Upala
En el instante en el que Otto dejaba destrucción en Upala, el socorrista José Vásquez Noguera, de 54 años, conocido por sus compañeros como Pepe, solo pensaba en ayudar, sin imaginar que su casa iba a sufrir los embates del huracán.

“Pensaba en mi esposa y en mis tres hijos (albergados en casa de su suegra), pero estaba a cargo del centro de operaciones de la base. Aunque planeaba llegar en algún momento, no lo pude hacer hasta el viernes a las 10 a. m., cuando descubrí que el agua y el barro habían destrozado la casa, los muebles y electrodomésticos, por lo que me quedé solo con el uniforme que portaba”, relató Vásquez en Canalete, donde la Cruz Roja mantenía su centro de acopio.
“El sábado me quedé durmiendo aquí (puesto de mando); hasta ropa me tuvieron que prestar. Tengo planeado quedarme donde mi suegra unos días mientras buscamos la forma de sacar el barro, que no se puede sacar por un problema de desnivel y queda todo empozado”, manifestó mientras acomodaba víveres donados.
El día que retornó a su casa, de entre la capa de barro Pepe solo pudo rescatar sus medicamentos para la diabetes (pastillas), gracias a que los había dejado dentro de una bolsa plástica.
“Tengo la fe de poder habilitar de nuevo mi casa en unos tres meses. Era una casita de bono que había costado bastante obtener”, dijo el domingo 27 de noviembre este socorrista, quien fue parte de los primeros paramédicos graduados en el país. Por eso, es considerado un ejemplo por los nuevos cruzrojistas.
Aunque ese domingo estaba libre, prefirió quedarse trabajando en la Cruz Roja: otros upaleños están peor, explicó.
