Vivir

Analizadas 160 playas en ambas costas. Faltan otras 100

Científicos mapean riesgo de corrientes de resaca en Costa Rica

Actualizado el 21 de julio de 2014 a las 12:00 am

Proyecto de UNA e ICT pretende ser una herramienta para prevenir muertes

En promedio, unas 60 personas se ahogan, cada año, en las playas ticas

Vivir

Científicos mapean riesgo de corrientes de resaca en Costa Rica

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La alta presencia de corrientes de resaca en ambas costas del país, hizo que científicos de la Universidad Nacional (UNA), con apoyo del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), decidieran medir el riesgo con fines de prevención.

Para ello, los investigadores elaboran un mapa que ya cuenta con 160 playas estudiadas y 100 más por analizar.

Las corrientes de resaca son flujos de agua que se dirigen a gran velocidad hacia el mar. En Costa Rica pueden alcanzar una velocidad de un metro por segundo (1 m/s) y arrastrar a una persona entre 10 y 20 metros.

Los ahogamientos por corrientes de resaca constituyen la segunda causa de muerte accidental en el país, después de los accidentes de tránsito.

En promedio, 60 personas mueren al año por esta causa. Aunque la corriente de resaca no sumerge a la persona, esta, al verse arrastrada, entra en pánico, se cansa y se ahoga.

“Una corriente de resaca se forma en cualquier playa, en cualquier día”, manifestó Isabel Arozarena, investigadora de la UNA, a manera de alerta.

El tinte que utiliza Stephen Leatherman es biodegradable, no tóxico. En medicina se utiliza como marcador sanguíneo.  | PABLO MONTIEL
ampliar
El tinte que utiliza Stephen Leatherman es biodegradable, no tóxico. En medicina se utiliza como marcador sanguíneo. | PABLO MONTIEL

Condición dada. Costa Rica posee características que favorecen las corrientes de resaca y, por ello, sus 600 playas son de cuidado.

“Estas corrientes se generan más intensamente con la presencia de oleaje de gran energía o altura, como los provocados por tormentas que ocurren en el sur del continente”, explicó Omar Lizano, oceanógrafo de la Universidad de Costa Rica (UCR).

“Son tormentas muy grandes que han tenido espacio y tiempo suficiente para formar olas muy ordenadas. A esto se le conoce como mar de fondo”, dijo Arozarena.

Según Lizano, entre mayor sea el tiempo transcurrido entre ola y ola –períodos superiores a los 18 segundos– más peligrosa será la corriente asociada a ese oleaje.

Con el incremento de la temperatura atmosférica y oceánica, causado por los gases de efecto invernadero (GEI), el panorama podría empeorar en el corto plazo porque los fuertes oleajes serán más frecuentes y con ello, lo serán también las corrientes de resaca.

También influye que el país tiene una plataforma continental pequeña. “Eso hace que el oleaje entre muy crudo”, dijo Arozarena.

La forma de la playa también influye. Cerca del lugar donde se forman las olas existe una barra de arena que corre paralela a la playa. Si en esta barra hay una ruptura, esto propicia un canal de resaca.

Las estructuras naturales como rocas o artificiales como muelles siempre tienen corrientes.

“No todo es negativo. Esas características también son las que hacen que Costa Rica sea una meca del surf y vengan las tortugas marinas a desovar. Las pobres tortuguitas, que tanta dificultad tienen en la vida, pues usan las corrientes de resaca para meterse al mar y así rehuyen de los depredadores”, comentó Arozarena.

El que una playa presente corrientes de resaca, no implica necesariamente ahogamientos. La alta visitación turística, el comportamiento del bañista y la falta de infraestructura de seguridad hacen a unas playas más vulnerables.

“Una playa puede ser un peligro, pero poco vulnerable porque nadie la visita y al revés. La vulnerabilidad depende de cuanta seguridad hayamos puesto en la playa”, destacó Alejandro Gutiérrez de la UNA.

“Playas como Camaronal, Ostional y Gandoca son peligrosísimas, pero poco visitadas y por eso no tienen números altos de ahogados. En cambio Jacó, tiene números de ahogados muy altos no necesariamente por su alta peligrosidad de su playa (aunque sí es peligrosa) sino porque es una de las más visitadas”, explicó Arozarena.

El desarrollarse a espaldas del mar puede estarle costando vidas al país, dado que el tico del Valle Central no sabe “leer” el mar.

A eso se suma la falta de información y señalización en algunas playas.

“El costarricense promedio, y por ende el Estado, solo ve para la montaña. Nos mojamos los pies solo en época de vacaciones”, dijo Gutiérrez.

Según estadísticas del Organismos de Investigación Judicial (OIJ), el 60% de los ahogados reportados entre 2001 y 2013 fueron ticos del Valle Central, seguidos por estadounidenses y alemanes.

Según Luis Hidalgo, presidente de la Asociación Nacional de Guardavidas, a eso se suma la poca infraestructura de seguridad y rescate existente en las playas.

“Muchas veces, el centro de salud más cercano está a una hora en carro. La gente no toma en cuenta estas cosas al planificar sus vacaciones”, manifestó Hidalgo.

Para Stephen Leatherman, científico de Florida International University (FIU) que colabora con los científicos de la UNA, el país necesita incrementar la presencia de salvavidas en playas, aunque las comunidades se opongan porque creen que eso aleja a los turistas.

