Opinión

Pagar por leer

Actualizado el 06 de abril de 2015 a las 12:00 am

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En el tiempo de antes, todo lo que uno leía estaba impreso en algún tipo de papel, tal vez por eso era más obvio que la publicación tuviera un costo y que uno debiera pagar por leer, aunque fuera el costo de las fotocopias en una “calle amarga”.

Hoy, cada vez más, leemos cosas que nunca se han impreso y nunca se van a imprimir, lo cual es muy bueno para el ambiente (cortamos menos árboles), pero no tanto para la industria de las publicaciones, pues muchos se han acostumbrado a no pagar por leer.

Ciertamente, un porcentaje muy grande del costo de las publicaciones de papel lo constituye la impresión, el inventario y la distribución, gastos que son evitados por las publicaciones digitales. Pero de ahí a que sean gratis, hay un largo trecho.

Amazon, por ejemplo, vende las publicaciones digitales a un 80% del precio de las de papel, aproximadamente, y le reconoce al autor (dueño de la propiedad intelectual) entre un 35% y un 70% del precio de venta, modelo totalmente diferente a los empleados en la venta de libros de papel.

Pero los libros son un pequeño porcentaje de lo que leemos. Periódicos y revistas, durante siglos, sostuvieron un modelo de negocios basado en la publicidad, el cual, a su vez, estaba basado en la cantidad de copias vendidas, mientras a los autores (periodistas y articulistas) se les reconocía una suma fija independientemente de la cantidad de lectores que lograran (dicha cantidad, por supuesto, era imposible de medir).

El presente. En la era digital, la publicidad se cobra no por la cantidad de gente que ve el anuncio, sino por el número de personas que leen el anuncio (le dan clic). El modelo ha resultado muy exitoso, pero el método de cobro por lectura (equivalente al costo del periódico o la revista) todavía está en desarrollo y a los autores aún no les pagan de acuerdo al número de lectores logrados.

La industria de los periódicos y de las revistas está en serios problemas en todo el mundo debido a la tecnología digital en general y a la Internet, en particular.

La posibilidad de producir una publicación digital por una fracción del costo de una de papel ha generado severos trastornos, cuyo desenlace está aún por verse.

Durante las primeras dos décadas de Internet, los periódicos y revistas se leían gratis en línea, pero dicha lectura (en un computador) era incómoda y lenta, por lo tanto los lectores eran pocos y resultaba imposible cobrar por leer.

Los dispositivos y la conectividad se desarrollaron a velocidad exponencial, y hoy millones de personas leen periódicos y revistas en línea, pero se resisten a pagar por leer.

La lógica dicta que el cobro debería ser igual (o parecido) al que se hace por la publicidad; o sea, solo se paga por lo que se lee.

A los autores también les deberían pagarles de acuerdo al número de veces que la noticia o artículo es leído. Pero todavía no estamos ahí.

Modelo de suscripción. El pago por artículo o noticia leída, si bien es lógico, no parece ser práctico. Las grandes publicaciones digitales del planeta se están orientando más bien por un modelo parecido al de la suscripción de las publicaciones de papel, con (todavía) la opción de lectura gratis de cierto número de artículos al mes o a la semana.

Este sistema es más fácil y práctico de poner en marcha, pero produce cierto choque mental en el consumidor, pues el monto de dicha suscripción no es muy diferente al del ofrecido en papel, y todos sabemos que el modelo de costos es totalmente diferente.

Mientras los dinosaurios que disfrutamos la tinta en los dedos con el café en la mañana, vamos desapareciendo, irá en aumento la presión por desistir de las versiones de papel –o cobrarlas a un precio muy caro, que es lo que cuestan– y producir nuevos modelos de cobro que se parezcan más a una locomotora y menos a un caballo de hierro.

El sistema basado en publicidad, el cual permite leer gratis, es sostenible únicamente cuando existen audiencias globales muy grandes, debido, principalmente, a la destreza que hemos desarrollado para ignorar anuncios. Esto hace inviables las publicaciones locales, a menos que aprendamos a pagar por leer.

Una cosa es pagar por noticias (esto está más jalado del pelo) y otra desembolsar dinero por contenido original y elocuente.

En el futuro inmediato, parecen inevitables las suscripciones, sobre todo cuando van acompañadas de una versión en papel. Les doy un ejemplo: he intentado, sin éxito, que dejen de enviarme la revista Wired impresa, aun explicándoles que estoy dispuesto a pagar lo mismo por la versión digital.

La trama se complica más por las nuevas publicaciones digitales, cuya estructura de costos y audiencia es mucho menor, y porque estas insistirán en continuar “regalando” el contenido. La diferencia estará donde debe estar: en la calidad del contenido.

El autor es ingeniero.

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