemente afianzado en el poder y en condiciones de seguir lanzando ataques químicos.

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El presidente estadounidense, Donald Trump, dijo que el objetivo de la acción militar es hacer de disuasivo. Funcionarios de su gobierno dijeron que se eligió la base aérea de Shayrat para impedir que sea usada como punto de partida de ataques como el de esta semana que mató a más de 80 personas y produjo imágenes horrendas de personas afectadas por un gas como el agente neurotóxico sarín. Las bombas cayeron sobre las pistas, los hangares, la torre de control y los depósitos de municiones.

Estados Unidos no está en guerra con Siria, por ahora al menos. La intervención fue muy limitada y dejó abiertas las puertas para que las cosas no pasen a mayores si Asad cambia de actitud, al tiempo que Washington se reserva el derecho de intensificar sus acciones de considerarlo necesario.

Pero la sorpresiva andanada de misiles genera interrogantes acerca de hacia dónde se encamina la política de Estados Unidos sobre Siria luego de que Trump cambiase una posición de no intervención que había reiterado hacía pocos días. La semana pasada Trump había dicho que la partida de Asad ya no era una prioridad y que Estados Unidos enfocaba todos sus esfuerzos en derrotar a la organización Estado Islámico en el norte del país.

El jueves por la noche, no obstante, Trump pareció apoyar un compromiso de responder a cualquier uso de armas de destrucción masiva por parte de Asad.

"Es vital para los intereses nacionales de Estados Unidos prevenir y disuadir del uso de armas químicas mortales", expresó Trump.

Esas declaraciones conllevan riesgos. Ningún funcionario estadounidense dijo que la amenaza del uso de armas químicas haya desaparecido y si Asad reincide y se repiten las escenas de gente con espuma en la boca y cadáveres amontonados, a Estados Unidos podría no quedarle otra opción fue incrementar sus acciones militares.

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El capitán de la Armada Jeff Davis, vocero del Pentágono, dijo que Estados Unidos todavía analiza el resultado del ataque con 59 tomahawks y expresó su esperanza de que Asad haya captado el mensaje. Indicó que todo "dependerá de lo que haga el régimen" sirio.

Esto plantea la posibilidad de que Asad obligue a Estados Unidos a involucrarse más todavía en una brutal guerra civil que ya lleva seis años, en la que murieron cientos de miles de personas, que generó la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial y la cual no da muestras de ceder. Bajo el gobierno de Barack Obama Estados Unidos trató de mantenerse al margen.

Enfrentarse con el gobierno sirio abre la posibilidad de que Damasco responda con la fuerza. Eso genera nuevos peligros para las fuerzas estadounidenses que libran en tierra una guerra aparte con el EI en el norte de Siria y para los aviones que atacan a grupos extremistas en el espacio aéreo sirio.

Hasta ahora, a pesar de las quejas del gobierno sirio y sus aliados –Rusia e Irán–, nadie se ha opuestos a las acciones de Estados Unidos y sus aliados contra agrupaciones terroristas en la zona.

La reacción de Asad es imprevisible. "Un ataque contra una base aérea puede bastar para disuadirlo de volver a usar gas sarín, pero no afectará sus ataques contra civiles y hospitales", sostuvo Jennifer Cafarella, experta en el Medio Oriente del Instituto para Estudios de la Guerra.

Estados Unidos enfrenta ahora una situación delicada con dos aliados de Asad. Deseoso de no generar tensiones con Moscú, los estadounidenses les informaron a los rusos que lanzarían esos misiles y les pidieron que no interviniesen. Pero dijeron poco acerca de Irán, un país que podría responder de distintas formas, interfiriendo incluso con el paso de barcos por el Golfo Pérsico o provocando a Israel.

Para Edward Djerejian, ex embajador estadounidense en Siria y profesor de la Rice University, el mensaje de Trump no dejó dudas. "Asad pensó que tenía luz verde para hacer lo que quisiese en Siria", expresó. "Este ataque es una señal para Asad, los rusos, los iraníes, Hezbolá y todos los que apoyan al gobierno de Asad de que no pueden hacer lo que se les dé la gana. Hay límites".

La presidencia siria reaccionó el viernes calificando los bombardeos estadounidenses como un acto "irresponsable" e "idiota".

"Todo lo que ha llevado a cabo Estados Unidos es únicamente un acto idiota e irresponsable, y revela su falta de visión y su ceguera en los planos político y militar", indica un comunicado de la presidencia.

La oficina del presidente Bashar al Asad también asegura que este bombardeo "incrementa la determinación de Siria de golpear a los agentes terroristas" (insurgentes).

"Atacar el aeropuerto de un Estado soberano es un acto oprobioso que demuestra una vez más que las diferentes administraciones no cambian sus políticas más profundas", dijo.

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