Otro factor es el comportamiento de los bañistas. Según el OIJ, el 80% de los ahogados fueron hombres entre los 15 y 30 años.

“Hay abuso de confianza, esa creencia de que yo todo lo puedo y sé nadar”, recalcó Hidalgo.

Aunque exista una condición natural, controlar esas vulnerabilidades disminuirá el riesgo y esa es la razón de ser del mapa.

Algunas corrientes de resaca son difíciles de ver. Por eso, el científico de FIU recomienda a salvavidas y surfistas usar tintes especiales para ayudarse.  | PABLO MONTIEL
ampliar
Algunas corrientes de resaca son difíciles de ver. Por eso, el científico de FIU recomienda a salvavidas y surfistas usar tintes especiales para ayudarse. | PABLO MONTIEL

Investigación. Para elaborar el mapa, se analizaron las estadísticas de ahogados recopiladas por el OIJ entre 2001 y 2013.

Así se dieron cuenta de que enero, abril y julio registran la mayoría de los incidentes, lo cual coincide con las vacaciones. Esa alta visitación turística explica el por qué las playas más cercanas al Valle Central son vulnerables.

El análisis estadístico dio por resultado que en 10 playas, ubicadas en el Pacífico, se registran más de 12 ahogados en 10 años mientras que cinco playas de ambas costas reportan entre 7 y 11 ahogados en el mismo período.

Dado que el oleaje y el tipo de playa incide en las corrientes, los investigadores realizan visitas para determinar el perfil de playa a partir de las características geomorfológicas (como arrecifes, rocas y dunas) y morfodinámicas (como corrientes y olas), estudiar los sedimentos, encuestar a personas para determinar vulnerabilidades, así como geoposicionar los sitios donde hay rotulación, accesos e infraestructura.

Toda esa información, incluyendo el análisis estadístico, se integra en un sistema de información geográfica (SIG), que dará por resultado el mapa de riesgo.

Ahora, los científicos de la UNA hacen el perfil de la playa emergida. “Aún no tenemos instrumentos para hacer los submarinos. Hasta ahora pensábamos que era algo muy complicado por el oleaje y porque la barra de arena a veces se mueve, pero parece que FIU lo está haciendo. Sería cuestión de preguntarles”, comentó Arozarena.

“El perfil de playa es una de las variables que interesan. La idea es contar con las características geomorfológicas de cada playa, porque estas nos van a decir mucho sobre el tipo de playa y consecuentemente del tipo de corriente que se puede presentar”, agregó Gutiérrez.

“Los perfiles son útiles. Nos pueden decir mucho sobre las barras de arena y según el tamaño de estas, podríamos saber cuan fuertes son las corrientes de resaca”, añadió Leatherman.

Eso sí, estos perfiles deben realizarse en diferentes estaciones (seca y lluviosa) así como a lo largo de los años para poder medir cambios. Según Gutiérrez, la prioridad son las playas más visitadas.

“Yo diría que todas las playas ubicadas entre los dos golfos se deberían monitorear, porque son muy visitadas y en ese transecto hay playas muy peligrosas”, destacó el oceanógrafo de la UNA.

Claro, un monitoreo de playas es un programa permanente y eso conlleva una inversión.

“Monitorear una playa requiere de embarcación, instrumentos como derivadores y trazadores, visitas periódicas por parte de los expertos, así como hacer uso de instrumentos matemáticos como pronósticos de oleaje para saber cuando venir”, mencionó Gutiérrez.

Aunque hacerse de instrumentos es caro, Leatherman consideró que se puede empezar con algo más modesto: midiendo la altura de las olas y el período entre olas.

“Creo que se puede reclutar a los salvavidas, surfistas y entrenar a otras personas para reportar, a través de su teléfono celular, la ocurrencia de corrientes de resaca y las condiciones del día en la playa. Esa es una forma barata de tratar de recopilar información y esta puede alimentar una base de datos que sea útil para prevenir a la gente y como una herramienta de análisis científico”, dijo Leatherman.

Asimismo, el experto en ciencias costeras de FIU agregó: “Otra cosa que pueden hacer los salvavidas y surfistas es teñir las corrientes de resaca para identificarlas, porque muchas veces no es tan fácil verlas a simple vista”.

Aún así, los perfiles de playa no son suficiente para crear modelos que faciliten los pronósticos. “Ahora estoy tratando de ver qué relación hay entre el estado de la playa del día en que ocurrió un ahogamiento con el estado de unos días antes. Esto para ver si el día en que se ahogaron hubo algo raro o eso raro se dio unos días antes, tomando en cuenta el retraso de la playa para reaccionar al clima que ha sufrido”, manifestó Arozarena.

¿Vale la pena el esfuerzo por lograr un pronóstico? “Un modelo siempre es una simplificación de la realidad, pero esta a veces se comporta como ese modelo y si uno establece condiciones de contorno para diferentes escenarios, pues justamente podemos entender lo que va a pasar en caso de que la realidad se comporte de ese modo. Es mejor saber algo que no saber nada”, respondió Gutiérrez.

infografia
  • Comparta este artículo
Vivir

Científicos mapean riesgo de corrientes de resaca en Costa Rica

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Michelle Soto M.

msoto@nacion.com

Periodista

Periodista graduada en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas ambientales y científicos. Su trabajo ha sido reconocido con premios a nivel nacional e internacional.

Ver comentarios
Regresar a la nota