Lo que procede es restaurar la dignidad analítica de la ideología de género como un importante instrumento conceptual creado en la mejor tradición marxista

Por: Iván Molina 29 noviembre

En los últimos meses, el concepto de ideología de género ha sido objeto de algunas discusiones públicas, que adquirieron particular notoriedad por la oposición que se organizó en la Universidad Nacional (UNA) en contra de la presentación de la obra titulada El libro negro de la nueva izquierda, de Nicolás Márquez y Agustín Laje.

También a esa celebridad contribuyó la Sala Constitucional, al declarar con lugar un recurso de amparo que condenó a la UNA por violar el derecho a la libre expresión y a la libertad de pensamiento, al cancelar la presentación del libro de Márquez y Laje, y la obligó a reprogramar esa actividad.

Igualmente, esa Sala rechazó una acción de inconstitucionalidad presentada por dieciocho diputados cristianos en contra de la “ideología de género”, a la que suponían presente en un decreto del Poder Ejecutivo dirigido a erradicar, en el sector público, la discriminación hacia la población sexualmente diversa.

Marxismo. A partir de la década de 1960, las universidades occidentales, a medida que crecían y se diversificaban, experimentaron una influencia creciente del marxismo, especialmente en los campos de la filosofía, las ciencias sociales, los estudios literarios y las –todavía incipientes– investigaciones sobre las mujeres y el género.

Fue en este contexto que se creó el concepto de ideología de género, que empezó a ser utilizado, desde por lo menos mediados de la década de 1970, para analizar los sistemas de valores y creencias a partir de las cuales las sociedades definían los papeles que debían jugar hombres y mujeres, y para cuestionar los prejuicios y estereotipos asociados con esa definición.

Desde este punto de vista, el concepto fue construido predominantemente en la tradición de pensamiento marxista como una herramienta analítica para indagar –y denunciar– las formas ideológicas mediante las cuales se justificaba la reproducción de las desigualdades, dominaciones y opresiones basadas en el género, y sus entrecruzamientos con las diferencias étnicas y de clase.

Inicios. No se conoce todavía con precisión quiénes lideraron la creación y difusión del concepto, pero una académica que contribuyó a ese proceso fue la politóloga Wilma L. Rule Krauss (1925-2004), a quien se le reconoce haber promovido el uso de una perspectiva feminista en las ciencias políticas estadounidenses.

En 1974, Rule publicó en la American Political Science Review un influyente artículo sobre las implicaciones políticas de los roles de género, en el cual señaló precisamente la importancia de la teoría social para “modificar o reemplazar la vieja ideología de género y las normas y paradigmas políticos basados en ella”, de manera tal que tanto hombres como mujeres pudieran emanciparse de esas trabas y participar más ampliamente en la política.

Fuera de las ciencias sociales, el concepto también fue favorablemente acogido. En 1976, John Money y Michael de Priest, un psiquiatra y un estudiante de Medicina en Johns Hopkins University, publicaron un estudio basado en el caso de tres transexuales que mutilaron sus órganos genitales. Según los autores, uno de esos individuos procedió de la forma indicada motivado por la “ideología de género”, entendida como su obsesiva identificación con el rol socialmente asignado a lo femenino.

Expansión. De acuerdo con el cuadro adjunto, la utilización del concepto de ideología de género empezó a expandirse en la década de 1980. Tal fenómeno se concentró principalmente en el mundo académico anglosajón y, sobre todo, en su dimensión estadounidense. La disciplina que inicialmente lideró esa expansión fue la antropología, aunque rápidamente fue desplazada por los estudios literarios.

cuadro ideología de género
cuadro ideología de género

Ya en 1986, la socióloga Alison MacEwen Scott publicó un importante artículo en el que aplicó sistemáticamente el concepto de ideología de género al caso de América Latina para precisamente destacar, entre otros aspectos, el papel jugado por la Iglesia católica en promover un modelo de familia que fomentaba el papel de los hombres como proveedores y de las mujeres como esposas inmaculadas y circunscritas al espacio doméstico.

En el decenio de 1990, el uso del concepto se extendió todavía más, a medida que sociólogos e historiadores comenzaron a incorporarlo más sistemáticamente en sus investigaciones, muchas de las cuales, además, empezaron a centrar su atención en las especificidades de las experiencias femeninas.

Producto de esa expansión, el concepto se utilizó para analizar problemáticas tan dispares como la influencia de la ideología de género en las tempranas políticas sociales del Estado, en el abandono infantil, en el nacionalismo literario, en los espacios laborales, en los sistemas de enseñanza, en el mundo de la ciencia, en las relaciones entre madres e hijas y en las batallas culturales libradas durante la Guerra Fría (1945-1991).

Declive. Todavía a inicios del siglo XXI el concepto de ideología de género mantenía una presencia relevante en las ciencias sociales y en los estudios literarios, pero poco a poco su posición en el mercado académico empezó a deteriorarse, un proceso que se intensificó a partir del año 2015.

Los principales factores que influyeron en ese deterioro fueron los siguientes. Ante todo, el declive de la influencia del marxismo –sobre todo en sus versiones clásica y estructuralista– en las universidades, que se acentuó tras el fin de la Guerra Fría, el colapso de la Unión Soviética y la globalización de la China comunista.

Asimismo, el ascenso de nuevas problemáticas de investigación, que priorizaban el estudio de las identidades, de las subjetividades, de las experiencias y de los testimonios, llevó a que un concepto como ideología de género, más vinculado con un enfoque estructuralista de la sociedad, perdiera atractivo.

Por último, las corrientes feministas, más interesadas en las diferencias de género que en las de clase, tendieron a abandonar un concepto que, directa o indirectamente, implicaba considerar cómo la diferenciación clasista divide decisivamente lo femenino y posibilita relaciones sociales en que las mujeres se desempeñan como explotadoras y opresoras.

Reciclaje. Fue precisamente el abandono de la ideología de género por las ciencias sociales, de los estudios literarios y de las corrientes feministas lo que favoreció que tal concepto fuera recuperado y reciclado por el conservadurismo cultural y el fundamentalismo religioso.

Una vez desarraigado de su origen, el concepto pudo ser utilizado en contra de asuntos tan dispares como el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo, la educación sexual, las políticas dirigidas a combatir la discriminación y las reivindicaciones a favor de la equidad para las parejas no heterosexuales.

Siempre que la izquierda abandona espacios o conceptos, se arriesga a que su ausencia sea suplida por los primeros oportunistas que aparezcan, quienes aprovecharán la ventaja que se les da para apropiarse de todo lo que les sirva para explotar, política y comercialmente, miedos, odios y milagros.

Al reciclar el concepto de ideología de género para perseguir y discriminar a otros seres humanos, pastores, sacerdotes, obispos e intelectuales de derecha han recibido una respuesta desmemoriada por parte de la izquierda, que se ha dedicado a descalificar ese concepto, cuando lo que procede es restaurar su dignidad analítica como un importante instrumento conceptual creado en la mejor tradición marxista.

El autor es historiador.