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Ingenio tico resucita a Intel al año de cerrar su fábrica

Actualizado el 30 de junio de 2015 a las 12:00 am

Empresa suma ya 1.800 trabajadores, 600 más de lo previsto hace 14 meses

Firma desarrolla experimentos de ingeniería a larga distancia en el país

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Ingenio tico resucita a Intel al año de cerrarse su fábrica

Aparte de tecnología, la firma Intel Costa Rica también puede producir actos de resucitación.

A 14 meses de cerrar su fábrica de microchips y, con ello, eliminar 1.500 plazas, el talento local ha logrado anclar a la empresa y generar más empleos.

Todavía lejos de los 2.700 trabajadores que tenía en abril del 2014, Intel Costa Rica ya suma 1.800 colaboradores, 600 más de lo previsto hace un año, confirmó Vince Guglielmetti, gerente general de la multinacional.

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Ingenio tico resucita a Intel al año de cerrarse su fábrica

“Hablando de Costa Rica, lo que estamos haciendo es el paso lógico a dar. Empezamos en manufactura, pero ahora la realidad es que   avanzamos hacia estas nuevas etapas basadas en conocimiento. Al final, lo que hacemos aquí en el país, es correr nuestros experimentos de ingeniería". Vince Guglielmetti, gerente Intel Costa Rica.

En lo concerniente a Costa Rica, aseguró que la corporación Intel se siente “con espacio y talento para crecer” por la calidad del talento costarricense.

Reacio a detallar planes, Guglielmetti reafirmó que si tienen 600 personas más de lo pensado inicialmente, es porque el país es todavía un sitio para invertir.

Como ejemplo, citó el megalaboratorio inaugurado en diciembre, en el marco de un nuevo capítulo de investigación y desarrollo de productos. En este, ingenieros ticos prueban y entregan muestras de todo el portafolio de productos de Intel antes de que entren al proceso masivo de manufactura, momento en que los nuevos procesadores deben ser del todo funcionales.

Parte de estos experimentos de ingeniería ocurren en un laboratorio virtual donde hay equipos localizados en Costa Rica, con personal local probando productos desarrollados por sus colegas en otras plantas en el mundo, y al cual todos acuden, en tiempo real, para hacer ensayos y recopilar datos de desempeño.

“Son pruebas para responder preguntas como: ‘¿qué más debo hacer para que mi producto funcione?’, ‘¿qué fallaría si no lo arreglo?’. Lo que hacemos aquí es ingeniería global, probamos y mejoramos productos a larga distancia, pero hacemos todo aquí, en Costa Rica”, dijo el gerente.

Además, desde este mismo megalaboratorio se prestan servicios a centros de diseño y a operaciones de manufactura de Intel distribuidos por todo el planeta.

“El 70% de la factura de todas las unidades de manufactura pasa por Costa Rica. Incluso el cierre de los libros financieros de la Corporación Intel ocurre en Costa Rica”, precisó el ejecutivo.

También, este año abrieron un área de ciberseguridad, donde, en esencia, personal muy especializado observa y analiza tácticas tejidas por piratas informáticos para así mejorar la seguridad en línea, explicó Ileana Rojas, ingeniera de sistemas e impulsora de parte de estos nuevos servicios.

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Un modo de comprender la dimensión de la calidad del talento local y la inversión en desarrollo e investigación que siguió al cierre de la planta, es que hay otros laboratorios de Intel todavía preguntándose cómo tener su propio megalaboratorio, comentó Timothy Scott, gerente de Relaciones Públicas de la sede en Costa Rica.

“Somos los primeros de nuestra clase”, refirió Scott, en referencia al personal altamente sofisticado que hoy labora en estas instalaciones, donde deben ser capaces de resolver problemas de alta complejidad y con rapidez.

Renovación. Este giro, sin embargo, no fue simple. Como el ave Fénix renaciendo en la llama, no pocos debieron “quemarse las pestañas” en la transformación.

“Muchos ingenieros debieron refrescar conocimientos. Me tocó ver a compañeros de más de 40 años llegar con sus libros bajo el brazo y, en Semana Santa, a estudiar y repasar”, evocó Rojas. También recordó que Intel identificó a mujeres ingenieras interesadas en especializarse en áreas en las que luego podían ubicarse en cargos para la etapa actual.

Guglielmetti admite que han logrado localizar al personal para todos los puestos, pero “no ha sido siempre el más fácil de hallar”; por ello, siguen trabajando con las universidades locales para formar los cuadros profesionales que ahora requieren: científicos e ingenieros en computación.

