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Ubicado en Curubandé, Liberia

Arqueólogos trasladan petroglifo milenario con grabado de colibrí para protegerlo de huaqueros

Actualizado el 02 de mayo de 2017 a las 10:54 am

Pieza está en custodia del Instituto Costarricense de Electricidad y fue encontrada en el proyecto geotérmico Pailas II, en Guanacaste.

Objeto en piedra formaba parte de un cementerio precolombino ubicado en las márgenes del río Blanco.

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Arqueólogos trasladan petroglifo milenario con grabado de colibrí para protegerlo de huaqueros

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Este petroglifo se conoce como Colibrí, porque presenta un diseño de esta ave que está relacionada a la fecundidad. (Cortesía del ICE)

Los arqueólogos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) trasladaron un petroglifo milenario para protegerlo de la amenaza de los huaqueros.

La piedra, con un grabado de un colibrí, fue localizada en el complejo arqueológico El Blanco, dentro del proyecto geotérmico Las Pailas II, en Curubandé de Liberia, Guanacaste.

Un petroglifo o petrograbado es una imagen tallada sobre una superficie rocosa que responde a la iconografía propia de la cultura. En este caso, el mismo pudo haber sido elaborado entre los años 300 y 800 después de Cristo (d.C.).

El traslado se llevó a cabo por una alerta de la arqueóloga Ana Cristina Hernández, quien detectó indicios de huaquerismo en los cementerios precolombinos alrededor del río Blanco, donde se hallaba esta pieza precolombina.

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Según Arturo Hernández, arqueólogo del proyecto geotérmico Pailas y Borinquen del ICE, el petroglifo mide unos 50 centímetros de diámetro y eso lo ponía en riesgo de robo.

El traslado de petroglifo del colibrí fue coordinado por el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el Museo Nacional de Costa Rica. (Cortesía del ICE)

Grabado de colibrí

El petroglifo se encontraba en un cementerio cercano a tres sitios de tipo funerario dentro del complejo arqueológico conocido como El Blanco, en las márgenes del río Blanco, en Guanacaste. De hecho, la mayoría de los petrograbados encontrados allí están localizados cerca de fuentes de agua.

Al estar cerca del cementerio, los arqueólogos creen que el petrograbado forma parte del mismo sitio funerario cuya extensión es de 120 metros cuadrados.

Geográficamente, el complejo arqueológico El Blanco pertenece a la Gran Nicoya y temporalmente al período Bagaces, que se extiende entre los años 300 y 800 después de Cristo (d.C.). Este período se caracteriza por asentamientos agrícolas que muestran un alto grado de especialización artesanal y rituales funerarios.

"Posiblemente, el petroglifo haya tenido una función asociada a ritos funerarios o aspectos ceremoniales", comentó Hernández.

La arqueóloga María Gabriela Zeledón, en su tesis para optar al grado de licenciatura en la Universidad de Costa Rica (UCR), describe el diseño del petroglifo como un colibrí, el cual es una figura relevante en la mitología indígena ya que se le relaciona con la fecundidad.

Asimismo, la roca presenta dos espirales compuestas, en dirección contraria y paralela, que reflejarían el cauce de las aguas en relación con los cuatro sitios funerarios cercanos al río Blanco.

"Un aspecto negativo y que perjudica la posible interpretación del petrograbado es que no se encuentra en su posición in situ. Se observó daños en la roca como fracturas provocadas por la acción humana, por lo que cambia la posible interpretación de los signos representados en el grabado", aclaró Zeledón en su tesis.

Como curiosidad, y según Hernández, después del año 800 d. C. no se halló registro arqueológico en esta zona. "Se encuentra muy poco material del período Sapoa y lo que se ha encontrado pertenece a la parte tardía de ese período", dijo el arqueólogo.

Esa aparente desocupación podría estar ligada a la actividad volcánica del Rincón de la Vieja o a migraciones causadas por razones políticas y económicas.

"Al revisar las capas estratigráficas, sí hay evidencia de actividad volcánica del Rincón de la Vieja antes del año 300 d. C. No es de extrañar que el volcán se haya vuelto a activar y haya influenciado en la desocupación habitacional después del año 800 d. C. Las personas, incluso, pudieron haberse desplazado a otros sitios en Guanacaste, como la zona de bahía Culebra", explicó Hernández.

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Asimismo, el arqueólogo del ICE agregó: "La otra posibilidad es que las personas hayan migrado debido a una recesión económica y eso las obligó a integrarse a centros económicos más fuertes".

El traslado fue coordinado con el Museo Nacional y ahora el ICE custodiará el objeto dentro de sus instalaciones. Para ello, este se depositó en una estructura de concreto que evitará su degradación por causa de factores ambientales como temperatura y humedad.

"Donde estaba anteriormente se exponía al sol y la lluvia. De haber seguido así, poco a poco, la piedra se iría deteriorando y el diseño desaparecería", manifestó Hernández.

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Adicional al traslado, el ICE colocó cercas de alambre para resguardar cuatro zonas en Rincón de la Vieja, Colorado, Las Pailas y Las Tecas, las cuales fueron identificadas como sensibles al saqueo.

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Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista

Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales y científicos. Su trabajo ha sido reconocido con premios a nivel nacional e internacional.

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