
Ciudad de México. Cuando una persona sobrepasa los 37 grados Celsius de temperatura es porque tiene fiebre. Un grado más de esa media causa malestar. Si se sube dos grados, aparece la sudoración e incluso la taquicardia.
Cuando el incremento es de cuatro grados, el cuadro clínico empeora y se presentan mareos, vértigo, deshidratación, debilidad, náuseas, vómitos, cefalea y alucinaciones. A este punto, la persona cae inconsciente.
Al planeta le pasa lo mismo. En estos momentos, sufre la peor de sus fiebres. Es más, su temperatura se incrementa paulatinamente desde inicios del siglo XX.
De hecho y, según Matilde Rusticucci, de la Universidad de Buenos Aires, la temperatura aumentó 0,8 grados Celsius entre 1880 y el 2012. Los malestares saltan a la vista: deshielo de los polos, incremento del nivel del mar, eventos extremos como lluvias y sequías cada vez más frecuentes.
Todo esto a causa de la acumulación de gases efecto invernadero (GEI), los cuales no logran escapar de la atmósfera, porque el ser humano sigue produciéndolos, sin darle tiempo al planeta de liberar los anteriores.
“Actualmente, las concentraciones de GEI no tienen precedentes en los últimos 800.000 años”, comentó Rusticucci durante su ponencia en el evento organizado, esta semana, por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), en Ciudad de México.
“Todo lo que emitimos se acumula en algún sitio”, expresó Francisco Doblas-Reyes, del Instituto Catalán de Ciencias del Clima, en España.
De hecho, los océanos resguardan el 90% del calentamiento acumulado entre 1971 y el 2010, lo cual ha incrementado su PH en 0,3, haciéndolos más ácidos y comprometiendo la vida que hay en ellos. “El problema es que a una mayor temperatura, vienen más cambios abruptos e imprevisibles”, comentó Eduardo Calvo, de la Universidad de San Marcos de Lima (Perú).
Causa. La variabilidad climática siempre ha existido. Sin embargo, tras la Revolución Industrial, se sumó un agente que aceleró los procesos y, por ende, a empeorarlos. Según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), máxima entidad científica en el tema, existe entre 95% y 100% de certeza de que el calentamiento global se deba a las actividades humanas, principalmente a partir de la segunda mitad del siglo XX.
El sector energía contribuye con el 35% de las emisiones de gases efecto invernadero (GEI) que inciden en ese calentamiento, seguido del agro con 24%, industria con 21%, transporte con 14% y vivienda con 6%.
Los GEI son un conjunto de gases que incluyen dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y los fluorcarbonados, siendo el dióxido de carbono el más abundante del grupo. Por eso, cuando se miden los GEI, se calculan en dióxido de carbono equivalente.
El 76% de las emisiones son dióxido de carbono que se deriva de la quema de combustibles fósiles y el cambio del uso del suelo (deforestación).
“El crecimiento económico y poblacional continúan siendo los factores impulsores más importantes en el incremento de dióxido de carbono”, manifestó Ramón Pichs, del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) de Cuba.
Prescripción médica. Todo parece indicar que a finales del presente siglo, la temperatura media se incrementará 1,5 grados Celsius. La meta sería no llegar a los 2 grados Celsius, ya que la vida, tal como la conocemos actualmente, sería insostenible.
Por ello, se recomienda estabilizar las emisiones y reducir entre el 40% y 70% la cantidad de GEI para el 2050; de manera que al llegar al 2100, se neutralicen las emisiones, es decir, se alcance la carbono neutralidad (gas que se emita, gas que se compensa).
Sin embargo, entre los próximos cinco y 15 años, las emisiones globales alcanzarán su tope y allí es cuando las defensas propias ya no le darán más al planeta. “A la atmósfera no le importa quién emite”, dijo Antonina Ivanova, de la Universidad Autónoma de Baja California, México.
Actualmente, el presupuesto total de emisiones consta de 2.900 gigatoneladas de dióxido de carbono, equivalente para ser acorde a esa meta de los 2 grados Celsius. La humanidad ya usó 1.900 gigatoneladas. Es decir, ya se gastó el 65% de ese presupuesto.
Para Rusticucci, Doblas-Reyes, Calvo, Pichs e Ivanova, el único camino para tratar esta fiebre es reducir al máximo las emisiones globales de GEI y lidiar con las emisiones acumuladas hasta ahora.
La meta es contener esa fiebre para que no sobrepase los 2 grados Celsius y así evitar que escale a los 4 grados, a finales del presente siglo.
Ahora, la tarea está en que los Gobiernos acuerden la “receta de los medicamentos” este diciembre, cuando se celebre la Conferencia de las Partes de la Convención sobre el Cambio Climático (COP21), en la ciudad de París (Francia).
Allí, 195 países deberán acordar un nuevo régimen de compromisos para la reducción a partir del 2020 y un plan de trabajo para los años previos, cuya base serán las contribuciones nacionalmente determinadas (INDC, por sus siglas en inglés).