No obstante, resalta que Costa Rica no retuvo de casualidad y por 17 años un proceso de fabricación que habría sido más barato en Asia. Los ingredientes clave siguen aquí y aún atraen a Intel: la creatividad, la pasión, el optimismo y la audacia de los ticos.

Intel por dentro: hablan los trabajadores.

Nombre: Marco López Rosales. Tiempo en Intel: 16 años. Cargo actual: Capital humano.

‘Sobrevivir’: Por ocho años, fue gerente de Recursos Humanos. Cuando cerró la fábrica fue “muy duro”. Su hija trabajaba allí y perdió su empleo. Aquel periodo, afirma, fue “de sentimientos muy fuertes, de mucha cabanga”. “Cuando se vino el momento, nos preguntamos si podíamos sobrevivir sin la fábrica. Entonces hubo que recomponer el talento interno, pero sabíamos que con la gente que teníamos, podíamos seguir hacia adelante”, recordó.

Nombre: Miguel Rivera. Tiempo en Intel: 18 años. Cargo actual: Equipo de finanzas

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‘Crecer’: Llegó de la universidad a Intel, su único lugar de trabajo. Emocionalmente, fue un golpe al corazón, porque quienes se iban eran como “la familia”. “Hasta sus hijos hemos visto crecer”, contó. “Estoy en un grupo financiero fuera del centro corporativo, pues apoyamos a distintas plantas. Cuando vino el cierre, sabíamos que la sinergia con Costa Rica iba a cambiar, pero luego Intel cambió su visión del país y ahora lo ve más bien como un sitio para crecer”.

Nombre: Ileana Rojas Saborío. Tiempo en Intel: 18 años. Cargo hoy: Área de investigación y desarrollo.

‘Refrescarse’: Hace años, Rojas impulsó los primeros esfuerzos por diversificar la oferta de Intel Costa Rica en desarrollo de ‘software’, cuando llegaron a emplear a 100 personas. Sin embargo, fue de los primeros en vivir el cierre: lo supo un año antes de hacerse oficial. “Fue mucha responsabilidad y estrés, pero este es un negocio de clase mundial y la competitividad del talento es la única manera de ser incuestionables. Así fue y así es ahora”.

Nombre: Diana Rojas González. Tiempo en Intel: 14 años. Cargo: Trabajó en la fábrica cerrada en el 2014.

Nuevo reto: Rojas vivió de cerca el cierre de la planta donde trabajó varios años. Este año arrancó con un proceso nuevo en Intel, pero admite que tuvo emociones encontradas cuando le tocó dirigir las operaciones de cierre de la fábrica de microchips. “Uno no cierra 15 años de una actividad de clase mundial sin ver hacia atrás. Ahora viene el reto y la emoción de cómo repetir ese logro en otra unidad de negocio, a ejercitar el conocimiento adquirido”.

Nombre: Jancy Castro López. Tiempo en Intel: 17 años. Cargo actual: funcionaria en el equipo de Finanzas.

Dejar ir: Para ella fue complicado porque despidieron a su esposo. Ella logró quedarse, pero el año pasado lo recuerda como muy duro, un luto que impactó a familiares y amigos. “Ahora estoy en el área de servicios, en la parte financiera, y hay mucha oportunidad de crecer. Hay como un espíritu del tipo ‘sí se puede’ y hasta posibilidad de traerse otros negocios. Es difícil dejar ir, pero la vida sigue y se puede construir sobre el legado que hemos construido”.

Nombre: Ricardo Calvo Eby. Tiempo en Intel: 17 años. Cargo actual: Tecnologías de información.

Volver: A él y a su esposa, Intel los envió a trabajar a California. Luego de dos años, estaban por volver trayendo a Costa Rica tres nuevas unidades de negocios de la firma. Eran como 30 puestos más. Sin embargo, poco antes, se toparon con el anuncio del cierre. “No sabía si lo mejor era volver o quedarme en un sitio más seguro. Al final, decidimos subirnos las mangas de la camisa y solidarizarnos; ver cómo podíamos contribuir en ese momento”.

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Juan Fernando Lara S.

jlara@nacion.com

Periodista

Redactor en la sección Sociedad y Servicios. Periodista graduado en la Universidad de Costa Rica. Ganó el premio Redactor del año de La Nación (2012). Escribe sobre servicios públicos, tarifas y telecomunicaciones.

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