Sucesos

‘Por lo menos aún continúo con vida’

Actualizado el 06 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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Mayra Madriz no sale del asombro ante el drama vivido.   | CARLOS HERNÁNDEZ
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Mayra Madriz no sale del asombro ante el drama vivido. | CARLOS HERNÁNDEZ

San Carlos. “Una experiencia tan amarga, como la del pasado sábado, hay que vivirla en carne propia para tener alguna idea de lo que realmente sucedió”.

Con estas palabras, Mayra Madriz Granja, de 43 años, narró la emergencia que vivió, la tarde del sábado, en su vivienda ubicada en San Rafael de La Tigra.

Esta madre de cuatro hijos, todos adultos, es parte de las 53 personas damnificadas que ayer en la tarde permanecían alojadas en el salón parroquial de La Tigra, luego de que perdió su casa y todo lo que había en su interior.

La corriente desbordada por el río La Tigra se metió por las puertas, ventanas y hasta por el techo, y causó un desastre total.

La mujer dijo que antes de las 2 de la tarde, el cielo se oscureció.

“Se puso tan oscuro, que me dio la impresión de que eran las seis de la tarde. Luego, sopló viento, y me entró temor, pues me parecía que algo anormal estaba por suceder”.

No había transcurrido ni 30 minutos cuando el aguacero arreció, y su presentimiento se hizo realidad en segundos.

“El río producía estruendos muy fuertes, como retumbos. Más bien creí que estaba por suceder un fuerte movimiento sísmico. El agua empezó a salirse del cauce, y me asusté cuando noté que se estaba inundando la casa de dos familias que vivían en la otra orilla, pero jamás imaginé que lo mismo sucedía en mi casa”, recordó Madriz, aún con asombro.

“Lo que siguió fue indescriptible. El agua subió hasta las camas, las sillas, mesas, arrastrando palos y piedras que solo porque otras personas me auxiliaron, no me alcanzaron”, narró Mayra, quien tiene 18 años de habitar en San Rafael.

Aseguró que en los momentos más difíciles, solo pensó en la muerte, ya que se sentía impotente.

“No podía hacer nada por rescatar ropa, comida o electrodomésticos. Solo atinaba a mirar como una corriente furiosa se lo llevaba todo, como si fueran objetos de papel”.

Si bien perdió todas sus pertenencias y su futuro es incierto, está agradecida con Dios “ya que por lo menos, me ha permitido seguir viviendo, y ese es el mejor regalo que me pudo dar”.

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Situaciones parecidas vivieron otras personas como Ricardo Fernández, quien también se quedó sin techo por la tragedia. Ahora espera ayuda estatal.

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