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El silencio de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner

Actualizado el 17 de enero de 2014 a las 12:00 am

Sus constantes apariciones en público y su encendida actividad en redes sociales cumplen hoy 38 días de no formar parte del día a día en Argentina. Su inusual ausencia de la palestra levanta sospechas sobre la salud de la mandataria y el desgaste del Gobierno, pronto a caducar.

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Buenos Aires. Antes aparecía casi a diario en actos públicos transmitidos por televisión en los atardeceres de Argentina, cuando muchos ciudadanos volvían a casa después de la jornada laboral.

Antes solía ametrallar ráfagas de mensajes en Twitter, incluso los fines de semana.

La mandataria argentina Cristina Fernández durante una audiencia en la ONU, en Nueva York. Su  salud y   su desaparición de la vida pública despiertan incertidumbre. | ARCHIVO
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La mandataria argentina Cristina Fernández durante una audiencia en la ONU, en Nueva York. Su salud y su desaparición de la vida pública despiertan incertidumbre. | ARCHIVO

Así de presente estaba en la escena pública la presidenta Cristina Fernández de Kirchner antes de que en octubre del año anterior se sometiera a una operación por un hematoma en el cráneo y antes de que el resultado de las elecciones legislativas descartara una reforma constitucional que le permitiera una segunda reelección en 2015.

La nueva Fernández cumplió el martes 35 días sin hablar en público, toda una marca histórica en sus seis años de gobierno si no se tiene en cuenta el mes y medio que permaneció de cese temporal por la cirugía que se le realizó .

El silencio de la jefa de Estado llama la atención a kirchneristas y opositores. Después de la intervención, sus médicos le aconsejaron que evitara el estrés.

Si bien se tomó dos semanas de vacaciones navideñas en su provincia, la sureña Santa Cruz, ella al parecer sigue con su ritmo de trabajo habitual, con reuniones con su equipo de Gobierno.

Lo que eliminó hace más de un mes fueron las apariciones públicas o con personas ajenas a su equipo de gestión.

Solamente se la ve en fotos al entrar o salir de la Casa Rosada (sede del Gobierno) o en la residencia presidencial oficial de Olivos, en las afueras de Buenos Aires.

Algunos analistas interpretan su retiro de la primera línea como una estrategia para evitar el desgaste usual del final de un gobierno; el suyo caducará el 10 de diciembre del año venidero.

En el país, la inflación se aceleró y pasó del 20,8% anual en mayo pasado a un 26,8% en noviembre, con lo que por primera vez en 10 años de kirchnerismo superó a la subida media de los salarios (26,1%), generando preocupación en sindicatos.

Otros consideran que, en un país presidencialista y personalista como Argentina –en el que Fernández y su esposo, el fallecido expresidente Néstor Kirchner transformaron el peronismo en kirchnerismo– ella busca ceder protagonismo a otros actores, incluidos aspirantes a sucederla dentro del Frente para la Victoria (FpV).

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‘Perfectamente bien’. En un intento por descartar cualquier hipótesis sobre su estado de salud, el secretario general de la Presidencia, Óscar Parrilli, habló por radio cuando el pasado viernes se cumplió un mes de silencio de Fernández de Kirchner.

“Está perfectamente bien, gobernando, definiendo, decidiendo y reuniéndose con los ministros. No hay necesidad de que haga declaraciones. Va a hablar y hacer actividad pública cuando lo sienta oportuno”, dijo Parrilli.

Su última alocución fue el 11 de diciembre, en el 30.° aniversario de la democracia en Argentina, el periodo más extenso de la historia de este país con elecciones libres.

Aquel día aprovechó para criticar a los policías, por entonces en huelga, que instigaron y participaron en saqueos que dejaron cientos de comercios vacíos y 14 muertos.

Decenas de saqueadores fueron detenidos, entre los cuales se cuentan algunos uniformados .

Al dejar el centro de la escena pública, Cristina Fernández cedió protagonismo a sus ministros, sobre todo al jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que asumió el cargo a finales de noviembre en un intento por renovar el Ejecutivo.

El ascenso de Capitanich se dio después de unos comicios legislativos en los que el kirchnerismo se mantuvo como la fuerza más votada y con mayoría parlamentaria, pero perdió en los cinco distritos más poblados.

Capitanich, quien venía de gobernar la provincia norteña de Chaco, donde el FpV arrasó en las elecciones, comenzó su gestión en Buenos Aires con muchos bríos y un estilo de comunicación abierto, distinto al habitual del kirchnerismo, y que suele consistir en ruedas de prensa diarias.

Él negaba tener aspiraciones presidenciales, pero pocos le creían. Parecía el único rival con posibilidades de enfrentarse en unas primarias kirchneristas al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, que despierta recelo entre los más fieles de Fernández por sus posiciones más conservadoras.

Pero las huelgas de las policías de 20 provincias , los saqueos que se extendieron en las primeras dos semanas de diciembre y los cortes de luz que se repitieron en la segunda quincena de ese mes desgastaron un poco su imagen.

Contradicciones. Todos los días Capitanich comenta lo que sucede en el país, pero esta semana decidió acotar sus conferencias de prensa.

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Varias veces sus palabras fueron contradichas por sus supuestos subordinados.

La prensa publicó que él quería enviar asistencia policial tras la primera huelga de uniformados en Córdoba.

No obstante, el secretario legal y técnico de la Presidencia y mano derecha de Fernández, Carlos Zannini, se opuso porque esa provincia está gobernada por un peronista opositor.

Ante las interrupciones del suministro eléctrico, el jefe de Gabinete abogó en público por que se programaran los cortes, en lugar de ser aleatorios, pero el ministro de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido, desestimó la sugerencia.

La oposición, mientras tanto, procura armar fuerzas nacionales y sus presidenciables no paran de reunirse con dirigentes de diversos partidos y rincones del país para aglutinarlos.

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