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Vulcanólogos califican de ‘alto riesgo’ al Turrialba

Actualizado el 04 de enero de 2015 a las 12:00 am

Emanación de gas va en aumento y piedras de 30 cm llegan hasta 800 m

Autoridades preocupadas por ingreso de vecinos a zona restringida

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Vulcanólogos califican de ‘alto riesgo’ al Turrialba

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El Turrialba pasó a ser calificado como muy peligroso y, claramente, un volcán de cuidado.

“¿Por qué? Porque tiene pulsos de actividad. Para mí, esto significa que tenemos que estar atentos las 24 horas del día, los siete días de la semana. No podemos predecir una erupción, pero sí que una erupción n freática se puede dar en cualquier momento, sin previo aviso”.

Quien lo afirma es el vulcanólogo Raúl Mora Amador. Él conoce el Turrialba y no lo pierde de vista, especialmente desde finales de octubre pasado, cuando hizo la erupción más fuerte de los últimos 148 años. En esa ocasión, residuos de ceniza llegaron a Puriscal, ubicado a 63 kilómetros de distancia.

El científico, de la Red Sismológica Nacional (RSN) de la Universidad de Costa Rica, contó que en diciembre, en un recorrido por potreros al sur del cráter activo, localizaron rocas de más de 30 centímetros de diámetro.

“Hablamos de rocas a 700 u 800 metros del cráter principal, que se quedó sin pared, entonces las rocas saltan la orilla y salen disparadas”, narró.

Para Raúl Mora, esta es una advertencia de que se debe tener mucho cuidado . “Desde el punto de vista de riesgo volcánico, una cosa es que le caiga a usted ceniza y otra, objetos. Es otro escenario. Es muy posible que se siga dando esta balística: la salida de proyectiles (piedras)”, dijo.

Aunado a esto, el Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) reveló, en noviembre pasado, que entre junio del 2010 y junio del 2014, en el macizo hubo un levantamiento acumulado de 28 mm. Este hallazgo lo hicieron al medir posibles deformaciones.

“El Turrialba es un volcán activo, por lo cual no se pueden descartar futuros periodos de actividad eruptiva intensa”, dice el reporte firmado por siete vulcanólogos del Ovsicori.

El cráter activo se ensanchó y, al no tener pared, el material sale expulsado con facilidad.  |  RAÚL MORA PARA LN
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El cráter activo se ensanchó y, al no tener pared, el material sale expulsado con facilidad. | RAÚL MORA PARA LN

Recuento. El Turrialba, situado a 3.340 metros sobre el nivel del mar, tuvo actividad eruptiva en marzo de 1866. Luego permaneció inactivo hasta 1996, cuando se detectó un leve aumento en la temperatura de las fumarolas y aparecieron deformaciones en el suelo. Esto se hizo más palpable en el año 2000.

La actividad siguió, pero no fue sino hasta abril del 2007 cuando se podía apreciar una pluma de gas en lo alto de la montaña.

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A partir de ahí, los cambios fueron más acelerados. En enero del 2010 hubo fuertes erupciones de ceniza; el hecho se repitió dos años después, en enero del 2012.

Esos residuos, unidos a la persistente emanación de gas (dióxido de azufre), deterioraron las construcciones aledañas y afectaron plantaciones agrícolas.

El aumento de la actividad obligó a restringir el ingreso al Parque Nacional Turrialba desde el 2007, y a cerrarlo totalmente a partir de enero del 2010.

Perspectivas. Raúl Mora, quien, junto con los vulcanólogos de la RSN, Gino González y Carlos Ramírez, siguen de cerca las transformaciones del Turrialba, explicó que con esos antecedentes, “existe la posibilidad de erupciones más grandes que las ocurridas durante el 2014”.

Las emanaciones de gas son muy elevadas (tienen un flujo normal diario de 1.000 a 3.000 toneladas), precisó. Para Mora, es acertada la decisión de la Comisión Nacional de Emergencias (CNE) de definir un perímetro de cinco kilómetros alrededor del cráter como área de riesgo.

No obstante, manifestó su preocupación porque en ese anillo de contención, el cual abarca el Parque Nacional, también se incluyen fincas privadas donde hay ganado y cultivos. “Por tal razón, a pesar del peligro, la gente sigue entrando y saliendo a la zona”, añadió el vulcanólogo.

Tanto Mora como los otros expertos de la RSN, creen que el Turrialba está dando muchos avisos y no se debe bajar la guardia.

Aumentó la temperatura –pasó de 90 grados Celsius (°C) en el año 2000 a 700 °C u 800 °C en el 2014–; el Ovsicori habla de una pequeña deformación y la sismicidad viene en aumento.

“Todo esto nos dice que hay que tener cuidado. Es un proceso que por lo general no se da de la noche a la mañana, sino que dura meses o años. “El Turrialba nos indica que pasó de un ciclo en el cual estaba pasivo, y entró en una etapa de mucha actividad”, concluyó Mora.

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Carlos Arguedas C.

carguedasc@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos. Trabaja en La Nación desde el 2000 siempre en la cobertura de asuntos de Sucesos y Jurídicos.

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