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La Luisa, distrito de Mata Redonda

Vecinos convierten su barrio en el mural más grande de Costa Rica

Actualizado el 28 de enero de 2017 a las 04:09 pm

Habitantes pintaron las fachadas y techos de sus casas con diseños y colores que los identifican como comunidad

La obra se plasmó en 120 viviendas ubicadas en una calle de 250 metros

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Los vecinos de La Luisa, en el distrito de Mata Redonda, San José, convirtieron su barrio en el mural urbano más grande del país, al pintar las fachadas y los techos de sus viviendas con colores y diseños que los identifican como comunidad.

La obra comprende 120 casas ubicadas en una calle de 250 metros, para un área total de 16.000 metros cuadrados. 

"Estamos muy contentos porque ha habido un cambio muy grande. Uno entra al barrio y se ve diferente. Hasta la gente, cuando viene a dejarlo a uno, los taxistas, dicen que qué barrio más bonito y aseado. Ha habido un cambio muy grande", expresa Soleida Hernández, una de las vecinas.   

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Unas 150 familias, brocha en mano, dieron vida a la enorme pintura, cuyo significado principal es la unión de los habitantes. Por eso, en los techos se dejan ver formas que asemejan tejidos de diversa índole.

"La comunidad aquí es muy unida, como una familia. Eso había que representarlo en un diseño sencillo y a gran escala. Entonces optamos por los tejidos, la unión de muchos elementos que, juntos, conforman una sola cosa. Aquí cada familia es única, pero todas forman La Luisa", explicó Carlos Fernández, artista de la fundación Pausa Urbana, encargada de llevar a cabo esta creación.

Retrato comunal

Una serie de diseños como: familias, grupos de vecinos, jardines, vegetación y animales, entre otros, adornan las fachadas de las viviendas. Muchos de los personajes ahí representados, incluso las mascotas, son retratos de los lugareños y de los perros y gatos del barrio.

"En el patio de la casa de un señor que cultiva plantas medicinales dibujamos un jardín. Quedó muy bonito porque las paredes del jardín son de lata, entonces le dio mucha vida", contó el artista.

En los elementos pintados en las fachadas se emplearon colores como el azul, el rojo y el amarillo, por medo de los cuales se pretende transmitir valores como la seguridad, la unión, la tranquilidad y la alegría. Al mismo tiempo, la intención es resaltar temas relevantes para los vecinos, como la importancia de la naturaleza y el cuidado del medio ambiente.

Los techos se cubrieron con anticorrosivo en café, azul, color teja y blanco, únicas tonalidades disponibles en ese tipo de pintura.

La responsabilidad del dibujo artístico recayó en Fernández –coordinador de la obra– y otra artista más. En cuanto a la labor de pintura, esta estuvo a cargo de seis pintores y de los pobladores.

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Fue un arduo proceso. Desde el momento en que se realizó el primer trazo del mural hasta el día en que se finalizó, transcurrieron seis meses. En total, se requirieron 850 galones de pintura. 

Iniciativa conjunta

El mural fue impulsado por la empresa Garnier & Garnier Desarrollos Inmobiliarios, la cual cuenta con el desarrollo habitacional Azenza Towers cerca del barrio La Luisa.

Para implementar el propósito del mural, esta compañía contrató a la fundación Pausa Urbana, especialista en proyectos de apropiación del espacio público. 

Laura Cruz, gerente de sostenibilidad de Garnier & Garnier, dijo que, como parte de su programa de responsabilidad social, la compañía lleva a cabo programas de mejora en los barrios aledaños a los lugares donde levanta sus edificaciones.

"Nos acercamos a los líderes comunitarios a preguntarles qué proyectos tienen, cómo les gustaría que fuera su comunidad, qué problemáticas están enfrentando, para entender un poco dónde nos vamos a instalar y saber cómo son esos vecinos... Nos topamos con que La Luisa es una comunidad superactiva, superparticipativa, con un nivel de compromiso muy difícil de encontrar", afirmó.

Según Cruz, para echar a andar esta iniciativa se invirtieron dos años, durante los cuales los habitantes participaron en talleres y reuniones para expresar su opinión con respecto a la obra y, a la vez, definir sus necesidades como grupo social. De esta manera, con la última palabra de los vecinos, se fue definiendo cómo iba a ser la obra y cuáles elementos se iban a destacar en ella.

Y así, una calle sin salida abrió paso a un periplo de arte urbano y participación.

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