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‘Atención plena’ para combatir el estrés emocional de niños

Actualizado el 28 de julio de 2014 a las 12:00 am

Técnica sirve para aprender a enfocarse en lo que se hace o se piensa

Aprenderla les da a los menores mayor control de ideas y sentimientos

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‘Atención plena’ para combatir el estrés emocional de niños

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Santiago.El Mercurio/ GDA A medida que crece el respaldo científico para el aprendizaje de la llamada “atención plena” ( mindfulness) ; esta práctica se está enseñando también a niños.

Se conoce como mindfulness para niños a una técnica que procura que ellos aprendan a elegir qué hacer con lo que sienten o piensan y, de ese modo, sepan cultivar la compasión y la resiliencia (resistencia a los fracasos o dificultades).

Para muchos, se trata de una nueva herramienta tendiente a combatir el acoso escolar ( bullying) y para encontrar apoyo en casos de problemas de conducta o déficit atencional. “Efectivamente, ayuda mucho en todo eso, pero no es como una ritalina natural”, advierte la psicóloga Bárbara Porter, impulsora de este método.

Vivencias. Pablo, de 9 años, se acuesta sobre el piso flotante de un centro de yoga, cierra los ojos y se imagina que es una nutria flotando en un río. Por algunos minutos, no hace otra cosa que visualizar agua que sube y baja junto a su cuerpo, y las olas se sincronizan al ritmo de su respiración.

“No sé por qué estoy aquí, pero me gusta”, confesará después.

A su lado, María Jesús, de 10 años, dice con cierta inocencia, como repitiendo un guion aprendido: “Mis papás dicen que necesito concentrarme más y que aquí aprenderé porque enseñan una cosa que se llama ‘atención plena’”.

Bárbara Porter, psicóloga clínica, principal impulsora de la atención plena en Chile y coautora del libro Beneficios de mindfulness en el día a día , describe así las reacciones de los chicos que participaron en los primeros talleres para niños, de ocho sesiones, que comenzó hace apenas un par de meses.

En ellos, ocho niños con edades que van de 7 a 11 años, guiados por dos monitoras, escuchan el sonido de una campana hasta que cese, inhalan y exhalan mientras arman un montoncito de piedras o comen frutillas lentamente, tomando conciencia de olores y texturas.

El objetivo es que, con ese tipo de ejercicios, aprendan los fundamentos de esta práctica, que tomó algunos elementos de la meditación oriental para ayudar a las personas a conectarse con el tiempo presente, en vez de pasarse el día comiendo sin saborear, caminando sin mirar, hablando sin conversar.

Se espera que, hacia el final del taller, los niños tengan nuevas herramientas para superar el estrés emocional que lleva implícita la vida infantil de hoy, en la que hay una excesiva competitividad, sobreestimulación tecnológica, trastornos de atención, agresividad física o psicológica y exigencias académicas cada vez más altas.

“Al principio pensaba que los niños se aburrirían porque tenía la idea de que ellos solo se entretienen con actividades en las que hay muchos estímulos; pero, si se quedan un minuto en silencio, aprenden a disfrutarlo”, dice la experta.

La utilización de estas técnicas con niños es un hecho muy reciente: en Europa y los Estados Unidos no lleva más de una década, y en Latinoamérica casi no existe.

Por eso, antes de comenzar a hacer estos talleres, Bárbara Porter tomó clases con la doctora Amy Saltzman, especializada en medicina interna, fundadora de la Junta Americana de Medicina Holística, y habitual colaboradora del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford.

Saltzman lleva algún tiempo enseñando cómo aplicar, en los niños, los conceptos del mindfulness, y ha realizado exitosos talleres de intervención en contextos socioeconómicos vulnerables.

Desde los Estados Unidos, explica: “La aplicación de mindfulness en niños ha demorado en expandirse porque los terapeutas que deseen abordar este método en menores de edad de manera íntegra, y no solo aplicando fórmulas, deben dedicar mucho tiempo a su propia práctica personal. A los niños se les debe enseñar involucrando sus corazones, mentes y cuerpos, en un lenguaje que sea adecuado y accesible para su edad. Generalmente, los ejercicios son más cortos y es necesario enfatizar en la atención hacia las emociones”.

Para Amy, la clave está en la búsqueda de ese “minuto de silencio” que describe Bárbara y que, contra lo que se podría pensar, rápidamente conquista a los pequeños.

Amy acuñó un nombre específico para ello, muy difundido entre los terapeutas de mindfulness : Still Quiet Place (lugar quieto y silencioso). Por esto, lo primero que se hace en los talleres, explica Bárbara, es ayudar a los niños a reconocer que tienen este espacio de serenidad dentro de ellos mismos.

“Esto lo hacemos a través del cuerpo, tomando conciencia de él, porque nos lleva al presente; es donde el cuerpo está; la mente no. Hacia el futuro, ella se angustia; hacia el pasado, se culpa. Atentos al presente, en cambio, enriquecemos nuestra experiencia y sabemos reconocer y aceptar las emociones en vez de taparlas”, acota.

Según la psicóloga, eso es fundamental para que los niños aprendan a no enjuiciar lo que les pasa.

Descubren que lo que sienten no está mal; que los demás también sienten cosas parecidas; que lo que surge desde nuestro interior no se puede controlar ni negar, y que los pensamientos no deben confundirse con la realidad.

“Les enseño que la mente es como un mono que salta de liana en liana, y que puede ser simpático o pesado. Tratamos de que aprendan a identificar esta voz crítica y que no se dejen llevar por ese impulso”, finaliza Bárbara Porter.

Este aprendizaje les da mayor paz con ellos mismos y desarrolla una empatía que es de gran ayuda en contextos de bullying , tanto para el agresor como para el atacado. Por eso, Bárbara sugiere que el mindfulness podría ser un buen complemento en los programas contra el bullying de los colegios.

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