Cuando una enfermera duerme, tiene pesadillas; si se despierta, le sucede lo mismo.

Por: William Venegas 21 octubre

Todo filme debe sostenerse con una sola estructura que comporta dos elementos fundamentales: lo narrativo y lo formal. Del buen manejo de la reciprocidad entre dichos factores, uno puede notar la buena calidad o no del filme y su propia autosuficiencia.

Lo que tenemos con la película costarricense Insomnio (2017), de Marioalonso Madrigal, es que la conexión de tales espacios goza de una correspondencia casi exacta, pero en términos negativos. Lo que tenemos es una trabazón de insuficiencias.

Al borde del abismo. Karol Uribe interpreta a una enfermera que padece de insomnio y que sufre pesadillas. Cortesía de Mario Alonso Madrigal
Al borde del abismo. Karol Uribe interpreta a una enfermera que padece de insomnio y que sufre pesadillas. Cortesía de Mario Alonso Madrigal

La trama es muy débil, anémica: es tan solo la pretensión de contar una historia en proceso. Por otra parte, la puesta en imágenes en auténtico fiasco, no solo por la ausencia de mejores medios técnicos y de producción, sino también por el mal manejo del lenguaje fílmico, de peores resultados en el desarrollo de lo que vemos y oímos (sonido irregular).

Insomnio narra la historia de una enfermera que trabaja en una clínica privada, en maternidad. Ella empieza a tener severas pesadillas cuando duerme, pero también se le alargan cuando se despierta. Por ese trance, ella confunde la realidad con las pesadillas o las pesadillas con la realidad, como quieran.

Como trabaja en un hospital privado, uno piensa que pronto tendrá la mejor atención, pero no es así y las pesadillas continúan para ella y también para uno como espectador. Las imágenes de tales sueños son torpes, por decir una palabra suavecita: esos sueños desquiciados son un revoltijo mal armado de imágenes, especie de surrealismo en baratillo.

Aquello no es convincente. Es como agarrarle la cola a un elefante para que cante como un gallo al amanecer. Eso en lo visual. Con las pesadillas, lo auditivo no pasa de alborotos de sonidos sin ton ni son: nunca logran darse a entender porque no son significativos de nada (se salvan algunos pasajes con música acertada).

De esa manera, mientras crece el sufrimiento de la enfermera como personaje principal, más crece el de uno ahí sentado viéndola. El asunto llega a cansar tanto como atravesar un largo desierto con la cantimplora vacía, mientras la pantalla se llena de primeros planos de cuanto personaje ahí sale, casi es recurso único.

A veces vemos un cuartucho donde se reúne parte del personal médico de un hospital que se supone es de primera o pasamos a la habitación de la enfermera de las pesadillas, como si un trauma se la comiera físicamente para que aquello parezca cine de terror. El problema viene desde antes: el diseño de personajes es harto flojo (superficial).

Luego, las actuaciones son vaporosas, sin convicción de nada, lo que contribuye en mucho a que la película se sienta distante, sin fuerza dramática, fría e indiferente (pese a la validez de su moraleja). Entre tanto vacío, se pierde el pulso narrativo y su ritmo.

Este filme semeja más un video casero que se metió a jugar de grande en una sala de cine y, desde ahí, jamás podemos recomendarlo. ¡Flaco favor al cine costarricense!

Título original: Insomnio

Costa Rica, 2017

Género: Terror

Director: Mario Alonso Madrigal

Elenco: Karol Uribe, Giannina Esquivel

Duración: 98 minutos

Cines: Cinépolis

Calificación: UNA ESTRELLA ( * ) de cinco posibles

Etiquetado como: